Mi Dulce Doctor

*24*

Hay historias de amor que

 están escritas en papel;

otras están escritas

 en las estrellas.

 

DAWSON

 

Guardé el celular en el bolsillo, ni siquiera conocía la razón exacta por la que le había escrito, o mejor dicho, sí la conocía; y era que necesitaba sentirme cerca de ella.

Impaciente, desordené mi cabello, y revisé una vez más el bendito teléfono; no había ningún mensaje, así que lo volví a guardar.

«¡Por Dios, Dawson, pareces un niño!»

En ese momento debía de estar descansando en casa, pero no, tenía que seguir allí, pensando en una chica de ojos avellana, que cada vez que sonreía, dibujaba un nuevo universo para mí; uno hecho de estrellas fugaces, y sueños que se hacen realidad.

Desconcertado por mi actitud, comencé a recoger mis cosas, era increíble que tuviese tanto trabajo acumulado, y pasase todo el día en la playa. Si me hubiesen dicho hace algunos meses que algo así sucedería, no lo hubiese creído.

Admiré la foto de mamá sobre el escritorio, y la tomé entre mis manos.

Sonreí.

Por primera vez después de tantos años, no sentía tanto dolor cuando la veía. Y es que esa sensación que da poder ayudar, no deja espacio para ello.

Recordé al Sr. Taylor, y por primera vez me sentí útil. Saber que le había hecho bien a una persona, y que aporté un granito de arena para que una familia se volviese a reencontrar, me hacía sentir feliz.

—Hola —saludó Anastasia, sacándome de mis pensamientos. Dejé la fotografía a un lado, y contemplé a mi novia; era perfecta, pero yo tenía que estar pensando en una chiquilla—. ¿Cómo estás, guapo? —preguntó, depositando un beso en mis labios.

—Bien, hermosa —respondí.

—Temprano te vine a buscar, pero no te encontré —comentó—. ¿Dónde estabas?

—Fui por unos documentos a la casa —mentí—. ¿A qué hora viniste?

—Eso ya no importa, guapo —musitó, posando sus brazos alrededor de mi cuello, y obsequiándome un casto beso en los labios.

El celular repicó, casi me mataba del susto.

Me separé de ella, y extraje mi teléfono; las manos me estaban temblando.

«¡Por Dios, Dawson, tranquilízate!»

Vi la pantalla de aquel artefacto, era un mensaje de Mel.

«Okey, en el pasillo a las nueve»

Adjuntó una carita feliz al final del texto, y no pude evitar sonreír.

—¿Quién es? —preguntó Anastasia, curiosa.

Dejé de sonreír, y guardé el teléfono.

—Mensaje de Ed —contesté—. Ya sabes hermosa, cosas de trabajo.

—Bueno —No le dio mucha importancia—. ¿Nos vamos, guapo?

—No... —titubeé—. Aun me queda por terminar algunos informes, y no creo que me vaya todavía.

Eso realmente me hacía sentir mal, no me gustaba mentirle a las personas, y mucho menos a mi novia.

Siempre había pensado que lo más importante en una relación era la sinceridad; y es que no se puede basar una relación en mentiras, y yo ya estaba empezando mal.

—Bueno...nos vemos mañana —susurró, desilusionada, y me envolvió en un caluroso abrazo.

Su piel era suave y cálida, si quería podía pasar toda la noche entre sus brazos; pero no, no me bastaba con eso.

Anastasia me gustaba, no lo iba negar, pero me había precipitado al pedirle que fuese mi novia.

Me había dejado llevar por su físico, y eso no estaba bien; posiblemente alguien iba a salir lastimado.

—Hasta mañana, hermosa.

Ella me observó con ternura y me volvió a besar; esa vez el beso fue largo y apasionado, y ni siquiera me pude concentrar lo suficiente, sino que mientras ella movía sus labios, yo solo pensaba en ese día tan especial en la playa.

«¡Basta de pensar en Mel!»

Cuando terminó el beso, Anastasia sonrió, y yo sintiéndome culpable, añadí:

—Vamos, te llevo y después me regreso.

—No es necesario, guapo, tomaré un taxi.

—Bueno, entonces te acompañó hasta afuera —Asintió, y después que se fue, me regresé al hospital.

Con cada paso que daba el ritmo de mi corazón se aceleraba, no comprendía el porqué de tanta emoción, si hacía unas cuantas horas la había dejado en la puerta de su habitación, y además de esto, había pasado todo el día con ella en la playa.

Llegué hasta el pasillo donde quedaba su habitación y vi la puerta cerrada, ya eran casi las nueve y yo parecía un típico adolescente, esperando para verla.

Recargué mi cuerpo en la pared, tomé una profunda respiración y cerré los ojos por algunos instantes.



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

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