Mi Dulce Doctor

*12*

DAWSON

 

Después de degustar aquella sencilla comida, nos quedamos en silencio admirando el firmamento. Recordé cuando mamá solía llevarme allí, a ella siempre le gustó ese lugar y supuse que por eso también me gustaba a mí, porque me hacía sentir más cerca de ella.

«¡Cuánta falta me haces, mamá!»

Transcurrido algún tiempo, Melissa me contó que cuando era pequeña vivió en una granja, y que años después fue que se mudaron a la ciudad. Además, me habló de su pasión por la pintura, y de su sueño de algún día poder exhibir sus cuadros en una galería.

—Cuando era pequeña mamá siempre gritaba: ¡Mel, suelta esas pinturas que estás manchando toda la casa! —relató, alegremente—. ¡Pero es que no puedo!, soy tan feliz cuando pinto —continuó, haciendo que mi corazón se encogiera «¿Era necesario quitarle sus pinturas, Dawson?»—. Es como si pudiera plasmar un poco de mi alma en esos cuadros. ¡Pintar es lo que más amo hacer en esta vida! —Me sentí como el ser más egoísta del planeta tierra—. Y a ti... ¿qué es lo que más te gusta hacer?

Recordé que cuando era un adolescente me gustaba componer canciones; tomaba mi cuaderno y mi guitarra, y comenzaba a plasmar letras y melodías que se me venían a la mente. Algunas canciones no tenían mucho sentido, otras en cambio, describían historias de amor que imaginaba, o que alguna vez me habían contado.

Mi primera canción se llamó «Natalie» y fue escrita para una chica que me gustaba, estudiábamos juntos en la preparatoria y yo vivía como un tonto suspirando por ella, así que un día tomé la guitarra y escribí esa canción; era muy sencilla, pero tenía un gran valor sentimental para mí.

Mamá siempre me apoyó con mi gusto musical, e incluso un día me propuso cantar en una cena de navidad, lo cual me pareció una excelente idea, al fin y al cabo quería que la gente me escuchara. Esa noche me esmeré por dar lo mejor de mí y al finalizar todos me aplaudieron, en ese instante comprendí que eso era lo que quería hacer por el resto de mi vida.

»—¡Por fin un músico en la familia! —murmuraban mis tíos.

»Sonreí, deteniéndome en el rostro de mamá; creo que jamás la había visto sentirse tan orgullosa de mí, tenía una sonrisa dibujada en el rostro y estaba a punto de llorar. Luego dirigí la vista a mi padre, y escruté su semblante; su boca estaba convertida en una línea recta, y sus ojos eran dos volcanes a punto de estallar.

»—¡Vas a ser un médico! —gritó, empujándome y partiendo mi guitarra en dos—. ¡No un musiquito de quinta categoría!

Desde ese instante la relación con mi padre comenzó a irse a pique.

—Soy una tonta —parloteó Melissa, sacándome de mis pensamientos—. Es obvio que lo más te gusta hacer es curar a las personas, por algo eres un médico ¿no? —Asentí, sin saber que responderle—. Lo que quiero decir es que si te gusta algo más a parte de la medicina.

—No, solo me gusta eso —me limité a contestar, ella asintió, no muy convencida, era como si pudiera adivinar que le estaba mintiendo—. Si tu familia no... —añadí, pero me arrepentí de lo que iba a decir.

—Si mi familia qué... —me alentó para que continuara—. ¿Dime?

—Si tu familia no te hubiese permitido dedicarte a la pintura —continué— ¿Qué hubieras hecho?

—Eso es muy fácil de contestar —respondió, iluminando sus ojos como dos luciérnagas en la oscuridad—. Jamás hubiese permitido que eligieran por mí, creo que el mayor error que uno puede cometer es dejar de hacer lo que uno ama. ¡La vida es demasiado corta para hacer algo que no te gusta! ¿No lo crees? —Era fascinante la pasión con la que hablaba—. Además, las personas que dejan de hacer lo que les gusta, nunca son felices ¡No se puede ser feliz si uno deja de ser, quien realmente es!... Pero, ¿por qué me preguntas eso? , tú...

—No, no... Es solo que conozco a alguien que renunció a algo que quería. —«Es la excusa más burda que has podido inventar, Dawson»—. Y ahora no sabe cómo sobrellevarlo.

—Entonces —musitó, percatándose nuevamente de que le estaba mintiendo—. Dile a tu amigo que nunca es tarde para hacer lo que uno ama.

—Se lo diré.

Sonreí.

—Puedo hacerte una última pregunta ¿sí?

—¿Qué quieres saber? —formulé, volviendo mi vista hacia el horizonte—. ¿Dime?

—Bueno... —comenzó, nerviosa—. Esa vez que estabas en mi habitación y vomité. —Mi cuerpo se tensó al escuchar aquello—. ¿Por qué te comportaste así? —Recordé esa imagen en mi cabeza y vi a mamá reflejada en ella—. ¿No deberías estar acostumbrado a ver esas cosas?



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

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