Marcada Por el Destino

Capitulo II

Regresamos a la mansión y mi amor chiquito seguía dormido; su padre lo cargó hasta su habitación y lo colocó en la cama; puso unas almohadas a sus costados para que no se vaya a caer con las vueltas que se sabe dar.

 

Salimos de su habitación sin hacer bulla y caminamos hasta la nuestra.

 

Al querer entrar, me retiene y me arrima a la pared sosteniendo mis manos contra esta misma.

 

—Si te he dicho que te amo más que a mí mismo. — Murmura.

Sonrío y niego con mi cabeza. —Nunca. — Le miento.

 

Suelta una risa y se acerca más a mí. —Enserio, pues te le digo ahora. Te amo más que a mí mismo guapa y te lo diré todos los días a partir de hoy hasta que seamos viejitos… viejitos. — Asienta besando mis labios.

 

Suelta mis manos y las enredo en su cuello, para seguir con su beso.

 

—Hasta que seamos viejitos mi amor. Te amaré hasta después de que ambos nos vallamos de este mundo, nuestro amor seguirá vivo más allá de la muerte, será como esos amores eternos. — Asiento después de habernos besado.

 

Sonríe y me carga entre sus fuertes brazos. — ¡Me encantas! — Exclama entrando a nuestra habitación y recostándome en la cama. — Dije que íbamos a fabricar a nuestra hija. — Comenta besando mi cuello y haciéndome reír con las cosquillas que esos besos me provocaban.

 

—Eres un tramposo, pero esta bien, hagamos a nuestra princesa. — Comento aceptando su propuesta. Beso sus labios mientras que él retira mi vestido con mucha prisa.

Para nosotros no importaba si era día, de noche, en la recámara, el baño, la cocina, la sala, la piscina, el despacho, nuestras oficinas, el auto, el parque, o lo que sea; siempre hacíamos el amor donde nos ganaba el deseo por hacerlo, debe ser porque somos muy impulsivos, por suerte hemos sabido hacerlo sin que nadie nos cache y sobre todo sin que nuestro hijo nos descubra.

 

Estar en sus brazos era magnífico, me sentía plena, sus besos eran el paraíso, y ser suya era el cielo, no podía describir lo bien que me siento cuando me entrego en sus brazos. Lo amo y nunca voy a dejar de amarlo, es mi primer amor y mi único amor.

 

Después de haber hecho lo que deseábamos en la cama dormimos hasta que nuestro terremoto nos despierte.

Al abrir mis ojos, note que ya era de noche, vi la hora y eran 7:00 pm, estaba desnuda así que me levante para darme un baño, mientras mi bombón seguía dormido. Me duche y salí con la toalla puesta y otra en mi cabello, miré en dirección de la cama y aún dormía, sonreí al verlo, era un dios del Olimpo, me volvía loca este hombre. Entré al vestidor y me puse una piyama, un short corto y una blusa de tiras y enzima la bata, sequé mi cabello y salí.

—Hola mi amor. — Me saluda desde la cama, regreso a verlo y esta con sus brazos puestos tras la cabeza y mirándome como embobado.

—Hola cariño, estás muy raro. — Hablo burlándome de su mirada.

—Eres muy mala cariño, estas con esa ropa tan cortita solo para provocarme y como nuestro hijo ya mismo entra no puedo volver a hacerte el amor. — Cuestiona levantándose.

Lo miro algo ofendida. — ¡Yo! Como crees amor, sería incapaz de hacerte algo…— Deje de hablar pues sus brazos me envuelven y me llevan a la cama, quede debajo de él sin poder moverme.

—Me tienes enviciado con tus besos, tus caricias, tu cuerpo, toda tú mi amor. — Asienta robándome un beso.

—Y tú a mi cariño, pero ahora ve a bañarte, no quiero que Santi entre y vea a su padre desnudo. — Hablo dirigiendo mi vista a todo su cuerpo.

Sonríe y se levanta. —Enseguida patrona.

Río y me siento en la cama. —Chistoso—Antes de que entre a la ducha llamo su atención. —Amor…—Regresa a verme. —… Iré donde Santi y bajaremos a la cocina para preparar la cena, bajas para que nos ayudes. — Asiento.

Sonríe y asienta con su cabeza. —Claro mi amor. — Entra al baño para ducharse.

Me levanté y fui a la recámara de mi amor chiquito, estaba despierto y había encendido la televisión para ver sus dibujos animados, le encantaba ver pocoyo.

Sonreí y caminé hacia su lado, me senté junto a él y el robé un beso. — ¡Hola precioso!

Regresa a verme y sonríe, se levanta con un poco de esfuerzo y me abraza emocionado. — ¡Hola mami!

— ¡Vamos  a cocinar la cena cariño!, esta noche papi, tú y yo, preparemos una rica comida. — Le comento nuestro plan.

Levanta sus manitas y salta emocionado. — ¡Sí! Cocinaremos. — Habla feliz.

Sonrío y lo cargo. — ¿Y qué quiere que cocinemos mi amor chiquito?

— ¡Pasta!— Asienta.

—Bien, entonces pasta será. — Comento.

Bajamos hasta la cocina y lo senté en una silla hecha especialmente para él.

Me dirijo a la alacena y saco la pasta, le indico a mi bebé y él sonríe emocionado. Puse a calentar el agua y a preparar la salsa que acompañará a la pasta.

Estaba de espaldas, y ciento una manos acariciar mi vientre. —Eres sexy hasta para cocinar amor. — Asienta mi Danilo; regreso a verlo y tenía solo puesto un pantalón de dormir, al parecer le hacía calor, pero que bueno, porque podía admirar sus espectaculares músculos. Tomé un poco de la salsa que estaba haciendo y la embarré en su nariz. —Así te ves más guapo mi vida.

Sonríe y con su nariz embarrada de salsa se acerca a mí y embarra la mía. —Y así tú quedas más sexy. — Asienta.

Reímos y le di un suave golpe en su pecho. —Eres un loco, mejor ve y siéntate con Santi.

Dirige su vista a nuestro hijo y camina hasta él con la intención de embarrado también. — ¿Dónde está mi bebé?— Pregunta cargando a Santi y embarrándolo con su nariz la de él. La sonrisa de Santi fue enorme.

—Papi malo. — Asienta riéndose.

Los vi y reí. Dejé que jugarán y me gire para seguir preparando la cena.

Tras unos minutos todo estaba listo, Dani acomodo la mesa, mientras que Santi le pasaba los cubiertos, y yo servía la pasta en los platos, hice el jugo de manzana que más le gusta a Dani.



Johana Cuviña

Editado: 18.11.2020

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