Mis días con el señor Perfecto

Capítulo 18

Frankie me ha enviado varios mensajes, pero no puedo contestarle, me aterra que pueda pasar, yo lo quiero, de eso no hay duda, pero no lo amo, querer y amar son dos cosas diferentes.

A fuera hay una tormenta de nieve, y me da tiempo para pensar que hacer, pero la verdad es que mi cerebro está congelado, no puedo cavilar, mis neuronas no están llevando la información necesaria a mi cerebro.

Ni si quiera tengo un plan...

Le pedí a Egmont que me dejara descansar porque "no me sentía bien", sin duda se preocupó pero me dio mi espacio. Odio mentirle, pero si él está cerca en lo único que pensaré es en que tengamos sexo otra vez y eso no es posible.

Abrí mi correo y veo que mi jefe me ha enviado varios mails en los que dentro de unos días debería volver porque necesita a su "asistente competente".

Le escribo a mi jefe que me envíe lo que necesita, enfocar mi mente en algo más que no sean ni Frankie ni Egmont es lo que necesito. Antes no necesitaba pensar en nada más que no fueran los diseños de mi trabajo, ahora no puedo pensar nada que no sea de esos dos.

Cuando llegué aquí, tenía planeado no darle el gusto a mi amiga Ana, y a sus mini-demonios, de que saliera con Egmont, pero todo me salió el tiro por la culata, ahora estoy perdidamente enamorada de mi gay Mr. Perfect.

Miro el reloj y eran las 2 de la tarde, decido salir, comer y ver a Egmont, mañana veré como resolver el problema con Frankie, él no se merece el trato que le estoy dando, él fue tan espontáneo conmigo desde antes de conocernos que temo perderlo.

Sé que si me dividiera en dos seguiría queriendo a Egmont, se que si me divido en dos abriría una enorme herida en el corazón de Frankie...

Lo vi sentado en el mueble, veía hacia más allá del techo, no se percató de que estaba ahí, por lo que caminé y me senté en él.

Cuando me miró a los ojos no le di tiempo de articular palabra, lo envolví en mis brazos y lo besé, sus labios eran tan suaves...

Por un momento creí que no me correspondería pero luego me acostó en el mueble, me asombré por la rapidez con la que lo hizo.

Estaba claro lo que él quería hacer, yo también lo quería. Sentí su risa en mis labios y eso me activaba.

Sonreí también, me besó pasional una vez más, luego besó mi frente y me cargó. Mientras él nos llevaba a su habitación, yo no dejaba de verlo, era tan hermoso... ¿Cómo es posible que hasta ahora sea que me doy cuenta?

Al entrar, rápidamente nos quitamos la ropa, yo no estaba por hacerme del rogar y él ya estaba encendido, su erección era patente a un a kilómetro, eso me reactivaba una vez más.

Sentí sus manos recorrer mi cuerpo, el cual con cada tocada se erizaba y pedía más, iba a tocarlo, pero entonces me detuvo.

— Tranquila... hoy vamos a jugar un poco. — Lo observo sonreír, sus ojos me indicaban que su juego sería perverso pero yo no estaba por esperar nada más que lo que él ya sabe. Lo amo pero Egmont sabe que tengo necesidades, y carnales eran las que necesitaba.

Él me pidió acostarme, eso me ponía de todos los colores pero hice lo que pidió, total, me excitaba tan solo mirarlo.

Uso su antifaz de dormir en mí, no veía nada y eso me ponía impaciente, estoy totalmente desnuda ante él y él ante mí, pero yo no le veo, gracias a esta cosa.

Egmont tocó mi abdomen y eso me hizo dar un salto, mi pelvis chocó en él y sentí mi sangre ocultarse bajo mis mejillas, él empezó a tocar mi frente, bajando por mi nariz, se desvió a la derecha y tocó mi cuello, bajo hasta mis pechos y empezó a apretarlos, no sé que quería lograr con eso, pero me gustaba lo que hacía, sin previo aviso, empieza a apretar cada uno de mis pezones, eso me pone loca, y me hace gritar su nombre pero él continúa, elevé mis manos para tocarlo, pero sentí como se alteró y las detuvo.

— Dije que no Andrea, es un juego diferente. — Dice.

— ¿A caso estamos jugando al amo y la torturada?— Pregunto y él se ríe, no contesta, pero se revuelve sobre mi y busca algo, al poco rato, siento que pone algo en mis manos.

— Solo es para que no toques ni hagas nada y solo sientas. — Dice. — Cuando acabe, podrás tocar y hacer lo que quieras.

Concluye, sostiene mis manos y las amarra con lo que sea eso y las coloca sobre mi cabeza. Suspiro, debo dejarlo ya que él sabe lo que hace.

Cuando me doy cuenta, el vuelve a juguetear con mi pecho, esto se siente bien... empieza a trazar una delgada línea por el espacio que separa mis pechos, haciéndome estremecer de pies a cabeza.

— Egmont... — Le digo.

Él continúa descendiendo y llega a mi abdomen, al cual acaricia y luego me sopla.

Cuando pensé que todo había acabado, siento que sigue descendiendo y llega a mi monte de Venus, da una pequeña palmadita y continúa.

Mi cuerpo convulsiona, él abre mis piernas, lo siento ponerse en medio de ellas, quiero tapar mi parte, pero sería negarle lo que anhelo, me siento como puta, pero una enamorada y sin temor de entregarse a la persona que ama.

Abre mis labios inferiores ayudándole un poco a mí posición, y él empieza a hablarme de su familia.



Nicole DB

Editado: 26.10.2020

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