Neblina Púrpura | Trilogía Inmortal I

Capítulo 2 | El trato

Me desperté sobresaltaba. Me encontré sentaba en el colchón antes de siquiera abrir bien los ojos. Examiné mi alrededor, reconociendo la habitación que llevaba ocupando desde hacía cuatro días. Hilos de luz se colaban entre los espacios de las persianas, el reloj en la mesita de noche marcaba las ocho de la mañana y mi cuello continuó quejándose por el golpe.

Preguntándome cómo había llegado ahí, hice a un lado las sábanas y me levanté. Vestía mi pijama habitual, una cómoda bata que terminaba a medio muslo. Un ruido provino del otro lado de la puerta. De la gaveta saqué una pistola que guardaba en caso de emergencia.

Escaparía. No sería parte de sus planes.

Al correr un poco la persiana para ver hacia el exterior, divisé a Ian custodiando la entrada mientras Bryan y Andrés monitoreaban el perímetro. Volver a saltar de la ventana no era opción. Lo que me quedó fue salir al pasillo y evaluar la situación.

El aroma de Josh y Paula estaba por cada rincón. Bajé las escaleras sin novedad, donde al final de las mismas empecé a oír una persona cantando en la cocina. Me distraje y pisé por accidente un envoltorio. Noté que había varios esparcidos por la superficie de madera.

De la cocina apareció Josh como perro por su casa, en calzoncillos y con un vaso de agua en las manos. Tenía aspecto de recién levantando, amaneciendo extrañamente más parecido a su hermano.

—Buenos días, dormilona —dijo—. No te importa que nos hayamos instalado en su lindo hogar, ¿o sí? Al fin y al cabo somos casi fami-

Le apunté con el arma.

Alzó una de sus manos riéndose.

—Por favor, Vanessita, ya hemos pasado por esto. Deja de jugar al gato y al ratón. Acéptalo, no importa lo que hagas, eres parte de nosotros y, quieras o no, nos ayudarás de traer a Drake de regreso.

Con el «ya hemos pasado por esto» se refería a la semana siguiente del ataque, donde los papeles estuvieron invertidos. Después del incidente, desperté en mi cama tomando el recuerdo como un mal sueño producto de la decepción. Los días próximos mi humor empeoró, me irritaba por cualquier pequeñez y el exceso de luz me molestaba la vista. Llegué al punto de tirarle el pupitre a una compañera que me empujó por error. Asustada, sin entender lo que me pasaba, huí de la escuela hacia la seguridad de mi hogar. Ahí fue cuando, de una camioneta que me interceptó, se bajaron dos hombres, uno de ellos Josh. Como me resistí, perdió la paciencia y me disparó en el hombro con una bala de plata, donde la agonía acabó por noquearme.

—Lo recuerdo perfectamente, solo que estás son balas de mercurio. —Quité el seguro—. ¿Te gustaría probar cómo se siente que perforen tu cráneo? A esta distancia no fallaría.

Su máscara de diversión tembló, pero se las arregló para forjar una sonrisa. Comenzaba a dudar de la imagen que tenía de mí en su mente. Todavía no captaba que yo era alguien completamente diferente. El dolor cambia a las personas.

—Admito que me impresionas, ¿se las robaste a un cazador calenturiento?

—Aléjate de él —exigió una voz femenina a mis espaldas.

Di unos pasos hacia mi costado, donde, habiendo pisado la sala, giré para tener a ambos en mi campo visual.

La mujer era delgada, de estatura promedio. Su cabello corto preservaba su tonalidad oscura natural, pero con reflejos rubios. Sus ojos grises de nube de tormenta eran el punto de enfoque de su maquillaje, enmarcados con abundante delineador y sombra negra difuminada. Su piel estaba más blanca que la última vez que la vi, su expresión menos alegre y su ropa más ajustada y reveladora.

Que Paula, la que fue mi mejor amiga en mis días con la manada, se encontrara en medio de la escena complicaba las cosas. No podía dañarla. Jamás se portó mal conmigo.

—Vete —ordenó Josh—. Esto es entre tu amiguita y yo.

El toque humorístico percibido por el castaño se había esfumado. Adoptó una posición seria, más precavida ante mis posibles acciones. Colocó con cuidado el vaso en una mesa ubicada a su alcance.

Paula, también dejando de ser la sumisa que recordaba, ignoró la orden. En lugar de ello, caminó hacia la línea de fuego y se paró entre Josh y yo, convirtiéndose en una pared humana. No detallé ni una pizca de titubeo o miedo en su mirada. De hecho, lo que reflejaba era estar dispuesta a todo, incluso a sacrificarse por Josh.

—Quítate del medio —siseé.

—Hablo en serio, vete.



DianaMN

Editado: 01.09.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar