Nacidos entre las sombras, Libro 1.

Capitulo Veinticinco.

Batalla

 

Michael Voltton me gruñía mostrándome sus colmillos, de vez en cuando los remojaba con su rosada lengua, podía ver el enorme esfuerzo que hacía para quedarse en su lugar, estaba ansioso de pelear, de demostrar que era merecedor de ser el líder. Por un segundo pensé en que quizá debería ser líder, finalmente lo que habían planeado se había realizado… la raza humana sabia de nuestra existencia.

 

¡No! ¿En qué mierda estaba pensando?

 

Si, los Humanos sabían de nosotros, pero seguro como que estaba parado en mis cuatro patas que este hijo de puta, trataría de someterlos y gobernarlos... no, no podía permitir eso. No podía permitir que destruyese lo que por tantos siglos nos tardamos en levantar, tanto Lobos como Humanos.

 

Le mostré mis colmillos sintiendo el gruñido que salía de mi garganta, solo incliné la cabeza ligeramente sin perderlo de vista. No pensaba ser yo el que diera el primer mordisco, es una ley de la guerra que el que ataca primero pierde. Voltton comenzó a moverse lentamente, girando en círculo, buscando un punto débil, un punto ciego, para saltar a mí yugular. Pensaba que sería algo fácil y rápido.

 

De pronto vi como sus patas lo impulsaban en un salto hacia mí, sus colmillos estaban dirigidos a penetrar en la piel de mi cuello. Me gire saltando hacia un lado, gire mi cabeza para alcanzar una parte de su cuerpo y acerté a morderlo en un costado, justo detrás de su pata delantera. Chillo y torció más su cabeza, pude sentir su aliento en mi oreja, trate de alejar mi cabeza, Pero alcanzo a morder la punta de una de mis orejas, era doloroso, pero para nada era mortal.

 

Sip, me dolía… mucho, pero no pensaba ceder en esto. Así que apreté más mis mandíbulas y sentí como mis colmillos rompieron piel y músculo, el gusto a sangre inundo mi boca, y entonces supe que estaba en peligro… Sabía que la sangre que es probada en batalla puede hacernos caer en la lujuria de sangre, que afecta a uno de cada cuantos de mi raza.

 

Somos depredadores, vivimos para esto, amamos momento como este y él sabe que has hecho sangrar a tu enemigo, da un poder como ninguna otra cosa lo aria.

 

Pude sentir una neblina roja que se alzaba peligrosamente rápido en mi mente, sacudí mi cabeza obligándolo a soltar mi oreja, y salte arrastrándolo conmigo hasta que sentí su piel romperse y desprenderse, escupí el pedazo de carne y pelos sanguinolento que me lleve en el hocico.  Pero Voltton no se intimido, en un grito inesperado se abalanzo de nuevo contra mí, golpeándome con su enorme cabeza en mi costado, lo que me dejo si aliento por un par de segundos, hecho que sin duda aprovecho para tomarme por el cuello y comenzar a apretar sus fauces.

 

Pude sentir como cortaba el aire a mis pulmones, dejé caer la parte delantera de mi cuerpo al suelo, comenzando a girar, era una posición menos vulnerable, pero tenía que romper el agarre que tenía en mí. Lo obligue a girar conmigo, haciendo que fuera metiendo su cabeza entre el suelo y mi cuello. Esto me permitió poner la pata sobre su cabeza para ayudarme a alejarlo de mí, sus dientes se hundieron un poco en mi piel, pero solo me hizo un corte.

 

Pude sentir su furia crecer, creía que ya había vencido y no fue así.  Se levantó en sus dos patas, tratando de caer nuevamente sobre mi cuello, lo recibí levantándome sobre mis cuartos traseros. Ambos tratábamos de alcanzar un pedazo del otro, con su colmillo rasguño mi nariz. Mientras saboreaba mi sangre, lo alcance del cuello. Era mi turno de someterlo, comencé a asfixiarlo. Inclino su cabeza, del mismo modo que yo lo hice, pero logre subir mi pata a su lomo y con ello quede en una mejor posición. Sentí un ardor en mi pata delantera, el hijo de puta me la había mordido.

 

Si yo no lo soltaba rompería mi pata, bien, soportaría traer un cabestrillo por unos días. No podía permitir que este hijo de puta quedara en pie, no iba a ganarme, nadie más debería poder hacerlo. Apreté más mi hocico en su cuello, de nuevo el gusto a sangre me ataco. Comencé a sacudir mi cabeza con fuerza, más de la necesaria, al mismo tiempo que piel y pelo quedaba en mi hocico, sentí los huesos de mi pata romperse, y sentí como desgarraba piel, músculo e incluso como la sangre brotaba de la herida.

 

Se alejó de mí un poco para lamer las heridas que lograba lamer, sangraba más que yo manchando su pelo y el suelo con su sangre. Me apoye en mis tres patas levantando la que me había roto, sabía que solo estaba haciendo tiempo, cuando Voltton inclino su cabeza un poco para lamer una herida brinque hacia él.



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: lobos, magia fantasia

Editado: 07.11.2018

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