Metalord Revolution

CAPITULO 136 “YO SOY ZOZO”

 

 

PERSPECTIVA: Zozo

 

Yo era un Tilq, nací en el reino de Druiz, una nación de demonios. Serví como soldado en el ejercito de “La fuerza demoniaca” del reino de Proust durante la primera Gran Guerra, luchábamos en alianza junto a ejércitos humanos y semihumanos para hacernos con el poder del continente de Gresswold.

 

La idea de luchar junto a los humanos me asqueaba, pues los detestaba, fue la razón que me llevo a alistarme a la fuerzas de Proust que antes eran territorios demoniacos. Cuando la guerra acabo y  “la quíntuple Alianza” perdió, Proust pasó a ser reclamado territorio de “Voluntad de Deux” como castigo a su derrota.

 

Solo Druiz quedo como la única nación regente de demonios, como ellos se mantuvieron neutral durante el conflicto mientras que Proust se involucra completamente, consideran que su decisión fue la más “lógica” e “inteligente”. Malditos demonios cobardes de Druiz, si nos hubieran apoyado sin duda habríamos tenido más ventaja para los nuestros.

 

Druiz y Proust eran los reinos restantes de la raza demoniaca que quedaban de los innumerables conflictos entre humanos y demonios del pasado. Druiz es considerara la más poderosa nación de demonios, al ser la más antigua y con un mayor territorio. Druiz y Proust eran como naciones hermanas.

 

O lo fueron, hasta que el rey demonio de Druiz decidió rechazar involucrarse en la primera Gran Guerra cuanto el rey demonio de Proust le invito a unirse a esta. Creían que si Druiz se involucraba en dicho conflicto, era tentar demasiado la suerte de su gente, sermoneaban que se debía “aprender” de las acciones de los conflictos pasados de nuestros antecesores y no derramar sangre sin sentido. Trataban de convencer al rey demonio de Proust para no involucrarse en la guerra, pero sus palabras solo tuvieron el efecto contrario, pues su majestad estaba más animado y decidido a demostrar la superioridad de la raza demoniaca ante el mundo.

 

Palabras de débiles, ¿”derramar sangre sin sentido”?, si “la quíntuple Alianza” ganaba esa guerra, la raza demoniaca se habría hecho con varios territorios como suyos. Habríamos recuperados las tierra arrebatadas por los humanos en las luchas pasadas, que por derecho nos pertenecían.

 

Odie al rey demonio de Druiz cuando decidió no ayudar a Proust, no ayudar a los suyos, no a recuperar la gran gloria de la raza demonio. Por esa razón marche a Proust y con determinación me uní a su ejército para hacer realidad el sueño de nuestra gente.

 

Confiaba en que lograríamos grandes hazañas, en el primer año de la guerra, nuestras primeras batallas resultaron victoriosas contra los ejércitos de reinos neutrales y haciéndonos con sus tierras. Podíamos sentir el gran anhelo de la victoria total acercándose poco a poco, pero desgraciadamente no duraría mucho para mí.

 

Me uní a unos escuadrones que tenían como objetivo asaltar el reino de Nagret, la nación de los Enanos y tomarla por la fuerza. Aunque ellos eran neutrales en la guerra, se rumoreaba que los Enanos iban a aliarse en cualquier momento con la “Voluntad de Deux”, no podíamos permitir que el bando enemigo se hiciera con el poderío militar Enano, si tomábamos su nación antes de que dicha alianza se diera oficial, reclamaríamos ese poder para nuestra causa.

 

Nos encontrábamos acampando en la noche en un bosque cerca de los territorios de Nagret, descansando y planificando nuestro ataque que se ejecutaría al amanecer. Mientras nuestros líderes de escuadrón y estrategas yacían planeando la invasión, yo, junto a otros soldados de bajo rango fuimos a provisionarnos con agua cristalina de un pequeño lago cercano.

 

No tenía problemas en acatar trabajos menores, el agua era una provisión importante como lo es la comida. No podía esperar para que fuera el amanecer, estaba bastante emocionado para ser parte del ataque que aplastaría y conquistara a los bravos guerreros Enanos, nuestros logros pasarían a la historia.

 

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Cuando el amanecer finalmente llego, mi emoción se convirtió en decepción, ira y amargura, todos nosotros, amigos y compañeros de armas yacían en deplorable estado. La mayoría en el suelo y otros apenas podían mantenerse de pie, gimiendo del dolor y agonizando, incluso algunos vomitaban a montón, otros suplicaban morir ante una intensa dolencia que padecían a mayor grado que los demás, todos habíamos sido envenenados.

 

Todos en el campamento, cada uno de nosotros, ya sea un soldado de bajo rango o los líderes, nadie era la excepción. ¿Cómo ocurrió esto?, en mis manos sostenía una cantimplora con agua, los demás habían bebido de la suya o tomado de los barriles que cargamos ayer, todos nos habíamos saciado de esa agua al verse nuestra propia fuente agotada, habíamos caídos en la trampa.

 

Humanos con armadura surgieron a nuestro alrededor rodeándonos con sus armas en mano, eran Templarios junto a guerreros de otras naciones, posiblemente de reinos neutrales y ahora sus aliados. Aprovechando nuestro lamentable estado nos asesinaban sin compasión, algunos Tilq opusieron resistencia luchando contra el envenenamiento, solo para llamar la atención y ser asesinados de inmediato.



Sylar

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En el texto hay: reencarnaciones, armas de fuego, magia y aventura

Editado: 05.05.2021

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