Monster

MONSTER

MONSTER

Nadie se acercaba a Cho. Escuchaba los murmullos de todos en la clase y podía distinguir la palabra monstruo para referirse a ella, Cho era tan callada que muchas veces me pregunté si no era muda. En este mundo donde ser diferente era un castigo divino, Cho dejó de ser una mariposa y se convirtió en una polilla.

El concurso de talentos grupales se aproximaba y como representante del aula me sentía presionada, los chicos de mi salón de clases ¡no tenían nada admirable para participar! Incluso el payaso de la clase, Hideko Satoshi, me había dicho que era capaz de cantar el himno de Japón con eructos, ¿a qué subnormal se le ocurría tremenda tontería?

Esto era serio, el grupo que mejor lo hiciera recibiría un viaje totalmente pagado por la escuela a cualquier zona turística del país, era una oportunidad que no podíamos desaprovechar. Habíamos estado juntos durante tres años, este era nuestro momento, pero con tremendos pelmazos nuestro único talento se reducía a eructos, dibujos de manga o un espectáculo de comedia mediocre.

La vicepresidenta, Madoka Tanaka, intentaba calmar el bullicio de la clase debido a que yo ya estaba harta de lidiar con estos simios. Mis ojos se desviaron al centro del aula, allí estaba Cho Kazuhiko, la chica polilla como adoraban nombrarla a sus espaldas. El nombre de Cho hacía referencia a una mariposa y a los idiotas del salón les pareció gracioso transformarla en algo tan horrible.

Cho era una chica desafortunada, cuando tenía 8 años su casa se incendió debido a un fallo eléctrico, ella logró escapar a tiempo, pero sus padres no corrieron con la misma suerte. A pesar de su instinto de supervivencia la mitad de su cara sufrió quemaduras deformándole la carne y logrando que perdiera la vista de su ojo izquierdo, cuando Cho no usa un parche, tiene un ojo falso de vidrio que luce aterrador.

Cho no habla, permanece muda durante las clases y cuando se va a casa nadie la acompaña al metro; o le preocupa saber cómo se siente al vivir sola. Sinceramente, aunque me preocupa como su representante de la clase, creo que ella es siniestra y aterradora. Prefiero no involucrarme en su vida.

—Sachi-chan, no llegaremos a ningún lado con esto. —me dice Madoka y suspiro con cansancio. Es cierto, estos idiotas ya se dieron por vencidos inmediatamente. Madoka hace una mueca de fastidio y azoto el escritorio con fuerza, podré verme delicada como dicen algunos chicos, pero tengo la fuerza suficiente como para dejar noqueados a la mayoría ya que estoy en el club de judo y soy la líder.

—¡ES SUFICIENTE! ¿Quieren entrar al concurso o hablo con el director para que nos eliminen? Este es nuestro último año escolar y podemos hacer algo juntos sin tener que pagar ni un centavo, ¿están seguros que no quieren participar?

Ya me harté de estos incompetentes, estoy perdiendo la paciencia a pesar de mis lecciones en el judo.

—Oye representante, ¿por qué no opina la muda de por allá? ¿Por qué no le exiges que dé su punto de vista? ¿Acaso se le permite ser una desinteresada solo porque es un maldito fenómeno? —Hideko escupe las palabras venenosas con tanta facilidad que me deja sin palabras, escucho las risas de los demás y observo las miradas evasivas de aquellos que le tienen lástima a Cho.

—¡Satoshi-san! —le reclamo.

—¡¿Qué?! ¡Estoy diciendo lo que nadie en esta aula se atreve a decir, han pasado tres años y la maldita de Kazuhiko-san nunca se involucra! ¡Pasa desapercibida como una cucaracha, ¿y solo por tener la cara quemada?! ¡Eso no le impide hablar o ser útil para esta clase!

Observé el desastre aglomerándose en el centro del aula, me sentí impotente al no poder defender a Cho porque muy en el fondo pensaba de la misma forma que Satoshi. Sabía que todos le teníamos resentimiento ya que siempre parecía ausente, extraña y difícil de entender. Al ser tan diferente nos ponía nerviosos a todos.

—¿Estás oyendo Kazuhiko-san? ¿O ahora has desarrollado sordera también? ¡Te estoy hablando maldita polilla asquerosa! —Satoshi comenzó a golpear con su dedo índice la cabeza de Cho y al no ser escuchado usó toda la mano para empujarla. La chica de larga cabellera negra cayó a un lado de su pupitre, incapaz de alzar la mirada.

—¡Satoshi-san detente de una vez! —le regañé. Las cosas se estaban saliendo de control y si algún profesor o nuestro tutor nos miraba seríamos castigados.

—¡DEJA DE HACERTE LA IMPORTANTE KAZUHIKO-SAN, TODOS TENEMOS PROBLEMAS NO CREAS QUE SOLO POR SER UN FENÓMENO TIENES PRIVILEGIOS, DEJA DE SER UN ESTORBO PARA LA SOCIEDAD, ¿POR QUÉ NO TE MUERES DE UNA PUTA VEZ?!

¡Oye, te estás pasando Satoshi-san! ¡No debes decirle a alguien que se muera como si fuera algo tan sencillo! ¡Deja de ser un completo imbécil!

—¡ES VERDAD KAZUHIKO-SAN, ¿POR QUÉ NO TE MUERES Y DEJAS DE SER UNA PESTE PARA LA SOCIEDAD!

—¡SÍ MUERE DE UNA MALDITA VEZ!

—¡POLILLA! ¡POLILLA! ¡POLILLA! ¡CHO ES UNA ASQUEROSA POLILLA!

La pandilla de Hideko comenzó a decir insultos hacia Cho y algunos alumnos de la clase siguieron las aberraciones y se unieron al ostracismo. Cho permanecía en el suelo, luciendo débil como una oruga. Me sentí impotente y justo cuando mis pies comenzaron a moverse pude escuchar una melodía dulce que parecía provenir de un ángel.



Cyanide Pill

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En el texto hay: lesbianas, violencia escolar, discriminacion

Editado: 19.05.2020

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