Mi tiempo contigo

1 El chico nuevo

El sol se escondía tras los edificios, había hecho calor aquel día y los más jóvenes se refrescaban con el agua de una manguera, chicos y chicas correteaban de aquí a allá gritando alegres, Mary-Ann en cambio, les miraba desde las escaleras de su edificio, aquella mañana su madre le había prohibido jugar con los demás niños por pelearse con Sofía, su hermana. La pelea había comenzado porque Sofía que era un par de años mayor que Mary-Ann, se había burlado de esta por tener que llevar uno de sus vestidos viejos y remendados, y es que todo lo que usaba Mary-Ann era repetido, no tenía la dicha de estrenar ropa ya que su madre las criaba sola, con dos hijas preadolescentes y un bebé en camino, la mujer no daba abasto de sí, por ello cuando Mary Ann echa una furia agarró las tijeras y cortó en un ataque de celos y rabia el vestido favorito de su hermana y al escuchar los gritos de Sofía, la madre, cacheteó con ira a sus dos hijas, mandando a la mayor al cuarto y a la menor a las escaleras sin no antes advertirle a Mary- Ann que tenía prohibido jugar con los demás niños.

A Mary Ann no le importaba en ese momento, estaba furiosa y lo que más le apetecía era estar sola, no era de muchos amigos, la sociable siempre había sido Sofía, parecía que su hermana se había llevado todo el carisma que a ella le faltaba, tiempo atrás Mary Ann intentó ser graciosa como su hermana mayor, pero tropezó con sonrisas incómodas que le hicieron desistir de ello, a pesar de no tener un amigo en quien confiar, sus vecinos aún le incluían en los juegos, a veces eran las escondidas a veces jugueteaban en el agua como ahora, a veces saltaban la cuerda o jugaban a la gallina ciega, a los quemados o a los vaqueros, no importaba que juego fuera, Mary Ann siempre tenía un puesto en ellos. Precisamente, al verle sentada en las escaleras, Julián, el hijo del panadero, vino a invitarle a jugar en el agua, Mary Ann miró hacia arriba y vió que su madre le observaba desde la ventana de la cocina.

-Lo siento, me ha regañado de nuevo, respondió.

Julián alzó los hombros como disculpándose y corrió de regreso a la diversión, Mary Ann miró sus pies y frunció el ceño, el agua habría sido lo mejor, el calor hacía que el sudor bajase por su frente y su ropa empezaba a pegarse a su cuerpo, empezaba a sentir un fastidio que el agua fría muy seguramente habría calmado, si no fuese tan irracional a veces, sabía que Sofía intentaba todo el tiempo meterla en problemas, pero al mismo tiempo le era imposible contenerse, miró disgustada hacia el otro lado para no ver a sus compañeros de juegos, entonces, divisó el camión de mudanzas del señor Pulido, siempre que alguien llegaba al barrio, el señor Pulido era llamado para realizar la mudanza, seguro que era una pareja de viejos amargados, pensó, en ese barrio vivían principalmente madres solteras y viejos cascarrabias y familias de las cuales el padre o a veces la madre incluso, trabajaban en las fábricas del Señor Pons, un viejo gordo y amargado que  Mary Ann había tenido la desgracia de conocer alguna vez.

El camión se detuvo al lado del viejo edificio seguido de un coche pequeño donde se movilizaba una familia de tres, Mary Ann entonces, les miró con curiosidad, parecía una familia de buen estatus, no diría que ricos pero al parecer no pasaban trabajo, si se podían dar el lujo de un carro además de un hermoso piano de cola que los trabajadores del señor Pulido bajaban con cuidado.

Mary Ann miraba a la pareja que vigilaba el trasteo cuando sintió a alguien frente a ella. Un muchacho de su edad, la miraba curioso.

-Hola, mi nombre es Joshua, vives en este edificio?

Mary Ann miró al muchacho y le pareció simpático, nunca había pensado eso de ningún otro chico de su edad, sintió sus mejillas arder un poco y respondió que sí con la cabeza.

-Genial, respondió Joshua, seré tu vecino entonces, por cierto dice mi madre que tendrán que pasar con la mudanza por aquí, así que tal vez te toque cambiar de puesto.

Mary Ann se levantó como un resorte y miró a los de la mudanza que empezaban a caminar con el pesado piano hacia la escalera, miró a su nuevo vecino y con una sonrisa se despidió de él para luego desaparecer camino a las escaleras que llevaban a su pequeño apartamento.



P.K. O´brien

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En el texto hay: primer amor, vida cotidiana, amistad

Editado: 07.03.2019

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