Lost on you

IV

Scarlett:

El sol me daba de lleno en la cara, sentía la cabeza reventar y una necesidad de agua impresionante.

- Buenos días mi señora, mi señor me ha pedido traerle esto –señala un tazón con algo caliente y que además, huele horrible–, la hará sentir mejor, confíe en mí –dice acercándome el brebaje, asiento y me siento, no podía perder nada, salvo mis papilas gustativas. Lo cojo, si esto me quitaba el malestar, bienvenido sea, pienso dándole un gran sorbo, hago lo posible por no vomitar, si olía mal, sabía peor–. Vamos mi señora, haga un esfuerzo –me alienta, suspiro y doy un trago hasta que lo termino, pronto vienen las arcadas, me dejo caer y un dolor punzante me atraviesa la cabeza, olvidándome del asqueroso sabor.

- Jamás volveré a tomar alcohol –digo apretando el puente de su nariz.

- Tomará unos segundos, sólo espere –dice ella alejándose de la cama, de reojo la miro buscar y sacar ropa de unos estantes. Suspiro, poco a poco los síntomas se iban, qué hermoso era sentirse bien.

- Ese remedio es maravilloso –me pongo de pie, miro por la ventana, el sol no me hacía daño.

- Sí, aquí tiene –dice colocando un vestido en la cama, era largo, hasta los tobillos, manga larga, me recordaba al hábito de una monja, la única diferencia era el cuello ya que dejaba al descubierto parte de los hombros y era redondo sin mostrar demasiado. Era lindo y práctico, era holgado y de un material suave–. Su baño está listo –señala una pequeña puerta al fondo, asiento y camino hacia la puerta, volteo y la veo siguiéndome.

- No tienes que ayudarme ahí adentro –le sonrío, entro corriendo y cierro antes de que entre, quizás era grosero pero, me sentía incómoda con la idea de un extraño viéndome mientras me baño.

Salgo envuelta en una toalla, Nara espera a un lado de la cama, trae un corsé.

- Le ayudo mi señora –se acerca, retrocedo, no usaría esa trampa mortal del siglo XVII.

- Me niego, usaré mi ropa interior, muy cómoda por cierto –cojo la maleta y saco un conjunto blanco, con esto me sentiría como yo.

- Pero señora, eso no quedará bien con el vestido –dice intentando convencerme.

- Ya verás que sí –entro al baño y me pongo la ropa interior, salgo sin la toalla, a menos con esto me sentía menos expuesta. Nara me mira con sorpresa, frunzo el ceño, ¿tanto era su malestar porque no usará el corsé?–, otro día puedo probar esa cosa, pero no hoy –digo caminando hacia el vestido.

-  Lo mejor será que te acostumbres –su voz me hace congelarme, cojo el vestido y me cubro con el–, eso que usas para protegerte no es adecuado en alguien de tu estatus –miro a Nara hacer una reverencia antes de salir, trago saliva.

- Ellos no lo sabrán, además, ¿sabías que eso es una trampa mortal? Hace que tus huesos se aplasten e incluso ocasiona que dejes de respirar y te desmayes –sujeto con fuerza el vestido, no me quería sentir así de expuesta frente a él.

- No quiero pelear, usa lo que quieras pero apúrate –dice rodando los ojos–, y no tienes nada que no haya visto antes. –Se da la media vuelta y sale dejándome muy molesta.

- ¿Sí? Pues nunca lo verás de nuevo, imbécil –grito con fuerza, cojo el vestido y me lo pongo de mala gana. Nara entra, me siento frente al espejo y empiezo a cepillar mi cabello.

- Permítame mi señora –me quita el cepillo con gentileza y empieza a cepillar mi cabello, con delicadeza logra trenzarlo y colocarle flores, ¿quién diría que todo terminaría así?

- Gracias Nara –le sonrío, me gustaba como me veía.

- Mi señora, Elek quiere hablar con usted –dice nerviosa, frunzo el ceño, ¿y ese quién era?

- ¿Estaba ayer en la ceremonia? ¿Le hice o dije algo que lo enfureció? –la miro tranquila, en realidad, no me importaba hacer algo que los hiciera enojar, más si era un Dios.

- Elek es la mano derecha de mi señor, venga conmigo –abre la puerta y salgo, camina delante de mí y la sigo en silencio, no creo que esto pueda empeorar.



Kreepela Karnstein

Editado: 29.09.2020

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