Los ratones de la cocina

Capítulo 22

Durante el largo camino a caballo, Adalberht logró situarse un rato al lado de Herta, que parecía querer evitarlo.

-Estás muy callada.

-¿Sí?

-Sí. ¿Estás enfadada conmigo?

-¿Enfadada? No, no. Ni mucho menos. ¿Por qué habría de estarlo?

-No sé. Pero lo pareces.

Ella siguió cabalgando en silencio.

-¿No vas a decirme lo que te pasa?

-Adalberht -le dijo, por fin mirándolo a la cara-, no puedes pretend… ¿Qué es lo que quieres de mí?

-¿Querer de ti? -Él se quedó un momento pensando-. Es difícil decirlo si lo planteas así.

-Pues no esperes nada. -El malhumor de ella ya era más que evidente. Y, aunque aún los motivos no estaban claros, sí lo estaba que tenía que ver con él, en gran medida o en toda.

-Como quieras. Pero no será una convivencia muy alegre si no piensas hablarme ni dejar que yo te hable a ti.

Los otros dos jinetes les sacaban el suficiente trecho de ventaja como para que no fueran oídos.

-¿En serio es ése el plan? ¿Que los cuatro vivamos juntos?

Él se sintió extrañado, pero, principalmente, dolido.

-Me llevas a pensar que no.

Sus caballos seguían avanzando mientras a Adalberht le parecía poder tocar el grueso muro de hielo que iba creciendo entre ambos.

Herta no dijo nada más. Sin embargo, él no podía soportar ni un instante creyéndose no invitado a estar en la compañía de ella.

-Si es tu deseo, me iré -dijo firmemente, con toda la amargura que una voz podía transmitir en tan sólo seis palabras.

Ella seguía sin decir nada, pero él, por muchas razones, no podía simplemente dar la vuelta y marcharse.

-¿Lo es? -insistió.

Herta sabía que no estaba actuando bien. Y también iba siendo cada vez más consciente de que su estupidez estaba basada en los sentimientos que, quisiera ella o no, se estaban despertando hacia él.

-¿Es el tuyo? -fue lo único que pudo responder, aunque no fuera realmente una respuesta. Pero fue suficiente para que Adalberht entendiera todo lo que había que entender.

-Desde luego que no -le dijo, descartando del todo la idea de irse-. ¿Estás preocupada? ¿Es eso lo que te ocurre?

-Sí, Adalberht. Estoy muy preocupada. Al fin y al cabo, y por mucho cariño que nos queramos tener… y que de hecho sintamos… ¡somos extraños! Cuatro extraños de muy distintos orígenes. Tú eres el príncipe heredero al trono. ¡No! ¡No me interrumpas! ¡Lo eres! Un príncipe que reniega de su pasado y de su destino, pero al que le han inculcado unos valores y unas expectativas muy distintas a las que podamos tener Detlef o yo. Flora es prácticamente un miembro de la nobleza, con una madre hechicera y una infancia que aún no sé bien cómo ha transcurrido. Detlef es un criado que no quería problemas y se ha visto arrastrado a ellos casualmente… y, al final, también por amor.

-¿Por amor?

-Oh, ya te lo explicaré luego. Y yo… Yo sólo quería perder de vista a las tres víboras con las que vivía.

Adalberht se echó a reír; tanto que incluso los otros dos se dieron la vuelta a mirar.

-Sí. Creo que has hecho un retrato bastante aproximado. Salvo por lo de Detlef; en eso tendrás que ponerme al día. Pero, lo que creo que no has tenido en cuenta es que las personas podemos cambiar, y adaptarnos a nuevas circunstancias. Sobre todo, si esas nuevas circunstancias merecen la pena.

-¿Y tú ya puedes responder afirmativamente a eso? ¿Sabes ya que esto es lo mejor, como dijo ayer Detlef? ¿Que todo irá bien?

-Ninguno de los cuatro somos tan inocentes como para pensar eso, creo yo. A pesar de lo jóvenes que somos, la vida ya se ha encargado de mostrarnos lo cruel y despiadada que puede llegar a ser. Por cierto, eso es algo que los cuatro tenemos en común; no lo olvides cuando te enzarces a encontrarnos diferencias. Aun así, eso no debe detenernos. Este camino es incierto (te doy toda la razón), pero nos da la oportunidad de encontrar algo bueno; algo que no tendríamos si nos quedáramos cada uno donde estábamos. Lo cual, por otra parte, y a pesar de lo que opine Flora, no está tanto en nuestras manos como ella parece creer. Todos corríamos peligro ya. ¡Todos! La Duquesa no querrá cabos sueltos, y no tardará en encontrar aliados poderosos dentro de la Corte, que la harán aún más peligrosa. Kasimir será una presa fácil, de eso no me cabe la menor duda. Y todavía no sabe de qué clase de carroña estará rodeado.



Monica Euen

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En el texto hay: magia, misterio, amor

Editado: 26.08.2019

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