Nacidos entre las sombras, Libro 1.

Capítulo Diez.

Lazos.

 

El Alfa fue llevado al hospital... Todo el mundo pensaría que dado lo que somos, no podríamos ser atendidos en un hospital humano. Pero, también, contrario a la creencia popular, en este lugar existen muchos de los de mi raza. Por lo tanto, no fue necesario hacer nada en la oscuridad, o hacernos cargo de los doctores que le atendieran.

 

Me hicieron esperar en una sala de espera privada, los Centinelas se unieron a mí después de comprobar a conciencia la seguridad del lugar. Seguía dándole vueltas a esa cosa, que me había rozado el brazo hacia unas horas, estaba agotado, no había dormido, prácticamente nada.

 

—Señor Von der Rosen, aquí tiene— Uno de los Centinelas me entrego una tableta electrónica. –Esto es lo que muestran las cámaras de seguridad.

 

En realidad, tenía terror de ver el video y darme cuenta de lo que esa cosa era. No me di cuenta cuando rosé la pantalla para que el video se reprodujera, en la imagen estaba el Alfa, revisando archivos, firmando cosas, todo completa y absolutamente normal. De pronto algo debió alterar sus sentidos, pues levanto la cabeza de golpe.

 

“—Por fin te encontré Taftian.”

 

La voz de una mujer se escuchó de pronto, pero no había imagen de ella.

 

“—Henrriette.”

 

En la voz siempre uniforme del Alfa note una emoción que no me gusto, sorpresa. Lo cual me indicaba que ellos se conocían, eso definitivamente no podía ser algo bueno.

 

“—Te dije que te encontraría Taftian, no vas a hacerle más daño, es tiempo de que sepa la verdad.”

“—¡NO!”

 

Las cosas dentro de la habitación vibraron con el grito del Alfa.

 

“—¿No? Ya por muchos años has impedido que me acerque a él, eso se termina hoy.”

“—Nunca podaras recuperarlo, tu renunciaste al él día que te involucraste con los Cazadores, tú lo perdiste, así que déjalo vivir”

“—¿Dejarlo vivir? De modo que él no lo sabe… ¿No le has dicho? ¿No sabe quién le salvo ese día? O ¿Quién evito que perdiera su cordura esa noche?”

“—Él no sabe nada y así se quedará.”

“—¡Maldito-hijo-de-puta!”

 

La sombra se abalanzo sobre el Alfa con una velocidad tal que él no pudo repeler el ataque, una fina hoja de acero, se vio como un destello en la mano de la mujer. La hoja hizo un sin fin de cortes y puñaladas en el cuerpo del Alfa, pero parecía que él no quería defenderse, quizá no podía. Debía de estarlo controlando de algún modo, pero, ¿Cómo?

 

Ver lo que esa mujer le había hecho al Alfa, a mi padre sin que nadie hubiera podido hacer nada… Hizo que el estómago se me revolviera. Puse fin al vídeo, sintiéndome más furiosos que antes.

 

—¿Quién carajos es esa Henrriette?

—Nadie lo sabe señor.

—El Alfa dijo que se enredó con los Cazadores… busquen en la base de datos que tenemos de los Venántium, en algún lado tiene que aparecer esa maldita.

—Como ordene señor.

 

Una vez que el Centinela desapareció de mi vista, sentí que se me cerraba el aire a los pulmones, dejé la tableta en el sillón y me puse de pie. Tal como aria un autómata me acerque a la ventana, la ciudad seguía su vida cotidiana. Gente yendo y viniendo, Lobos Humanos, todos ellos interactuando, sin saber de nosotros.

 

Así deberían de seguir las cosas, así, en completo silencio detrás de las sombras del mundo. Si eso hubiera permanecido de ese modo, los jodidos Cazadores nunca habrían aparecido. Pero allí estaban, y esta mañana habían intentado quitarme a uno de los seres más importantes.

 

—Centinela— Dijo una voz femenina a mi espalda.

—No soy un Centinela.



C. L. Hoffnung

#885 en Fantasía
#618 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: lobos, magia fantasia

Editado: 07.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar