Mavis Baker investigadora paranormal.

Capitulo 1.

 

Toulouse, Francia 2019.

 

 

Ese día Mavis se despertó por el sonido de los cuervos, que graznaban con locura. Parpadeando con somnolencia abrió sus ojos y miro fijamente el lugar recordando donde se encontraba, un suspiro cansado se escapó de sus labios al ver la transparente silueta del fantasma que se alzaba frente a su cuerpo.

 

Haciéndose la tonta apartó las cobijas a un lado y se sentó en la improvisada cama que había puesto dentro de la morgue del hospital abandonado en el que se encontraba investigando. El frío aire que desprendía el alma del fantasma consiguió helarle la sangre, pero Mavis Baker tenía los pantalones bien puestos y llevaba años viendo cosas como esas y algunas mucho peores.

 

Así era su vida y no planeaba cambiarla. No era el trabajo más fácil del mundo y tampoco el más difícil pues teniendo en cuenta que veía fantasmas desde que había nacido y eso era toda una ventaja a la hora de buscarlos. Término de sacar todo de la que una vez había sido una cámara fría y se apresuró a meterlo a su enorme maleta.

 

Se sentó sobre la maleta rosa y espero con paciencia a que sus compañeros llegaran, Mavis rodó los ojos pensando que esos dos debían de estar en algún lugar del hospital dándose el lote sin importarles perturbar a los pobres fantasmas. Y hablando de fantasmas el mismo que vio cuando despertó seguía dando vueltas alrededor de su cuerpo como loco, daba vueltas y giraba en el aire. Apretando nos dientes contó hasta veinte mentalmente, comenzaba a marearla el vaivén de un lado a otro que hacia el muerto.

 

— ¿Quieres por favor parar? — pregunto con agresividad mirando de una vez al fantasma insistente.

 

El alma sonrió como si su travesura hubiera salido tal y como la había planeado. Mavis, sin embargo, lo miró sin una pizca de gracia estaba molesta consigo misma por haber perdido los estribos.

 

— ¡Sabia que podías verme! — exclamó el fantasma deteniendo su cuerpo traslúcido frente a la investigadora. Su voz tenía un extraño acento arrastraba las palabras como si el francés no fuera su idioma de cuna.

 

— ¡Claro que puedo verte! — chillo ella furiosa sacando un chicle de su bolsillo, se lo metió a la boca. Con cuidado de no ser tan obvia escrutó al chico fantasma de arriba a abajo, tenía el cabello negro como el carbón y los ojos más verdes que había visto jamás, lo que más la perturbo fue como brillaban, parecían llenos se vida. Debió de haber muerto joven, pensó con pena pues también aparentaba unos ventipico de años. Bajo del rostro hasta las extrañas ropas de época que vestía.

 

— A que soy hermoso ¿verdad? — preguntó con gracia el fantasma sacándola de su escrutinio.

 

Mavis lo miro unos segundos con el rostro bañando de seriedad, se bajó de un salto de su maleta y salió de la morgue a pasos rápidos con la maleta arrastrando sus ruedas. Le valía una reverenda mierda si sus compañeros estaban en plena sección de besos, ella se largaba de ese horrible hospital, aunque le costara llevarse un trauma hasta la tumba.

 

El fantasma de ojos verdes vio como la chica rubia salía por la puerta a paso rápido, confundido la siguió mirando el vaivén de la larga coleta rubia que se movía hacía todos lados con el rápido caminar de su dueña.

 

Decidió seguirla y molestarla un poco más, después de todo no todos los días te encuentras con humanos que pueden ver a los fantasmas.

 

— Deja de seguirme. — musitó la rubia en voz baja rezando porque los otros fantasmas no se dieran cuenta que le hablaba a uno de ellos y decidieran unirse a la conversación. Mavis ya sabía por experiencia propia y ajena que no era nada lindo tener a un montón de fantasmas sobre ti intentando que los escuches o que los ayudes. Todos al mismo tiempo.

 

Cuando Mavis era una niña tenía la pequeña manía de ponerse a hablar con todo fantasma que se le cruzara, pero no fue hasta los quince años que aprendió la lección.

 

Regla #1°: Nunca hables con un fantasma. Y desde entonces trato de evitarlo y solo lo hacía cuando era muy necesario, pero nunca había perdido los estribos como lo había hecho con cierto fantasma que la seguía. Un escalofrío le recorrió la espalada, cerro los puños con fuerza y viro en una esquina para quedar enfrente de la puerta de la habitación donde había dejado a sus dos compañeros la noche anterior.

 

El chico fantasma se quejó cuando traspaso la pared, y que sorpresa se llevó al ver a dos chicos besándose con pasión. Casi con horror retrocedió y salió de cuarto.

 

Mavis casi explotó a carcajadas al ver como en rostro de su nuevo perseguidor se contraía en una mueca de horror.

 

— ¿Te has asustado mucho? — pregunto con sorna. El fantasma la miro con sus ojos verdes entrecerrados — Creerme yo misma me los he encontrado en situaciones más... Calientes.



Mia Arguedas

Editado: 02.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar