Murmaider

04 : Vivir fuera del agua

Mudo, Ariel intercambio miradas con Sebastián, quien trago y negó violentamente con la cabeza.

—¡Quiere matarnos!, ¡Nos entregará a ese gordo patán y su enorme cuchillo!

Ariel lo silencio con un dedo sobre sus labios, no conocía al hombre sin embargo el que el cangrejo temblara de miedo y entrara en pánico lo llenaba de incertidumbre. —¿Qué clase de trato?

—Uno que te conviene— masculló el hombre haciéndola de emoción como si Ariel lo necesitara o tuviese los nervios para tolerarlo, fingiendo un bostezo batió las pestañas rápidamente.—Estas aburriéndome...

El hombre un poco desconcertado enarco una ceja y continúo:

—Te propongo asistirte en tu búsqueda, incluso te proporcionare lo necesario y compartiré la información que poseo sobre el príncipe Eric.

Ariel se congeló al escucharle, tentado.

—¿A cambio?

—Primero, que bajes...

Chasqueando la lengua la desconfianza brilló en la escena como una trampa.

—Claro y luego tú podrás atraparme.

—No voy a hacerte daño, tendrás tus libertades acorde a nuestro trato.

—¿Y se supone que es aquí donde digo yeah?, ah, ah, lo dudo.

El tipo pareció exasperarse.

—Te doy mi palabra yo nunca rompo una promesa.

—¿Nunca?

—Nunca.

Atrapando el labio inferior el pequeño tritón pensó en las opciones con el viento meciéndolo bajando la cabeza estaba seguro de poder aguantar al menos dos días arriba antes de desmayarse o perder las fuerzas sin embargo un vistazo al tembloroso Sebastián intentando calentarse en su bolsillo debilitó un poco su resolución.

—Bien, pero debes darte la vuelta y dar diez pasos, cuando llegues al decimo yo estaré abajo.

El ojiverde se dio la vuelta con la espalda recta empezando a andar con pasos largos contando en voz alta.

—Diez

El escalofrío que recorrió la espalda de Ariel mientras esperaba en silencio.

—Bien, es mucho más cómodo de esta forma— cruzando los brazos sobre el pecho Ariel aguardo con los pies separados listo para correr.—¿Entonces?, estoy esperando— maldijo mentalmente el temblor en su voz.

Sin responder tomándolo por sorpresa el pelirrojo ahogó un grito ahogado cuando se encontró con el tipo corriendo hacia él, más alto llegó a él cuando apenas se había dado la vuelta. Ariel espero todo, el sabor de la tierra en la boca, el dolor al impactar su cuerpo contra el suelo pero no la sensación de unos dedos cerrándose como garras sobre su entrepierna como si intentara trazar la forma exacta de sus pelotas y exprimir todo su jugo hasta convertirlas en pasas.

—Eres un hombre.

Ariel chillo agudo empujando un puñetazo que impacto con éxito en la mandíbula ajena, el cuerpo del pelinegro se desplomo hacia el frente.

***

Alisando los pliegues de su vestido Ariel espero echa un ovillo sobre la esquina temblando helada. Por el rabillo del ojo el destello sobre la ventana le indico que no se encontraba sola. El hombre miraba directo a la luna. Un suspiro de pena hinchó su pecho al tiempo que intentaba hacerse más pequeña y protegerse del viento. La chimenea la invitó a acercarse sin embargo el que el hombre se encontrase entre ella y la fuente de calor fue suficiente para mantenerla en su lugar.

¡Su padre!, el miedo la llenaba cuando pensaba en él. El tridente y el soberano del mar estaban intrínsecamente unidos, el rey dependía del artefacto y el artefacto se comportaba en sus manos, la catástrofe comenzó cuando lo vio caer envuelto en una nube de su propia sangre, con los ojos vacíos y la mueca de sorpresa y dolor, ella no consiguió moverse lo suficiente rápido, antes de que lograra tocarlo ya estaba muerto, la sangre de su padre como la de los peces flotaba con luz propia drenando el color de su aleta.

—¡Padre!—Gimió la sirena apretando las rodillas y cubriendo su rostro, entonces el desconocido le llamo; "Ariel" dijo suavemente como un latido de corazón, la invitaba a unirse a él, a alejarse en busca del destino y ella sabía que debía seguirlo.

Su magia le recordaba bastante a la de Úrsula, oscura y cruel, incluso en la forma en la que conseguía sus nefastos contratos. Entre los dedos de su raptor se encontraba un pergamino dorado con el puño y letra de la bruja de mar. Aunque Ariel la vio morir ahora albergaba muchas dudas, la idea de que se encontraba asechándola, atormentándola cada paso nunca dejaba su mente.



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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