Mi Dulce Doctor

*38*

«La belleza de las cosas existe

 en el espíritu de quien las contempla» 

DavidHume  

 

MELISSA

 

—Buenas tardes —escuché una voz que se me hizo familiar. Yo que estaba terminando una pintura, levanté mi rostro para ver de quién se trataba y me encontré con aquella rubia de piernas largas y sonrisa hipócrita, su tan sola presencia me causó escalofríos—. ¿Podemos hablar a solas un momento, linda? —preguntó.

Hanna que se había encargado de abrir la puerta, esperó a que yo diese una respuesta, antes de salir de la habitación. Asentí con un leve movimiento de cabeza.

—Bien... —murmuró mi amiga, mientras le daba una mirada a Anastasia, sabía que se trataba de la ex novia de Dawson—. Estaré afuera por si me necesitas —añadió, saliendo de la habitación.

Mi ahora acompañante, esbozó una sonrisa mordaz y se echó a andar hasta quedar a mi costado, una vez allí, se quedó viendo la pintura.

Algunos días atrás me había dado por comenzar a pintar el rostro de una chica con cáncer; pálida, sin cabello y con una lagrima que caía sobre su mejilla.

No era yo, era un rostro sacado de mi invención. Sin embargo, supuse que en el fondo no era más que un reflejo de mi misma y de todo lo que veía a mí alrededor.

—Tienes una excelente técnica —comentó, sin despegar su vista de la pintura—. Pero... ¿por qué pintar algo tan horrible? Hay tantas cosas hermosas para pintar ¿no te parece? —cuestionó.

Tomé una respiración profunda e intenté no prestarle demasiada atención. Sabía que en el fondo, solo quería lastimarme.

—«Todo puede tener belleza, aun lo más horrible» —contesté, recordando la frase de la gran pintora Frida Kahlo—. Además, no encuentro nada de horrible en esta chica. Las enfermedades, el dolor y el sufrimiento también forman parte de la vida ¿no? No se puede decir que algo es bello solo porque en su aspecto físico lo parezca. La verdadera belleza va mucho más allá de eso. Hay personas bellas exteriormente, pero que tienen un alma detestable, eso sí es verdaderamente horrible ¿no lo crees tú? —continué, ella no contestó nada—. No me gusta pintar rostros hermosos que no reflejen nada, porque de eso se trata el arte, de transmitir. Por eso prefiero pintar la vida real. La lucha, el miedo y el dolor por el que tiene que pasar día a día un paciente con cáncer. Eso sí que es verdaderamente extraordinario y merece ser reflejado en mis pinturas.

—Hablas con pasión, claro, imagino que no debe ser fácil ver como tu belleza física se apaga lentamente a causa de la enfermedad —prosiguió, hablando de manera sorna—. Verte pálida, demacrada y que tarde o temprano se te caiga el cabello debe ser terrible. Yo me deprimiría si se me cae el cabello —añadió, acariciando su melena platinada.

«¡Ay, no, de verdad esta mujer no entiende!»

—Créeme hay cosas peores que eso —repliqué, mientras un nudo se formaba en mi garganta, la noche anterior había visto a mi madre llorar y eso sí que era muy doloroso.

—¿Cómo cuáles? —quiso saber.

—El dolor que causamos a los demás —respondí, ni siquiera sabía porque le estaba diciendo todo eso a ella.

—Si pudieras evitar ese dolor lo harías ¿cierto? —Asentí, secando unas lágrimas que se habían dado a la fuga.

—Daría cualquier cosa para que las personas que amo no sufran por mi culpa.

—No es tu culpa, linda —musitó, tomando asiento frente a mí. Sus palabras intentaron sonar tiernas, pero más adelante comprendería que su único propósito era hacerme sentir peor—. Como tú misma lo dijiste, el dolor forma parte de la vida, aunque también creo que tú podrías evitárselo a algunas personas.

—No entiendo, a ¿qué te refieres?

—Me refiero a Dawson —repuso, sequé mis lágrimas, ya comprendía por dónde iba el asunto—. Supongo que sabes por todo lo que está pasando. Ya ni siquiera duerme en su casa porque se queda aquí para estar pendiente por si te pasa algo. A veces ni come, se le ve bastante demacrado, cansado y triste —explicó, fue como si me clavaran una puñalada en el corazón, yo mejor que nadie sabía lo que él estaba sufriendo y a mí más que a nadie, me dolía su dolor —. Está dejando a un lado su trabajo y su padre está bastante preocupado por él. Es por ello que me ha pedido hablar contigo, sí sabes quién es su padre ¿verdad? —formuló, negué con la cabeza.

—Es el director y dueño del hospital, el Dr. Kurt Schindler —Fruncí el entrecejo, Dawson me había hablado de su padre, sabía que era médico y que tanto él, como su hermana Elizabeth le habían dado la espalda cuando su madre enfermó, pero jamás me había dicho que su padre era el dueño del hospital —. Sí, Dawson será el heredero de todo esto y de la fortuna de la familia Schindler, por lo tanto merece lo mejor, bueno, al menos eso pensamos su padre y yo.



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

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