Mil razones para dejarte ir.

5. ¿Me gusta?

 —Cincuenta y seis —anuncia Zach dejando caer su lápiz.
Reviso mi ejercicio de matemática y asiento.
—Cincuenta y seis —repito cerrando mi cuaderno.
—Finalmente —exclama dejándose caer en mi cama, junto a mí.
Ayudamos a mamá un poco antes de subir a mi habitación para hacer los deberes.
Fue un milagro que pudiera concentrarme en ellos después de lo que me había dicho Alina. Seguía pensando una y otra vez que él sabía que yo estaría allí, lo que solo podría significar que nuestro encuentro no fue por obra y gracias del destino y que lo que Zach me había repetido comenzaba a hacerse cada vez más creíble.
Sebastian estaba interesado en mí.
Lo que no entendía era ¿Por qué?
Me había visto en mi peor momento: con ojeras, sin maquillaje, con el cabello revuelto sobre mi cabeza y un humor de perros. Había sido grosera y petulante con él sin conocerlo, y él había hecho lo mismo conmigo. ¿En qué momento eso puede llegar a convertirse en interés hacia el otro?
—Estás muy callada —musita Zach a mi lado.
—No tengo nada que decir 
—Tú siempre tienes algo que decir 
—No esta vez —me levanto de la cama y dejo mi cuaderno junto al de él sobre mi escritorio.
Estoy tentada de contarle lo que sucede con Sebastian, lo que me contó Alina, pero eso daría pie a una conversación que no estoy lista para afrontar.
Siempre que un chico ha estado interesado en mí en el pasado y Zach ha querido tocar el tema, las preguntas frecuentes como si me gusta, si me atrae o si me aparece atractivo dominan la conversación en absoluto. No dudo que en este momento no sería igual, pero la diferencia radica en mis respuestas. En el pasado, fueron no rotundos que escaparon de mis labios sin pensarlo demasiado, justo ahora, no estoy segura de poder responder con la misma rapidez y seguridad.
¿Y a que se debe eso? 
Simple: ni yo misma lo sé.
Sebastian nunca ha estado dentro de mi radar. Es un chico del que solo he odio rumores de pasillo, sobre sus constantes idas a detención, sobre su rebeldía, sobre sus fiestas excesivas y sobre todo, su promiscuidad. 
Zach no es un santo, pero Sebastian, es casi un playboy profesional y entiendo a la perfección porque.
Es alto, musculoso pero aun así delgado, lleva ese look desenfadado que a la mayoría de las chicas vuelve loca. Su cabello revuelto siempre pide a gritos que una mano se deslice por él y tiene una mirada tan penetrante que intimida. Es por eso, que sabiendo su historial, las chicas continúan llegando en manada, solo por tener un poco de su atención.
¿Quería yo esa atención?
La tenía y me ponía los vellos de punta.
¿Me parecía atractivo?
Si, utilizo gafas pero no estoy ciega y puedo admitir cuando un chico es guapo, así como lo admito con respecto a Zach.
¿Me gusta? 
No estoy preparada para responderme a mi misma esa pregunta.
—La cena está casi lista —comenta mamá sacándome de mis pensamientos.
Se encuentra en el marco de la puerta aun con el delantal puesto.
—¿Me ayudan a poner la mesa?
—Claro —le sonrío.
—Busca a tu hermana —me pide mientras se va con Zach.
Voy hacia el final del pasillo donde la puerta de la habitación se Alina está cerrada. Le doy unos cuantos golpes y al no recibir respuesta, entro, consiguiéndola de espaldas a mí, frente a su ordenador y con los auriculares en los oídos.
Me acerco a ella y le doy leves toques en el hombro, ella salta en su asiento antes de girarse y mirarme con cara de pocos amigos.
—Por poco me matas de un susto
—Toque pero no me escuchaste —gesticulo hacia sus auriculares.
Ella se los quita de golpe, despeinando un poco su cabello.
—¿Qué pasa?
—Mamá quiere que le ayudemos a poner la mesa 
Su ceño se frunce.
—¿Y qué? Ella sabe que siempre llego cuando ya todo está servido —se gira en su silla dispuesta a seguir en lo suyo, pero la obligo a darse la vuelta de nuevo—. ¿Qué?
—Creí que querías ganar puntos extras ¿No hay una fiesta a la que quieres ir? 
Ella blanquea los ojos, levantándose.
—Es verdad. Por mucho que manipules a nuestros padres, debo poner un poco de mi padre
—Yo no manipulo a nuestros padres —replico saliendo detrás de ella.
Alina ríe escaleras abajo y yo voy detrás de ella, sin reír.
Zach está al pie de las escaleras, con las manos metidas en los bolsillos.
—Mi querido Zach —comenta Alina deteniéndose junto a él—. ¿No deberías estar intentando seducir a mamá?
—Alina —advierto.
Tiene la absurda idea de que a Zach le gusta mamá desde que entendió que nunca seremos nada más que amigos.
—Me gustaría, pero no con tu papá viéndonos. Tendré que intentar seducirte a ti —asegura Zach guiñándole un ojo.
Blanqueo los ojos ante esto y me dirijo a la cocina para encontrar a papá poniendo la mesa mientras mamá saca el pollo del horno.
