Monina, Un Amor Musical

El gato y el ratón

EL GATO Y EL RATÓN

 

 

–Y pues eso le cuento –le dijo Esteban a Edgar.

Eran las nueve de la noche del martes, y los dos amigos se encontraban conversando en la habitación de Edgar. El baterista le había hecho un recuento bastante pormenorizado de todo lo que había ocurrido durante el viaje a Medellín, haciendo énfasis en los sucesos que tenían que ver con Mónica.

– ¿Pero entonces en el ensayo de esta tarde sí se hablaron? –preguntó Edgar.

–Le cuento que ella llegó como cinco minutos tarde y ya todos estábamos practicando. Cuando entró, el director le dijo lo que estábamos haciendo y se fue de una para el piano, pero no volteó a mirarme ni nada, inclusive yo creo que al único que saludó fue a Arturo –dijo Esteban sentado frente al escritorio de su amigo.

–Mala cosa… –dijo Edgar apretando los labios.

–Después, en el descanso que hubo, yo la vi que se subió de una para los baños con Patricia, que es como la mejor amiga de ella en el grupo, y no bajaron sino antecitos de volver a empezar…, entonces ni modos de hablarle, además porque no prestaba la mirada –dijo Esteban mientras jugaba con un muñequito que su amigo tenía sobre el escritorio.

– ¿Y al terminar no hablaron? –preguntó Edgar que se encontraba cómodamente recostado contra la cabecera de su cama.

–No, apenas Arturo dijo que habíamos terminado de ensayar, salió corriendo hacia arriba sin despedirse de nadie ni nada, y cuando yo subí al lobby del estudio, ella ya no estaba por ningún lado.

– ¿Pero entonces ustedes no hablan desde el momento que estuvieron en ese chuzo de las arepas en Medellín?

–No, como le dije, esa noche nos devolvimos al hotel en silencio y cuando llegamos cada uno cogió para su cuarto sin decir nada; yo estaba con la piedra afuera y ella ahí como achantada… y pues al otro día nada, cada uno por su lado…

–Embarrada eso… ¿Pero usted qué siente? ¿Qué está pensando?

–Yo no sé…, a mí me fascina, yo la adoro, pero es que esa falta de solidaridad tan verraca, como si prefiriera a ese tipo, y esa manera como se comportó hoy durante el ensayo…, es que ni siquiera dio el más mínimo chance de cruzar una sola palabra…, eso es desilusionante…

–Entiendo… ¿Y esa vieja Adriana qué?

–Adriana bien, muy querida como siempre…, pues saludó y se despidió re bien, pero pues no es que nos hayamos puesto a hablar ni nada.

– ¿Pero todavía anda así como tirando pelota?

–Está calmada, yo sé que ella está dispuesta en el momento que yo quiera…, pues eso creo…

– ¿Pero cuál gana ahí de las dos?

–Pues Mónica…, pero si la cosa sigue así…, yo no sé… –dijo Esteban enfocando su mirada en un afiche de “Los Ángeles de Charlie”.

–Ya… Mire le cuento algo –dijo Edgar mientras se echaba hacia adelante y se acomodaba en el borde se su cama–, yo anoche estuve allá, estaba visitando a Marcela…

– ¿Y cómo va eso? –lo interrumpió Esteban.

–Bien, muy bien…, pero no me interrumpa…, como le digo yo estaba allá visitando a Marcela cuando llegaron del aeropuerto con la mamá y el chofer, y le cuento que su novia venía súper mal, con los ojos rojos…, se notaba que había estado llorando, y nos saludó así toda triste, y claro, Marcela le preguntó que qué había pasado, y ella le respondió que no quería hablar mucho del tema, pero dijo que no valía la pena querer tanto a alguien ni entregarse tanto a alguien, y mucho menos cuando uno estaba tratando de salir de un momento tan difícil como el que ella estaba pasando.

– ¿Verdad dijo eso? –preguntó Esteban jugando nuevamente con el muñequito.

–Hermano, yo no le voy a inventar cosas a usted que es mi mejor amigo.

Esteban se puso de pie y empezó a caminar por toda la habitación.

– ¿Y qué mas dijo?

–Que les había ido súper bien en el concierto, que ella se había sentido demasiado bien cuando le tocó cantar, que eso era lo máximo; que la habían entrevistado al final junto a algunos otros miembros del grupo, y que después le habían hecho una entrevista en una emisora y que por eso usted se había puesto bravo…, pero esto nos lo contó ahí toda triste –dijo Edgar volviéndose a recostar contra la cabecera de su cama.



carlosdiazdc

Editado: 15.01.2021

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