Lost on you

XVIII

Scarlett:

Le había visto entrar al comedor con la vista pérdida, parecía pensativo. Se había sentado sin decirme una sola palabra, ni siquiera me había visto.

- No volverás a ir a ningún lado sola, alguien siempre te acompañará –sentencia sin mirarme, su vista clavada en la pared.

- ¿Qué? No he hecho nada malo, si es por lo de ayer, no lo volveré a hacer, me parece mucho que pongas a alguien a cuidarme –me cruzo de brazos, las sirvientas dejan la comida y se retiran.

- Esta decisión no esta a discusión, es una orden, tanto si te parece como si no –toma la copa con el jugo y le da un sorbo.

- No he hecho nada para ganarme ese castigo –sentencio poniéndome de pie, esta mañana había sido muy lindo, y ahora me salía con esas arbitrariedades, pero me negaba, lo de ayer se había dado por quedarme hablando con el Dios de la muerte, aunque estaba segura que Kaled no apreciaría que hablara con otros dioses, menos uno que no era bienvenido.

Salgo del palacio fúrica, miro al soldado comenzar a seguirme, ruedo los ojos molesta. Comienzo a correr hacia el laberinto, estaba segura que aquí podría perderlo, Arsen me ayudaría sin duda alguna. Comienzo a moverme, pedía que el laberinto se moviese mientras yo lo hacía, así perdería al guardia.

Cuando llego a la fuente, escucho al guardia gritar mi nombre, sonrío al ver que lo perdí.

- ¿Hiciste algo? –dice estirándose, lame su pata mirándome.

- Sólo llegue un poco tarde anoche y hecha un desastre, pero sólo eso, no es para tanto –ruedo los ojos.

- ¿Sabes que tendría que pasar cien años para otra mujer de tu familia? Por eso no podría perderte –dice moviendo su cola, me acerco, lo tomo y lo abrazo feliz, era demasiado lindo en su forma de minino.

- O tomar a mi hermana, sé bien que cualquier cosa que implique dejarle, incluye que Yse tome mi lugar –suspiro, una verdad a medias, la verdad era que no quería que alguien más ocupará su lugar al lado del Dios idiota.

- Olvidaba que eran dos –dice cambiando a una preciosa mariposa azul eléctrico.

- Ayer me reuní con un sujeto que era amigo de Kaled, me conto acerca de la mujer de la fotografía y cosas del pasado de Kaled, estoy un poco molesta de que alguien sea capaz de jugar con los sentimientos de alguien sólo por aburrimiento –te miro atenta, estaba demasiado molesta con esa mujer.

- Puedes ir a verla –las palabras de Arsen me hacen dar un respingo.

- ¿Qué? –le miro sacudiendo mis palabras–. No quiero morir tan pronto –digo medio en broma.

- No debes morir, sólo pedirle al señor de la muerte que te deje ir –dice posándose en mi cabello.

- Cierto, si me dijo la verdad no debe ser una mala persona –sonrío emocionada.

- Yo puedo llevarte –le miro volar frente a mí y cambiar a una forma humana, le miro unos segundos sonrojándome al instante.

- ¿Sueles usar esa forma cuando vas con el Dios? –desvió la vista, era demasiado hermoso.

- Esta es mi forma, y en efecto, sólo la utilizo cuando voy al inframundo –me extiende la mano, le miro unos segundos y la tomo, esperaba no tener que arrepentirme de esto.

 

 

Kaled:

La había visto salir, lo había permitido porque no podía decirle la razón de que alguien le siguiese todo el tiempo, decirle sobre ese traidor, sería tener que responder a más preguntas de las que podía, o más bien dicho, quería.

Había comido un poco y dejado el plato casi lleno, me había levantado para irme al despacho.

No sé cuanto tiempo transcurrió hasta que el encargado de cuidar a Scarlett apareció en mi habitación.

- Lo siento mi señor, se escapó en el laberinto, no pude encontrar a la diosa –dice de rodillas, golpeo la mesa con fuerza.

- Eres un inepto, si algo le pasa, tú pagarás con tu vida –grito al tiempo que sale de mi despacho. Golpeo la mesa furioso, el hombre sale casi corriendo; me froto la cara con frustración, salgo 8iudando grandes zancadas, siento a Elek caminar detrás de mí.

- ¿Mi señor? –pregunta extrañado.

- El inepto guardián de Scarlett la perdió en el laberinto, debemos buscarla, ese malnacido no dudará en engatusarla –digo bajo, molesto, esta vez no permitiría que ese bastardo la apartará de mi lado.

- Quizás sea conveniente poner a más de uno a cuidarle –dice saliendo detrás de mí, tras lo que había ocurrido con el primero, también había pensado en esa posibilidad.

- No puede ser que una sola mujer les de tantos problemas –digo llegando casi a la entrada del laberinto–. Dejadme pasar sin problema alguno, porque soy tu señor –digo tras entrar en el laberinto, sabía que no se opondría a mi presencia.

Caminaba con rapidez y sin ninguna interrupción, sabía que no sólo era culpa del Aga, también de Scarlett que no sabía seguir órdenes.

 

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Sé que es corto pero ya saben, la tormenta llega después de la calma.



Kreepela Karnstein

Editado: 29.09.2020

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