Neblina Púrpura | Trilogía Inmortal I

Capítulo 15 | Merecer

El abatimiento ensombrecía mi alma. Me arrepentía de haber confiado en el trato con Josh. Me dolía haberme dado cuenta de lo estúpida que fui por arriesgar mi vida para salvar la de Drake, cuando él no lo merecía. Fui una imbécil una vez más, cegada por los sentimientos que, lamentablemente, continuaban habitando en mí.

Quería golpear a alguien hasta dejarlo inconsciente. Quería permitir la combustión de la decepción, frustración y rabia para luego ahogarla con alcohol. Necesitaba ayuda para sobrellevar esa situación, o terminaría de pudrirme. Maldije el instante en el que acepté regresar. Ahora no sabía hasta cuándo tendría que soportar esa tortura ni si algún día llegaría a su fin. Podía intentar huir, pero era consciente de que no sería tan fácil como las demás ocasiones. No iba a poner ni respirar sin que Drake lo supiera.

Me quedaba ocupar mi tiempo en cosas productivas; como maquinar mi venganza contra Drake, o planear la absolución de Alan, hasta poder encontrar una oportunidad y aprovecharla. Conforme avanzaba hacia las celdas de los Cephei, fue obvio en qué me enfocaría primero.

La manada encerraba a sus prisioneros en celdas a veinte metros por debajo de las instalaciones subterráneas. No era común tener retenidos; a menos que se tratara de sujetos importantes por interrogar, miembros esperando una sentencia de castigo, o un impuro recién llegado con vínculo de conversión. El ascensor se abría en un pasillo largo, en cuyo final había dos guardias armados. Ese era uno de los trabajos más aburridos y menos codiciado entre los puros, por lo que solían dejárselo a los jóvenes que buscaban aprobación.

Uno de ellos, la chica, me preguntó mi nombre. Al dárselo, me permitió el paso de inmediato. Deslizó su tarjeta por el sensor y la puerta blindada se abrió. Después de indicarme el número de celda, los dejé atrás.

El ambiente era tan frío que incluso pude percibirlo. Yo ya había estado ahí un par de veces, comenzando el día que me trajeron a la manada y me mantuvieron encerrada por varios meses para romper mi conexión con Drake. Empecé a cuestionarme si de verdad en aquel entonces el lazo se deshizo, o si Los Tres se equivocaron. Lo que él provocaba no podía ser normal.

Alcancé la celda de Alan y abrí la ventanilla embarrotada para verlo. En esta habitación de tres por tres; con solo una cama, inodoro y lavabo, estaba Alan sentado sobre el colchón. Tenía su espalda pegada de la pared, con las piernas pegadas a su pecho y el mentón apoyado de sus rodillas. Bajo ese bombillo demasiado brillante para permitir dormir, noté su vestimenta limpia, pero también su mirada triste y perdida.

—Alan —lo llamé cuando no levantó ni la vista ante mi llegada.

—Quizás está bien que me maten. Hice cosas horribles y merezco pagar por ellas —dijo.

—Entonces todos, empezando por Drake, deberían morir. Bryan, Josh, Ian y yo igual.

Me destrozaba hallarlo así. Confirmé mis sospechas de que la culpa lo estaba devorando. Había perdido los papeles y era imposible enmendar sus acciones, sin embargo, darse por vencido también significaba dejar que la bestia en su interior ganara. Yo colaboré para permitir su escape, así que de igual forma recaía en mí ayudar a combatirla.

—No lo entiendes, Vanessa. Me volví adicto a la sangre. No me han dado ni una sola gota desde que regresé y he estado bebiendo de mí mismo para no enloquecer. Soy un monstruo.

Me mostró la parte interna de su brazo izquierdo. Había varias heridas a lo largo de la extremidad, unas más profundas y recientes que otras. No fue su decisión estar en aquel estado y eso fue lo que más me indignó.

Un monstruo no estaría sufriendo por el daño que ocasionó y definitivamente no aceptaría morir para librarse del remordimiento. Yo veía esas cosas y haría que los demás también lo hicieran.

—Podrás superarlo. Podemos hacerlo juntos —aseguré—. Sé que sabes sobre mi pequeño problema con el alcohol. Tal vez tú puedas ayudarme con él.

—Ya tienes suficientes problemas como para hacerte responsable de mí —contestó—. Creí que ya estarías lejos.

—Resulta que Drake tiene otros planes.

Ante eso, giró su cuerpo hacia mí. Sacó las piernas fuera del colchón y se apoyó con las manos del borde de la cama.

—¿No dejará que te vayas, cierto?

—No hasta que supuestamente sea seguro para mí.

—Es un maldito.

Era eso y mucho más. Así como en el pasado sentí que cada día mi amor por él crecía, el efecto continuaba siendo igual, solo que con el sentimiento opuesto. Mi rencor se alimentaba con cada instante que transcurría.

Intuí que Alan debía considerarme una ingenua por arriesgar tanto por el castaño, por las aberraciones que realizamos a fin de rescatarlo. Sin dudas no podía contarle que tuve que pedirle permiso para verlo y si, por el contrario, hubiese decidido huir minutos después de despertar en la enfermería, lo más probable es que ya estuviera a kilómetros de ahí. Sin embargo, la consciencia no me hubiera permitido existir.

—Concentrémonos en ti, ¿sí? Voy a convencer a Samuel para que retire los cargos. Con su apoyo no te ejecutarán.

Se puso de pie. Caminó hacia mí para detenerse justo del otro lado de la puerta, con su rostro ocupando todo el espacio de la ventanilla. Sus ojos contaban con un suave tono rojizo. Detecté las ojeras y las pequeñas venas resaltantes por su palidez. También parecía más delgado.



DianaMN

Editado: 01.09.2020

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