Neblina Púrpura | Trilogía Inmortal I

Capítulo 5 | Mal presagio

Experimenté una sensación extraña al volver a ocupar mi antiguo cuarto, el cual compartía con Paula. Se trataba de mi nueva yo en un espacio que traía recuerdos de mi ser anterior. La cantidad de lágrimas derramadas sobre la almohada, los trasnochos de estudio, las risas liberadoras con mi amiga. Me sentía fuera de lugar, pero a la vez como en casa.

Tuve bastante tiempo para estar sola con mis pensamientos, en donde hallé una botella escondida en mi bolsa de cosméticos. Me encontraba acabándola cuando Paula regresó ya entrada la noche. No hice preguntas sobre dónde había estado, porque la respuesta fue obvia. Llegó reclamándome por haber peleado con Corinne, por complicarle la vida a Josh. En vez de soportar el regaño, como lo hice con su amante, preferí retirarme de la recamara.

Las alcobas de los miembros de los Cephei, tanto puros como impuros, se ubicaban bajo tierra; accesibles mediante ascensores que requerían una contraseña. Los demás, los forasteros enviados de otras manadas para formarse, habitaban en dos edificios; uno para los puros y otro para los impuros, perpendiculares al principal. La propiedad, englobando también la cúpula que servía como comedor y las aéreas verdes, se encontraba rodeada por un muro con torres de vigilancia en cada esquina y en la mitad de cada lado. La fachada para el exterior, para la sociedad humana, era que servíamos como un retiro espiritual exclusivo y costoso. Estábamos en medio del bosque, a cincuenta kilómetros del pueblo más cercano.

Me encaminé hacia la torre oeste, maniobrando entre los murmullos que se producían a mi alrededor. Iría a visitar a Amanda.

El horario diario estaba distribuido de tal manera de mantener la actividad constante en el recinto. Se podía almorzar a la medianoche, o tener clases a las tres de la madrugada; dependiendo del itinerario de cada quien. Por ende, a esa hora, había movimiento.

Yo era la comidilla de todos. Mi partida generó rumores y mi retorno obtuvo un resultado similar. Desde: Huyó porque no soportó ver a Drake con Corinne, y ahora regresa para volver a engatusarlo. Se dio cuenta que afuera la vida no es tan fácil; hasta: Fue corrompida por los vampiros y rescatada hace poco. No es de fiar. No me afectó porque no tenía que demostrarle nada a nadie. Lo que llamó mi atención fue que actuaban como si Drake continuara ahí y no secuestrado, justo como la impresión que me había dado Corinne.

Custodiando la entrada de mi destino, se encontraba un sujeto de bigote canoso y ligera panza. Cuando sonrió al verme, supe que, a pesar de llevar el cabello un poco más corto que antes y flequillo, me reconoció.

—Vanessa Schuster, la impura más famosa de los Cephei.

—Jasper, el cuidador más simpático de los Cephei.

Se podía contar con los dedos de las manos el número de personas que conocían de la existencia de Amanda y se preocupaban por su bienestar. Jasper era uno de los más viejos de la manada y por ende ocupaba un cargo tranquilo dentro de las instalaciones. Era un buen tipo.

—Es bueno verte. A Amanda le ha hecho falta tu compañía —dijo.

Buscó por un instante una llave entre las muchas en su llavero. Introdujo la correcta en la puerta para remover el seguro. La abrió para mí y luego se apartó para dejarme pasar.

—Hoy no tuvo un buen día —añadió.

—Lo tendré en cuenta. Gracias.

Era una estructura de piedra que, a diferencia de los otros espacios, estaba iluminada por antorchas en las noches y en los días por la luz natural que ingresaba por las ventadas; no dependía de la electricidad. Existía un ambiente fresco perfumado por las preciadas orquídeas de Amanda. Para alcanzar los niveles se utilizaba una escalera en espiral unida a la pared.

Descendí por ellas. Mi camino se vio interrumpido por una puerta de madera entreabierta. Fue como si me estuviera esperando.

—¿Amanda?

Había una música instrumental puesta; de esas que te hacían pensar en una cascada y en un amplio campo lleno de flores. Solía colocarla para apaciguar las voces. Su habitación era el doble de la mía, decorada por muebles pintados de blanco y colores pasteles. Ella se encontraba en el medio de la misma, en una mecedora, sobre una alfombra hecha por sus manos, tejiendo. Su cabello lo tenía cortado hasta lo hombros.

Me senté frente a ella, aún sin haber captado su atención.

—Amanda —la llamé en un segundo intento.

Hizo un gesto con la mano en torno a su oído, como si estuviera espantando mosquitos. Después, continuó con su trabajo. Parecía tratarse de una bufanda turquesa.

—Amanda, soy yo.

Me estiré y puse una mano en su rodilla. Provoqué que alzara la mirada. Las alargadas agujas se detuvieron. Quedó paralizada.

—¿Vanessa? ¿Mi Vanessa? —preguntó en un susurro.

—¿Quién más, Amanda? —sonreí levantándome.

Soltó un gritito y el tejido acabó en el piso. Vino hacia a mí y me abrazó. Sin dudas se lo devolví, con unas ganas iniciales de llorar un poco. Era un par de centímetros más baja que yo, detalle que estúpidamente me recordó a Drake.



DianaMN

Editado: 01.09.2020

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