Mermelada de fresa

Prefacio

Su asiento estaba al lado del pasillo, un sitio que nada tenía que ver con la única vez que subió a un avión, dos años atrás. Claro que muchas cosas habían cambiado desde ese momento. Excepto, quizás, su pequeña maleta y la novela de Nora Roberts sobre los muslos. Quizás era lo único que quedaba de la Elisa Montes de Oca que había seguido a Park Young Soo, una chica completamente enamorada que hubiese ido al infierno mismo para estar con el hombre que amaba. 
Parecía casi otra vida. Otro mundo. O, quizás, otra Lisey. Tenía dos años menos cuando había decidido dejarlo todo por Young Soo, era tan joven… 
Lisey trató de frenar una mueca irónica, luchando a su vez contra el nudo en la garganta. No sólo por esos viejos recuerdos o por el funeral de días atrás, sino por ella. Había dejado México con tantas ilusiones y ahora volvía… sola y derrotada. 
La ajumma de Young Soo y Su Jin siempre tuvo razón, no debió ir nunca a Corea. Ese no era su sitio y ella no pertenecía ahí. 
—¿Señorita? 
La hizo dar un salto la voz de una mujer mayor, con un marcado acento español, mientras señalaba el asiento contiguo al de Lisey, junto a la ventanilla. 
—¿Sí? 
—¿Latina?—. La joven asintió despacio—. ¡Ah! ¿Podéis cambiar de asiento? 
—¿Cambiar? 
La mujer asintió y Lisey se dio prisa en pasarse al asiento contiguo, un tanto avergonzada por sus palabras. Se había acostumbrado a la cháchara sin sentido (para ella) de la familia Park, aún con el tiempo transcurrido su coreano seguía siendo pésimo. Y Su Jin había sido el único que se había tomado la molestia de aprender español para poder hablar con ella.  
—Gracias—. Habló la mujer de nuevo, tirando de una gorra del bolso y calándosela en la cabeza—. ¿De vuelta a casa? 
—Sí. A casa. 
Pero al decirlo sintió que mentía. 
Casa. 
¿Cuál era realmente su casa? 
No te vayas, Lisey. Quédate conmigo. 
Elisa cerró los ojos durante un segundo, tratando de apartar el recuerdo, luchando para poder olvidarle, porqué una vez que volviese a casa no tendría permitido pensar en él. Ese amor imposible debía quedarse en Corea, en Nonsan, entre el desengaño y la mermelada de fresa.



Julie Roswell

Editado: 08.10.2020

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