Monina, Un Amor Musical

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MI CALI BELLA

 

 

“Llamada para abordar vuelo Aerovías Nacionales número 925 con destino Cali, señores pasajeros favor pasar a abordar el avión HK 1401 por el muelle nacional, puerta número cuatro”, se escuchó a través de los parlantes del aeropuerto. En los corredores reinaba el desorden. Los cuarenta jóvenes músicos, acompañados por tres de sus padres, se encontraban rodeados de maletas, maletines y toda clase y tamaño de estuches que contenían instrumentos musicales. Aunque eran las siete de la noche y hacía frio, todos vestían ropas coloridas y livianas, recomendadas para su uso en climas cálidos, gafas oscuras, sandalias, cachuchas y sombreros, con la excepción de Arturo, quien mantenía su pinta de jeans oscuros y camisa negra de manga larga. Pasar desapercibidos entre los muchos pasajeros que a esa hora se encontraban en el terminal aéreo era casi que imposible, y no faltó el niño o la jovencita que se acercaran a pedirle un autógrafo a alguno de los miembros de Los Cuarenta.

 

Entre el director, Silvia, Ismael y Adriana se habían encargado de organizar a todo el grupo y de entregarle a cada miembro su respectivo pasaje. Cuando escucharon el llamado para abordar, agarraron todas sus pertenencias, y en un coordinado desorden, se apresuraron a pasar por la puerta de embarque. Para algunos de ellos, era la primera vez que se montaban en un avión, y no escondían los nervios ni la emoción que esta nueva experiencia les brindaba. Para algunos otros, como Esteban y Mónica, con más experiencia en las lides del transporte aéreo, significaba el comienzo de una nueva etapa, de un mundo que se abría ante sus ojos, y que gracias a su esfuerzo, pero también a su buena suerte, iban a tener la oportunidad de vivirlo y experimentarlo el uno al lado del otro.

 

El avión despegó con la puntualidad que rara vez se veía en este tipo de transporte. Mónica, mirando por la ventanilla observaba como las luces de la ciudad se hacían cada vez más pequeñas y distantes, como su casa, su colegio, y el estudio del grupo iban quedando atrás, y recordó lo difícil que había sido el convencer a su padre de que la dejasen viajar sin la compañía de guardaespaldas alguno. “Acabas de salir de una horrible experiencia, y ya quieres andar por ahí sola como si no hubiese pasado nada”, le había dicho su papá la noche en que había sido escogida como nueva miembro de Los Cuarenta. Su mamá había sido más comprensiva, y en últimas había tenido la suficiente influencia para que, ni Jaime ni Orlando, sus habituales guardaespaldas, estuviesen sentados al lado suyo en ese momento, ocupando el lugar de su querido novio.

 

Esteban, que después de varios días finalmente lograba sentirse tranquilo, no le soltaba la mano a su novia, y recordaba los pocos ensayos que ella había tenido con el grupo antes de montarse en este avión con rumbo a su primer concierto. En la tarde que había sido elegida, Arturo le había dicho a Mónica que se encargara del piano. El ensayo había sido relativamente corto, y se había centrado en la práctica de dos piezas del género salsa, y una de rock norteamericano. A pesar del cansancio acumulado debido al esfuerzo realizado durante la audición, Mónica no tuvo ningún problema con las partituras, y estuvo a la altura de las circunstancias. Al día siguiente, en un ensayo un poco más prolongado, la volvieron a poner en su instrumento favorito, y el grupo se concentró en el repaso de piezas de los géneros disco y rock. Inclusive hubo un momento en el que Arturo le susurró al oído que si Patricia no lograba sacar adelante la canción “Hot Stuff” de Donna Summer, le daría la oportunidad a ella para que la interpretara en el concierto de Cali, pero afortunadamente para su nueva amiga, las cosas se le habían dado hacia el final de la tarde, y había logrado perfeccionar su interpretación de aquella pieza.

 

Adriana se paró de su silla, le pidió permiso a Melissa para pasar hacia el corredor de la aeronave, y se dirigió hacia la parte delantera con la idea de pedirle a una de las azafatas una pastilla para su dolor de cabeza. En el momento en que se estaba tomando la pastilla, encontrándose de pie al lado de la pequeña cocineta del avión, Patricia salió de uno de los baños y se encontraron frente a frente.

– ¿Te sientes mal Adri? –preguntó Patricia simulando una cara de preocupación.

–Tranquila, me duele un poquito la cabeza, por los nervios me imagino…

– ¿Te da miedo volar? –pregunto Patricia.

–No…, la verdad no, yo he volado muchas veces.

– ¿Y entonces? –preguntó Patricia subiendo una de sus cejas.

–Es que mi amiga se quedó muy triste… ––dijo Adriana torciendo los labios.



carlosdiazdc

Editado: 15.01.2021

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