Neblina Púrpura | Trilogía Inmortal I

Capítulo 25 | Atadura

Me encontré con Amanda sentada en el suelo junto a la entrada de mi habitación. Tenía un vestido azul de fiesta, descalza, y trenzaba sus mechones grisáceos. Alzó la vista para observarme con sus misteriosos ojos cuando estuve a unos pasos.

—No deberías estar aquí. Lisa se molestará si sabe que saliste sola —dije tomándola de las manos para ayudarla a levantarse.

—No me has ido a ver, así que yo vine a ti —susurró. Se apartó y me dio la espalda para abrir la puerta—. Hablemos en tu recamara, llevo tiempo sin entrar en ella.

No esperó que aceptara para ingresar. Dio un rápido vistazo por el lugar y se acomodó en la cama de Paula, justo como la vez que la conocí. Fui tras ella y cerré la puerta. Era mejor que nadie la viera.

—Lo siento, recién regresé y este par de días han sido… complicados.

—¿Tan complicados como para ir a una fiesta en esas fachas y beber al punto de tambalearte al caminar?

—Exacto. —Me acosté en mi cama—. ¿A dónde fuiste tan arreglada?

—A ningún lado. Este es el vestido que Lisa se iba a poner mañana y creí que era justo por lo menos estrenarlo antes de deshacerme de él.

—¿Cómo que deshacerte de él?

—Ella no debe ir a esa ceremonia. No debe, no debe. —Mantuvo la respiración por un instante, esfumándose la sombra de locura que atravesó por su rostro al volver a exhalar—. Y tú no debes sufrir porque no habrá boda.

Impulsándome con los codos, me senté.

Yo era testigo de sus aciertos. De las veces en las que se perdía en su propia realidad a murmurar cosas aparentemente sin sentido, pero que más adelante lo tenían. Por eso la sofocante presión en mi pecho, allí desde la anticipación de la unión, se apaciguó con sus palabras.

Drake necesitaba casarse si quería ejercer, y debía hacerlo ahora que Corinne cargaba a su hijo en el vientre. Eso era lo requerido por las reglas y por su obligación de responderle a la rubia. Yo sabía lo que significaba ser abandonada con un bebé, por lo que no podía deseárselo ni a mi peor enemiga. Sin embargo, mi lado masoquista y egoísta, aquel que se aferraba a las lindas memorias que forjé con Drake, se esperanzó en que la dejaría por mí.

—No pongas esa cara, mi niña. No será por las razones que crees —agregó cortando mi ilusión—. No sé si es mejor que se case, solo puedo asegurar que esa cancelación traerá muchos peligros.

Había preocupación en ella, y nunca se expresó con tanta seriedad.

—Explícame más —pedí. Fui hasta ella y ocupé el espacio a su lado, sujetando sus manos—. Por favor.

—No tengo más que decir.

No me molesté porque ya lo había hecho en indeterminadas ocasiones. Estaba consciente de que si Amanda no revelaba todo era por algo. Que el universo mueva los hilos de los vivos a su voluntad y me deje echar un vistazo, no me da derecho de contar más de lo permitido, fue su excusa cada vez que insistí.

—No será fácil que te libres de él —añadió luego de un momento.

—No entiendo qué es lo que vio en mí, ni por qué lo mantiene interesado. ¿Por qué no se resigna a casarse con ella y me deja en paz?

La voz me tembló un poco al final. No dejaría plantada a Corinne en el altar por mí, mas no se rendiría conmigo. ¿Qué eran esas otras razones, y por qué temí imaginármelas?

—¿Te has puesto a pensar que lo único en su vida espontáneo ha sido tú? En su vida todo fue planeado, y él mantuvo el orden y obedeció las reglas como se lo exigieron. Incluso le criaron una novia y arreglaron su boda. —Alejó las manos y me agarró de los hombros. La miré—. Cuando te mordió en esa noche de rebeldía, por primera vez se sintió asustado de verdad. Después te conoció y continuaste sorprendiéndolo. Debías odiarlo porque te arrebató tu vida. Eras la prueba de su falta y por eso quiso odiarte también, pero no pudo. Al final elegiste estar a su lado sin tener la obligación de hacerlo.

Quedé muda ante su punto de vista, ya que nunca lo vi de esa manera. Percibió mi anonadamiento y se encargó de guiarme a su regazo. Acarició mi cabello y no tardé en dormirme.

Al agotarse los restos de la calidez materna tras su partida, desperté. No me moví. Permanecí quieta en mi cama escuchando el chorro de la regadera.

Palpaba un vacío en el pecho, como cuando se quiere llorar, pero las lágrimas no aparecen. Ese limbo entre la devastación y un sentimiento gris, similar a mi situación de tener un pie en la manada y el otro en la libertad.

Era el día que tuve que haber estado esperando con ansias, sin embargo, a la vez le temía. ¿Cómo verlo reclamar ante todos a otra mujer como suya?

El correr del agua cesó y la cortina de baño fue echada a un lado. Paula no tardó en salir del baño y caminar hacia el armario.

—Oh, despertaste —dijo—. Justo a tiempo. Voy al pueblo con Jair y Lisa. Ella necesita un vestido nuevo porque el que tenía desapareció.

Asentí, curveándome y pegando las rodillas del pecho para abrazarlas.

—Si se me hace tarde —continuó—, luego de que la costurera me entregue el vestido me arreglaré con Lisa, ya que estaré más cerca de donde será la boda, ¿podrás arreglarte sola?



DianaMN

Editado: 01.09.2020

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