Los secretos de Venus

Capítulo 20

Hubo un silencio casi sepulcral entre ella y yo. Supongo que ambos necesitábamos digerir toda la información que estábamos revelando. Miré el pasillo recordando la forma de llegar… era hora de marcharme, pero entonces ella habló.

—Jaeguer aún no ha regresado, es probable que la tormenta haya terminado y si sales por la fuente alguien puede verte.

—¡Ahora te preocupas por mí! —me burlé, pero ella no dijo nada, sólo continuó en lo suyo.

—Hay tres entradas…

—La fuente, obviamente la cocina y ¿Cuál es la tercera? —me adelante a su confesión.

—La cochera privada de Jaeguer.

—¿Alguna conexión externa?

—Sí, una al fondo de la mansión, cerca del depósito de la basura.

—Si hay una conexión externa ¿Por qué no usaste esa para salir y entrar? ¿Por qué exponerte hasta el jardín privado?

—Sólo puedo salir, no hay forma de abrir la puerta desde afuera… o no he descubierto ninguna todavía.

—¿Cómo sabes que el viejo aún no regresa?

—Sus autos siempre son traídos a la cochera tan pronto como él llega, aquí se escucha claramente cuando hacen eso.

—¿Y si tuviera pensado no guardarlo para volver a salir?

—Pregunta capciosa… Bien sabes que jamás usa el mismo vehículo.

Es cierto, el viejo nunca repite vehículo, ni se reúne a la misma hora y menos en el mismo lugar. Tiene un amplio repertorio de manías para cuidarse la espalda y evitar pecar de rutinario.

—Veo que has hecho bien tu tarea —quedó claro que ella estaba al pendiente de todos los movimientos en esa casa.

Tal y como ya lo imaginaba, no hizo falta liberarla, mientras hablábamos, vi como ella rápidamente encontró la forma de rescatarse a sí misma, recuperar sus armas y ahora nuevamente estaba de pie frente a mí.

—Entonces, ¿Continuaremos perdiendo el tiempo peleando entre nosotros?

—Tu mejor opción es salir por la cocina, a esta hora no hay mucho movimiento allí —me sorprendió su cambio de actitud, era lo que esperaba, pero para ser sincero, no creí conseguirlo… afortunadamente, me equivoqué… o eso creo.

—El día que desapareciste, revisé cada jodido mueble en ese lugar y no pude encontrar ninguna entrada o salida, aunque para mí estaba claro que habías utilizado un pasadizo. Y por supuesto, tu hermana, en ese momento, no lo negó ni lo afirmó… Ahora entiendo que estaba protegiéndote —ella obviamente me escuchaba, pero hablaba como si no lo hiciera o no le importara un cuerno nada que yo le dijera.

—Una vez cerrados los accesos a los túneles, ninguno puede abrirse desde afuera excepto la entrada de la fuente en el jardín privado, por lo que hay que procurar mantenerlos abiertos para poder regresar —Ares guiaba mis pasos por estos túneles, me tocaba confiar, ya que desconocía la ruta a seguir. Habíamos comenzado una especie de tregua, en la que ninguno especificó duración ni condiciones…

¿Qué sucedería cuando ambas hermanas estuviesen juntas? ¿Realmente me convenía hacer eso? Podía esquivar y engañar al resto de los custodios de hecho, yo mismo no podría diferenciar entre una y otra hermana… pero ¿Y Jaeguer? De encontrarnos con él, ¿Notaría la diferencia a simple vista?

Me costó decidir quién subiría primero la escalera que conducía hasta la escotilla que justo desembocaba debajo de la gran isla central y fija en medio de la cocina, para ser más exactos, dentro de uno de los amplios gabinetes ubicados de forma estratégica alrededor de dicha isla.

Ares se encontraba muy callada y pensativa. Imagino que ella al igual que yo, tenía sus reservas y dudas respecto a lo que estábamos haciendo. No confiaba en ella. Quitarle los ojos de encima y darle la espalda tan tontamente, era lo mismo que servirme en bandeja de plata, permitirle atacarme y cumplir su amenaza de acabar conmigo. Igual no quedó de otra que dejarme guiar y aprenderme las trayectorias y ubicar todos los dispositivos para abrir las escotillas.

Me atrevería a asegurar que ambos sentíamos la presión de tener un gran… gran peso encima que sólo era aligerado con la esperanza de unir a ambas hermanas otra vez. Luego de muchos minutos, ella al fin quiso romper el silencio…

—Supongo que tu promesa de lealtad sólo aplica para mi hermana.

—Eso depende de ti —respondí como si fuera lo más obvio que ella recibiría lealtad en la misma medida en que la ofreciera.

—Entiendo… entonces, mientras dure nuestra tregua, asegúrate de darme motivos suficientes para convencerme finalmente de no acabar contigo —mientras más le escuchaba, más pensaba que no iba a ser fácil quitarle lo psicópata a esta mujer.

—Sé que no tienes muchas razones para confiar en mí, pero al menos el saber que yo jamás le haría daño a tu hermana, bien pudiera ser una especie de garantía para ti.

*==*=*==*=*==*

Tal como lo habíamos previsto, la cocina a esta hora era un espacio desierto, sobre todo después de que el último cocinero contratado por Jaeguer, fuera asesinado junto a tres custodios, cuando éste sospechó que todos ellos estaban conspirando en su contra para envenenarlo.



MarilynF

Editado: 30.07.2020

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