Luna, Princesa del Infinito

Consecuencias

Las hojas de los árboles cayeron, y los estandartes de las Casas leales a la reina se alzaron. El otoño había traído consigo una gran actividad en Palacio. Desde su ventana veía entrar ejércitos completos por el rastrillo del portón principal. Hombres a pie, a caballo, arqueros, lanceros, con armaduras, escuderos, comerciantes, segundones, ayudantes... toda clase de hombres y mujeres circundaba el lugar.

— No ha comido nada en días princesa.... —protestó Dora Hällän.— Si sigue así se va a matar antes de que él regrese...

— ¿Has sabido algo de él Dora? —inquirió, sabiendo de antemano la respuesta.— ¿Te han comentado algo en las tabernas, en los puertos? ¿Ha llegado algún mensaje?

— Desearía darle respuestas princesa, pero los señores del paso cerraron las comunicaciones entre el norte y el sur y los comerciantes tienen prohibido el paso, incluso hablé con piratas en el puerto de Cartón, ningún barco que no porte el emblema de la media luna de plata tiene permitido atracar en puerto Gaviota, el rey ha cerrado Aliak al resto del mundo.

— Y a mi príncipe con ello... —suspiró. Sus ojos contemplaban el portón anhelantes, expectantes a un milagro, pero todo lo que conseguían apreciar era un espectáculo de lanzas y espadas.— ¿Crees que esté bien?

— Estoy segura de que usted lo sabe mejor, solo tiene que confiar en su corazón... princesa.

Los días seguían pasando, y el otoño consigo. Las hojas de los árboles ahora formaban parte del suelo. Las ramas oscuras y secas de los robles del patio principal eran adornadas por nieve, la primera nieve de aquel oscuro año. Ese sería el primer invierno que pasaría sin Hansel, el primero desde su muerte, y algo en su interior le decía que sería más sangriento y cruel que cualquier otro.

En la noche menos esperada el chocar de unas piedrecillas contra el cristal de su ventana rompió el débil sueño que conseguía conciliar. El marco de secuoya oscura, cubierta de pintura ocre y cristales blancos se abrió de par en par. Luna caminó hasta el balcón, con su larga melena de cabello blanco y lacio, que le caía por debajo de la cintura, suelta; un suave y casi trasparente camisón de seda y encaje blanco la resguardaban del frío de la noche, sus pies estaban descalzos.

Sus manos se aferraron con todas sus fuerzas a la balaustrada de cemento blanco torneado; de sus labios escapó un gemido. En sus ojos vidriados se reflejaba la silueta de un jinete de capa negra.

— Arthur.... ¿eres tú? —inquirió en un hilo de voz mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.

— Hasta el Infinito mi princesa, hasta el Infinito.... —pronunció después de quitarse la capucha de la cabeza, como una especie de promesa que reafirmaba su amor eterno hacia ella.— Así es mi amor por ti...

El rostro de la princesa se iluminó con la luz de la luna llena al ver que Arthur había descendido de su caballo blanco y escalaba hasta su balcón. En menos tiempo del que hubiera imaginado, su anhelo más ferviente estaba allí, frente a sus ojos.

— ¿Atravesaste medio continente solo? —sus manos cubrían el rostro de Arthur, comprobando que no era un sueño.

— Atravesaría el mundo entero por encontrarte princesa... el Infinito es poco en comparación con la espera que me angustió en estos días que pasé sin verte...

— Se sintieron como años... —corrigió ella, embriagada por su aroma.— Pero la espera ha acabado...

— Soy tuyo, y tu eres mía... —el suave roce de los labios de Luna interrumpió lo que vendría siendo la más sincera declaración que el príncipe Arthur habría hecho jamás. Esa noche Luna fue de Arthur, y Arthur fue de Luna. Finalmente su amor los había convertido en uno mismo; ya no había vuelta atrás. Era tarde ya cuando despertaron. Luna descansaba sobre el pecho desnudo de su príncipe, mientras este se deleitaba con el aroma de su cabello revuelto.

— El mundo ahí fuera es un desastre... —admitió él.— Y es todo culpa de mi padre...

— Nunca olvidaré la mirada de Hansel... —exclamó Luna.— Sus ojos invadiendo los míos... —y los de ella se llenaron de lágrimas, “Era como si ya supiese que iba a morir, y lo desease”.

— Hansel fue el mayor de los Infinitos del Palacio, pero su nombre será manchado con una estúpida guerra por el poder a la que llaman “La Guerra del Príncipe Caído” sin siquiera haber comenzado aún. —Luna se limitó a escucharlo, le gustaba oír su voz, aún cuando lo que decía la asustaba.— Mi padre hará un movimiento en contra de tu madre pronto, no sé cuándo ni dónde, pero lo más razonable sería tomar la parte sureña del Lago, así tendría la ruta de comercio y transporte interna asegurada. También ordenó la construcción de embarcaciones, las costas deben ser también presa fácil con los ejércitos de la reina concentrados en el castillo.

— ¿Te casarías conmigo? —preguntó Luna de imprevisto. Arthur estaba sin aliento y sin palabras ante aquella propuesta.

— Estaba esperando a que el Sol comenzara a salir para proponértelo. —admitió, mirándola a los ojos.— Debí saber que preferirías la luz de la Luna. —Arthur depositó un beso casto en sus dulces labios.

— ¿Eso es un sí?

— Supongo que la próxima vez que venga a verte te llevaré ante los ojos de los dioses y un maestre nos podrá casar a escondidas... —La voz del príncipe sonaba muy juguetona.



Alihan

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En el texto hay: magia, amor, guerra

Editado: 31.10.2020

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