Mi Dulce Doctor

*55*

JESSICA

 

Estaba ansiosa e inquieta, hacía ya mucho tiempo que no hablaba con ella y eso me ponía los nervios de punta.

Sentí a mi hijo moverse en mi vientre, lo más seguro es que él estuviera tan emocionado como yo, de escuchar la voz de su abuela.

No sé cómo ella vaya a reaccionar cuando me vea, creo que en el fondo tengo mucho miedo de que me rechace, y termine echándome definitivamente de su vida.

—Bebé, quédate tranquilo que estás poniendo a mami más nerviosa—musité, acariciándome el vientre, pero él no me obedeció y sus movimientos comenzaron a ser más intensos, al punto de causarme molestia— ¡Ay!—me quejé, arrugando la cara.

Presiento que será igual a mi cuando era pequeña. Mamá decía que no conoció niña más oposicionista que yo, siempre llevándole la contraria en lo que me decía.

Todo lo contrario de Mel que siempre fue más tranquila, ahora eso no quiere decir que de vez en cuando no le hiciera sacar las canas verdes a mamá.

Reí y negué con la cabeza al recordar aquellos tiempos.

Yo, ayudando a mamá a darle su papilla a Melissa, mientras ella lo único que hacía era echarla para afuera con la lengua, haciendo que mamá se enojara tanto.

Yo, tomada de la mano con Mel caminando por el campo, mientras un hermoso sol de verano nos bañaba el rostro.

Mi hermana y yo, recorriendo, explorando y descubriendo cómo funcionaba el mundo en aquel lugar alejado de la ciudad, son de los más hermosos recuerdos que tengo de cuando era pequeña.

Cuando me fui de casa quise borrar mi pasado, olvidarme de mis padres, tener una nueva vida, pero no hay manera de borrar tantas cosas maravillosas que viví junto a mi familia y que me convirtieron en la persona que soy ahora.

La puerta del local abriéndose me hizo volver de mis pensamientos; era mamá.

Entró y caminó directo al mostrador sin siquiera percatarse de que yo estaba allí; dentro del restaurant donde ella siempre suele comprar su desayuno.

Pidió su orden y esperó algunos minutos sin voltear a los lados.

Había cambiado mucho desde que yo me fui de la casa; su cabello rizado estaba más largo y supongo que sus preocupaciones con respecto a Mel le habían comenzado a pasar factura, ya que estaba más delgada.

Respiré hondo y tomé el valor para acercarme a ella.

Caminé la poca distancia que nos separaba y toqué su hombro con suavidad. Cuando me vio sus ojos claros se abrieron de par en par, como si hubiesen visto un fantasma y su boca quedó abierta por espacio de algunos segundos.

—Jessica...hija—logró decir, dándome un sorpresivo abrazo que me dejó desconcertada. No le correspondí aquel gesto de cariño, mas sin embargo no la esquivé. Solo me quedé allí, inmóvil, mientras la tibieza de sus brazos me envolvía. Sonreí levemente aunque ella no me viera y recordé cuando era pequeña y ella solía hacer lo mismo cada vez que yo tenía miedo por los truenos de alguna tormenta—Lo siento—concluyó, palpando mi incomodidad.

—No te preocupes...—titubeé, resistiendo el nudo que se estaba formando en mi garganta. Ella me observaba con ternura, como solo una madre lo sabe hacer y fue en ese instante que me comencé a sentir como una basura. Al principio solo vine aquí por obligación, porque quería estar con Mel sin estar escondiéndome de Abbie, pero ahora no sé qué pensar. Creo que en el fondo solo quiero acabar con esto y pedirle perdón por toda las estupideces que le dije la última vez que hablamos. Después de todo ahora que voy a ser madre, intento ponerme en su lugar, no es que justifique todas las cosas que me dijo esa noche, pero creo que las dos nos equivocamos y ya pagamos lo suficiente por ello—Yo...quiero hablar contigo ¿puedes?

—Claro que sí—contestó de inmediato y se quedó fija observando mi vientre, como si no acabase de creer que pronto seria abuela.

Frank dice que tengo que perdonar para que cuando nuestro hijo nazca, tenga a una madre libre de rencores; que no importa quiénes fueron mis verdaderos padres, ni la razón por la que no me criaron, que lo más importante es que tuve una suerte maravillosa de conseguir a la familia más hermosa del mundo, para que me cuidara.

Y creo que tiene mucha razón, porque solo ahora que tengo a mamá tan cerca de mí, siento cuanta falta me ha hecho.

—Aquí está su orden, señora—intervino la chica en el mostrador, entregándole a mamá un emparedado y un café.

Ella le agradeció, tomó las cosas y siguió mis pasos. Nos sentamos en una mesa que quedaba al fondo del pequeño restaurant y ambas nos quedamos viendo en silencio por algunos segundos, sin saber muy bien que decir.

—Y ¿cómo esta Frank?—preguntó para romper el hielo.

—Bien...—contesté, tras apretar los labios—ahora está de viaje, pero esperamos pasar la navidad juntos.

—Me alegra Jess... la navidad es para pasarla en familia—musitó, dejando ver mi relejo en sus cristalinos ojos verdes, que estaban a punto de llorar. En ese instante había un gran abismo que nos separaba y que ambas intentábamos cruzar a toda costa—Así que serás mamá...—sonrió, por fin dejando escapar algunas lágrimas.



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

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