—Creí que te ayudaríamos con eso —digo para llamar su atención.
Papá levanta la cabeza y sonríe.
—Ya que ustedes la ayudaron con la cena, mi deber es ayudar con lo demás —asegura papá antes de besarme la cien—. ¿Y tú hermana?
—Aquí estoy —responde Alina saltando sobre él y dándole un sonoro beso en la mejilla.
—No te lo tomes a mal pequeña pero me sorprende que no estés en tu habitación. Si no te conociera mejor, diría que estás tratando de conseguir algo —le dice papá con una sonrisa conocedora.
Alina niega, luciendo tan inocente que por un segundo hasta yo me lo creo.
—Mamá quería que la ayudara a poner la mesa así que acá estoy
—Creí que estando Zach aquí, nos vendría bien comenzar la cena todos juntos —comenta mamá poniendo la fuente en el centro de la mesa.
Mi boca se hace agua ante el olor de las especies y de inmediato tomo asiento en mi lugar de siempre.
—¿Zach? —pregunta papá—. Oh, cierto que hoy es jueves ¿Pero dónde está?
—Aquí estoy —anuncia Zach entrando—. Mamá me llamo para enviar saludos —musita tras estrecharle la mano a papá y sentarse junto a mí.
—Deberíamos comenzar a hacer la cenas con tus padres también —murmura mamá sentándose junto a papá—. De esta manera nuestras familias serían aun más unidas
Zach y yo nos miramos sin decir nada. Obviamente esa es una indirecta para que nuestra no relación romántica deje de tener un no en ella.
—Debes dejar de emparejarlos mamá —asegura Alina—. No pegan ni con cola
—Tu padre y yo no lo hacíamos, en realidad fui súper grosera con él la primera vez que lo vi y míranos ahora —replica mamá mientras comienza a servir puré de papas en un plato y se lo pasa a Zach.
Al oírla, vuelvo a ir hacia mi detención, específicamente al momento en el que decidí ser grosera con Sebastian. 
Tomo una profunda respiración y me concentro en recibir el plato que me tienden, intentando no pensar en ello. 
Tener una experiencia parecida a la de mamá no me asegura nada. Además, lo de mis padres fue amor a primera vista y eso es en absoluto lo que nos sucedió a Sebastian y a mí, en realidad podría describirse como desagrado a primera vista. Desagrado que al parecer, ya no sentimos el uno por el otro.
¿Me gusta?
Vuelvo a ignorar la estúpida pregunta que me hago a mi misma sin saber porque y comienzo a comer, imitando a los demás.
La cena transcurre con normalidad: papá y mamá cuentan como estuvo su día, luego Alina y yo hacemos lo mismo, con la diferencia de que Alina está más comunicativa y eufórica de lo normal, lo que hace que mis padres se den una mirada cómplice, es obvio que saben que algo se trama. Cuando llega el turno de Zach de hablar, debe resumir lo ocurrido desde la última vez que se sentó en esta mesa, por lo que cuando finalmente termina, mamá ya está dándonos un cupcake a cada uno.
—Mi favorito —exclama papá feliz dándole un mordisco.
Alina me da una mirada desde el otro lado de la mesa que solo puede significar una cosa: es hora.
—Papá —musito tras tomar un poco de mi glaseado—, quiero decirte algo
Sus cejas se alzan y su labio superior está lleno de glaseado. Me dan ganas de reír ante la imagen, pero me contengo para no arruinar el permiso de Alina.
—No me digas que volviste a detención, no después de que le prometí a Bertrand que no volvería a pasar y por eso no estará en tu expediente
Jadeo sorprendida.
—¿En serio papa? ¿Realmente hablaste con él? 
Alina se aclara la garganta y yo me reservo la algarabía y las preguntas para más tarde.
—Lo siento, no era de eso que quería hablarte. Es sobre Alina —añado rápidamente.
Mamá y papá alzan las cejas, de nuevo mirándose uno al otro antes de mirar a Alina quien se concentra en su cupcake como si nada pasara.
—Ya me imaginaba yo que algo se andaban tramando —suspira papá.
—¿Tendrá algo que ver con animales de nuevo? —pregunta mamá—. Porque si es así es un rotundo no
Zach ríe sin poder evitarlo, ocasionando que Alina lo asesine con la mirada.
—No mamá, Alina solo quiere ir a una fiesta pero sabe que está castigada —digo mirando a papá—. Quiere saber si pueden hacer una excepción solo por esta vez
—¿La fiesta del sábado? —pregunta Zach con interés.
Alina asiente.
—Me imagino que tu iras —le dice papá a Zach.
Él asiente.
—Y me imagino que Alice no irá 
Encojo un hombro, no tengo nada que decir porque es verdad no iré. No me gustan las fiestas.
—En ese caso, Alina puede ir —comienza papá—, con una condición 
La sonrisa que se había estado formando en los labios de Alina desaparece.
—¿Cuál condición papá? —pregunta sin dejar ver ninguna emoción.
Entonces papá me mira directamente y sonríe.
—Tendrás que ir con Alice



Almy G. B.

Editado: 15.01.2021

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