Melodía de Verano

Capítulo 3

—¿Elisa? —dice mientras se acerca con cautela.

—Qué sorpresa verte aquí. Pensé que seguías en Chicago.

—Decidí volver para el verano. Regresé ayer por la noche. —Se hace un ligero silencio incómodo. Realmente no sé qué decir. Me ha tomado por sorpresa. —Estás preciosa.

—Gracias. Tú también te ves bien. —le digo mientras lo observo. Se ve cambiado. Se ha dejado un poco de barba, pero su cabello sigue tan bien peinado como siempre

—¿Entramos ya?

—Si, por que no.

Caminamos hacia el salón en completo silencio. Mentiría si dijera que no he sentido nada al verlo un año después de como terminaron las cosas. Después de todo, crecimos juntos y lo quise durante una gran parte de mi vida. Es sólo que al recordar lo que nos dijimos el uno al otro aquella noche, y la forma en la que me hacía sentir tan sola los últimos meses en que estuvimos juntos, me hace sentir molesta con él de nuevo.

—Ah, Elisa. Veo que has encontrado a Santiago antes que nosotros.

«Ojalá no lo hubiera hecho...»

—Buenas noches, señor Dacosta. Sí, nos hemos topado en el jardín hace unos minutos.

—Te ves muy hermosa.

—Muchas gracias.

—En fin, tus padres han llamado, no creo que se demoren demasiado. ¿Te molesta si me llevo a Santiago un rato?

«Favor que me hace. Lléveselo. Y no piense en regresarlo.»

—Para nada. —sonrío. —¿Vino Lucía?

—Sí, debe estar por allí. Ya sabes cómo es, siempre se desaparece en estos eventos.

—Iré a buscarla. Permiso. 

Santiago me sostiene la mirada un segundo y se gira para alcanzar a su padre. Suelto el aire que no sabía que había estado aguantando. Ha sido tremendamente incómodo y apenas hemos cruzado palabra. Ojalá se quede con sus padres el resto de la noche.

Diviso a Lucía cerca de la barra pidiendo un trago.

—Que sean dos, por favor.

—Vaya, no te había visto. ¿Beberás tan pronto? Elisa, eso es raro en ti.

—Después del día de hoy, debí haber comenzado a beber desde el desayuno.

—¿Tus padres?

—Y tu hermano. —la miro y doy un gran trago a lo que sea que Lucía ha pedido. El sabor amargo atraviesa mi garganta y de pronto, me siento más tranquila.

—Yo... no te lo dije porque no sabía que vendría. Llegó de sorpresa por la noche. Me enteré hasta que volví hoy a casa después de la escuela. Perdona, debí avisarte.

—No te preocupes. Hubiera sido mucho peor saberlo con anticipación.

—¿Tan mal ha estado?

—Apenas cruzamos media palabra, pero me he sentido como en “El Corazón Delator”.

—Tranquila, Poe. Quédate conmigo el resto de la noche, y si mi hermano se acerca, escapamos. ¿De acuerdo?

—De acuerdo. Gracias, Lucía.

 

♫♫♫

 

Después de un par de tragos más, Lucía y yo estamos como cubas. Nos hemos ido al jardín a beber, justo en un punto ciego de la cena. Tuve que interrumpir un par de veces mi diversión para ir a saludar a los inversionistas de papá, pero hace un buen rato que estamos sentadas en una banca y riendo a carcajadas.

—¿Recuerdas cuando nos escapamos en tu cumpleaños dieciocho? —le digo a Lucía entre risas.

—¿Cómo olvidarlo? Nuestros padres estuvieron tan molestos que nos encerraron durante una semana en casa.

—¡Y el chico que conociste en el club te estuvo buscando durante meses!

—Tuvimos que pretender que me había ido del país, ¿recuerdas?

—¡Pobre sujeto!

—En mi defensa, tenía demasiado alcohol en mi sistema. En mi cabeza no se veía tan mal.

—Tenía corte de coco, Lucía. Y llevaba la camisa fajada.

—Todos hemos hecho tonterías en estado inconveniente, incluso tú.

—Yo soy prácticamente una santa.

—Pues en tu cumpleaños número diecisiete te emborrachaste tanto que te quedaste dormida en el baño de mi casa. ¿O ya se te olvido?

—¡Basta! Jajajaja, lo había olvidado.

—Aún tengo esas fotografías.

—¡Por Dios! Te dije que las borraras. Son vergonzosas.

—Son un buen recuerdo.

—Solía ser divertido. —digo mirando al césped.

—Aún lo es.

—Perdona que no haya ido a tu exposición.

—Tranquila. Si algo sé después de conocernos tanto tiempo, es que tu padre puede ser un verdadero gilipollas. Sin ofender.

—No me ofendo. Cuando habla de su empresa, ES un gilipollas. Y de los peores.

—Pero, ¿sabes? A pesar de ser la hija de un gilipollas, eres lo más cercano a una hermana que tengo.



Cassie Dawson

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En el texto hay: musica, romance, amor de verano

Editado: 22.03.2020

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