Monina, Un Amor Musical

REEMPLAZO DE LUJO

REEMPLAZO DE LUJO

 

 

––¡Chuzaaa! –gritó Mónica con emoción cuando vio que derribaba todos los pines.

–No se dice chuza Monina, se dice moñona –dijo Esteban mientras levantaba su pesada bola de tonos verdes y grises.

–Pues yo leí en un comic de las “Urracas Parlanchinas” que se decía chuza.

–Pero eso debe ser traducción mexicana o quien sabe de dónde…

–En todo caso suena más bonito chuza que moñona –sonrió Mónica.

–En eso tienes razón amor –dijo Esteban mientras lanzaba su bola hacia los pines.

Estaban en la bolera del centro comercial de la 127 con quince. Era miércoles en la tarde, y decidieron aprovechar que ninguno de los dos tenía tareas para escaparse un rato a hacer algo que no tuviera nada que ver con Los Cuarenta. El regreso de Cali había transcurrido sin ningún inconveniente. Durante el vuelo, Rodolfo el empresario había felicitado a todo el grupo por su magnífica presentación, y había manifestado su entusiasmo por el concierto que se iba a presentar en Medellín al siguiente fin de semana. Les había dicho que para esta segunda presentación de la gira nacional, podrían incluir un poco más de música de los géneros rock y disco y un poco menos de salsa y ritmos tropicales. Destacó lo que había hecho Adriana, sobre todo durante la última canción, al igual que la actuación de la nueva integrante del grupo. “También quiero felicitar especialmente a la pequeña miss universo, su primera actuación ha sido realmente excepcional”, frase que había provocado que Mónica se enrojeciera, y que su novio la abrazara y la llenara de picos.

–Así no hay caso –dijo Esteban cuando vio que su bola solo derribaba tres pines.

–Si en el próximo tiro tumbas más de cinco te invito a gaseosa.

–Pues como que me voy a ir con sed –dijo Esteban torciendo la boca.

–No le pongas tanto optimismo… –dijo Mónica con una risita.

–Yo en realidad no soy tan tronco para esto…

–Me imagino, lo que pasa es que estás nervioso –dijo Mónica en tono de burla mientras agarraba su bola y la lanzaba hacia los pines.

–Otra vez moñona, perdón… chuza –dijo Esteban.

–La calidad no se improvisa –dijo Mónica antes de darle un beso en los labios–. Más bien deberíamos subir a jugar billar, de pronto en eso somos más parejos.

–Olvídalo, allá arriba solo hay hombres…

–Pues tú me cuidas…

–Más bien cuando acabemos aquí te invito a helado –dijo Esteban agarrando su bola.

–Tú como que me quieres engordar.

–Nunca jamás, ese cuerpito tan divino toca mantenerlo –dijo Esteban al lanzar la bola por la canal.

–Si voy a hacer dieta como tú juegas bolos, estamos en problemas.

–Más bien pidamos la gaseosa.

–No te la has ganado –dijo Mónica sonriendo.

–Voy a morir de sed.

–Al menos tumba dos y clasificas no solo a la gaseosa sino también a roscón.

–Bueno, aquí van esos dos… –dijo Esteban mientras veía como su bola se iba por toda la mitad de la pista y derribaba todos los pines.

– ¡Uy, tocó gastarte gaseosa y roscón!, ¡ahora sí me endeudé!

 

–Eso le cuento… esa vieja está tenaz –dijo Esteban.

– ¡Pero está divina! –dijo Edgar.

–Pero no le gana a Mónica…

– ¡Ah nooo!, es que a su novia no le gana nadie, eso hay que admitirlo, ni siquiera Marcela.

– ¿Y usted cuándo la vio?, ¿ayer?

–Pues claro, cuando acompañé a Marce a recogerlos al ensayo.

– ¿Y usted cómo supo cuál era Adriana? –preguntó Esteban.

Edgar se puso de pie, se acercó al escritorio de su cuarto, cogió un periódico y se lo pasó a Esteban.

– ¡Tremendo!, no sabía de esta foto… “Adriana Sáenz de la agrupación juvenil ‘Los Cuarenta’ durante su concierto de anoche en Cali” –fue lo que leyó Esteban.



carlosdiazdc

Editado: 15.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar