Mi Dulce Doctor

*35*

MELISSA

 

«Feliz cumpleaños, pitufita», así decía el mensaje de texto que recibí de Hanna.

Tenía más de una semana sin ver a mi mejor amiga y la verdad era que la extrañaba demasiado. Ella y yo compartíamos un lazo de amistad muy fuerte y aunque de cierta forma éramos muy diferentes, eran esas mismas diferencias, las que nos unían.

Hice el celular a un lado y dirigí mi vista hacia la ventana, allí estaba Hanna cuando le relaté lo que había pasado los últimos días.

»—Mel, no puedo creer todo lo que me estás contando —expresó mi amiga, mientras yo movía el pincel sobre el lienzo. Trazos bien definidos comenzaban a darle forma a ramas, hojas y flores que bañaban aquella tela con diversos colores y matices—. Me estás queriendo decir que el pollito y tú son novios ¿verdad?

»—Sí, Hanna, el pollito y yo somos novios —afirmé, sonriendo.

»—¡Ay, también le dices pollito! —exclamó—. Dime, ya juntaron sus piquitos y se besaron ¿ah? —quiso saber, emulando un beso y levantando las cejas con picardía. Sonrojada, asentí, y rememoré sus besos tiernos y apasionados. Eran mezcla de sabores y de sensaciones, semejante a cuando combinas dos colores diferentes y el resultado es algo maravilloso, algo único—. Cuéntame que tal besa, ¿sí?

»—No lo creo.

»—No seas así, Mel, qué te cuesta, dime ¿sí?

»—Está bien —accedí, para después invertir algunos segundo en meditar mi respuesta—. ¿Has probado las fresas con crema? Muy parecido.

»—Entonces, debe besar del asco. —Sacó la lengua e hizo un ademán como si fuese a vomitar—. Sabes muy bien que detesto las fresas con crema. —Me fue imposible no reír, por supuesto que lo recordaba, lo hacía solo por molestarla—. Pero supongo que nadie es perfecto. Yo siempre he dicho que hombre guapo algún defecto debe tener, ojalá solo se trate solo de eso y no de otra cosa, porque si no...

»—¡Hanna! —la interrumpí.

»—Melissa, solo estoy diciendo la verdad. —declaró, seriamente—. No sé porque te pones así, alguna vez tendrás que verlo. ¿Sabes? una vez conocí a un chico y debo decir que era perfecto hasta que vi su... Y bueno, yo... Tú me entiendes ¿no?

»—No oigo nada... —Con actitud infantil me cubrí las orejas, ella comenzó a reír—. La... la... la

»—Mel, hablando en serio —continuó cuando por fin me quité las manos de las orejas—. Me alegra que estés feliz, y más le vale portarse bien a ese pollito. —Extrajo un yesquero de su bolsillo y lo encendió—. Porque si no lo hace, voy a convertirlo en pollo, pero chamuscado ¿entiendes?

»—¡Tú definitivamente estás loca! —reí, negando con la cabeza—. Y por cierto, ¿qué estás haciendo con un yesquero? Tú ni siquiera fumas.

»—Cierto, pero no sé en qué momento lo puedo necesitar —concluyó guardándolo nuevamente.

La vibración de mi celular me sobresaltó haciéndome volver de mis recuerdos. Me estaban llamando y era un número desconocido.

—¿Mel? —musitaron del otro lado de la línea, esa voz se me hizo familiar.

«No puede ser, o ¿sí?»

—¿Sí? —susurré, no quería que mamá me escuchara—. ¿Quién es?

—Hola, preciosa, ¿ya te olvidaste de tu «nani»? —formuló, dulcemente.

«¿Mi nani»?

«Yo solo le digo así a...»

La emoción aceleró mi corazón. Observé por el rabillo del ojo a mi madre, permanecía cerca de la ventana, leyendo un libro, y al parecer no logró escuchar nada. Ingresé al baño y cerré la puerta con pestillo.

—¿Jessica? ¿Eres tú? —cuestioné aun incrédula.

—Obvio, preciosa. —La escuché reír—. ¡Feliz cumpleaños, Mel! ¿Me extrañaste?

—Nani ¿dónde estás? —indagué—. ¿Por qué no te volviste a comunicar con nosotros? Papá ha intentado buscarte en varios lugares...

—Melissa... —me interrumpió—. Necesitaba hacer mi vida y las cosas no andaban bien con mamá, digo con Abigail.

—Jessica, ella es nuestra madre, no la llames así —dije con tristeza.

—Preciosa, no quiero hablar de eso, por favor —imploró—. Mejor cuéntame ¿cómo estás? Hanna me dijo que estabas enferma ¿qué tienes, Mel?

—Hablaste con Hanna ¿cuándo?

—Ella vio a Frank en uno de sus viajes, le dio tu número y le contó que estabas enferma —repuso—. Mel ¿qué es lo que tienes? —Un nudo se comenzó a formar en mi garganta—. Melissa, responde, me estás asustando. No es nada grave ¿verdad?



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar