Murmaider

13: Casas de cristal

Temblando el párpado superior del ojo derecho Ariel recibió la mañana levantando su dedo medio al sol que iluminaba de a poco la habitación. 

—Hijo de puta.—Gruñó sin decidirse a dirigir aquello a Ian o al astro. Sentado en la cama sus ojos se clavaron en el cuerpo que dormía entre las sábanas. Apretando la boca hizo un puchero, él no había podido dormir en toda la noche manteniendo la guardia, casi esperando algo para...¡Nada!, sacando una delgada pierna del calor de las mantas empujo con fuerza el cuerpo de Ian hasta hacerlo caer de la cama.

—¡Ough!— En un parpadeo el moreno desapareció por el borde.

—Namaste, Ian.—Susurró en una fingida pose de estiramiento que no convencía a nadie levantándose presuroso para huir al cuarto de baño.

Escuchó contra la puerta con el corazón bombeando duro contra su pecho el ruido que hacía Ian al levantarse, arrastrándose para sentarse en la cama y luego sus pasos saliendo de la habitación. Negándose a aceptar lo que le arrebató el sueño:

Ariel tenía miedo y estaba empezando a entender lo que realmente sentía por el soldado.

Eso agregaba...eh, más miedo.

Deseaba preguntarle, cogerlo del cuello de su camisa y exigirle respuestas mientras lo media con la mirada como si aquello no le hubiese afectado más que a su orgullo, sin embargo meterse en su papel de bravucón le estaba resultando terriblemente difícil.

Finalmente cuando se decidió a preguntarle tras reunir algo de coraje, era cerca de medio día, ayudando en los pendientes de la casa. Ariel se secó las manos buscando con la mirada al pelinegro encontrando a punto de salir. Respirando hondo Ariel se peino con los dedos los mechones del fleco y avanzó hacia la puerta.

—I, Ian— se aclaró la garganta odiando la forma en la que su voz tembló, mirándose los pies arrancó la timidez lanzando una mirada ceñuda.—¿puedo hablar contigo?

Ian se veía tranquilo, su postura estaba un poco más recta, ocupado acomodando la capa café sobre los hombros aguardo haciendo un sonido con la garganta para que continuara.

Ariel se sintió cohibido y un poco aliviado de que Ian no clavara su potente mirada en él.—Sobre anoche...

—Sobre eso quiero disculparme.—Se apresuró a contestar en un perfecto tono cortés, inclinando un poco la cabeza, Ian realmente parecía apesadumbrado...y con resaca.—Estaba ebrio, bebí de más y me metí en tu cama. No era mi intención.

Ariel parpadeo herido, apretando el estómago al cruzarse de brazos trato de no hacer caso a la sensación helada que comenzó a formarse.— y el beso...

Las cejas de Ian fueron todo lo que el pelirrojo necesito ver, levantándose sorprendidas.—¿Beso?

Los grandes ojos fijos de Ariel se abrieron como platos y sin querer el pelirrojo lo miró anonadado. Si Ariel tuviese que decir algo, la imagen de Ian gritaba que no recordaba nada. Perdiendo su confianza, su nuez de Adán bombeo un par de veces.—¿No lo recuerdas?—Preguntó con un hilillo de voz.

Porque Ariel aun podía sentir el rastro caliente y suave sobre los labios y la sensación extraña y excitante dentro de su boca.

Ian se echó hacia atrás y pareció hacer memoria, apretando la boca Ariel se rindió. No quería pensar en eso. —Olvídalo.

Susurro, incluso aunque Ian de verdad no lo recordaba, si lo hacía estaba negándolo ahora. Nada cambiaba eso, bajando los hombros, se alejo del pelinegro como si su presencia quemara.

—Tenemos que salir a investigar, ahora que te encuentras bien de salud.

La voz de Ian lo desperezo, recuperándose un poco del aturdimiento, se dio la vuelta ocultando su rostro hasta tener todas las piezas encajadas en su lugar. Asintiendo.— Iré por mi abrigo—Susurró tomando la cazadora negra que siempre llevaba aferrándose a la pieza fría. Su primer beso que en un principio tuvo un sabor agridulce se volvió un amargo recuerdo.

La distancia entre los dos vuelve a establecerse.

...

Sentando cerca del pozo Ariel pasó la mano por la apretada lana de ovejas, cuidando de que ninguna máscara sus ropas. Intentando convencerse de que no le importaba lo que Ian le hizo o lo que pensaba de él. Manteniéndose callado, ahora más que nunca necesitaba avanzar en su tarea y terminarla lo más rápido posible, con eso podría alejarse de una vez por todas de Ian. Aunque la realidad era que no quería irse. Porque no tenía un lugar al cual regresar.

Al escuchar pasos acercándose a donde se encontraba levantó la cabeza encontrando a Ian exasperado caminar hacia él.



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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