Nívea

7. DESEOS DE VIVIR

Es necesario haber deseado morir,

Para saber lo bueno que es vivir

Alexandre

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Una sensación martilleante me hizo abrir los ojos, percatándome que estaba en mi cuarto con el pijama puesto y dentro de mi cama. Los recuerdos de Morgan eran confusos, pero, aun así, me acordaba perfectamente de su confesión acerca de que ella era un demonio.

Lo que más me tenía en ascuas era que me dijo que ella era lo que yo y mi madre éramos, ¿Ella conoció a mi madre? ¿Yo era realmente un demonio?

No podía creer aquellas palabras a pesar de recordar haberla visto encender aquellas velas o poner aquel cerrojo solo ante mi atónita mirada, ¿Y si todo había sido un sueño que parecía muy real y me estaba confundiendo?

Decidí pensar en aquella opción con fuerza para evitar pensar más de la cuenta. Quizás ni siquiera había conocido a Morgan, ¿Y si había sido mi mente que, por estar sola tanto tiempo, se había inventado a Morgan para hacerme compañía?

Ese pensamiento me parecía más que acertado y bastante lógico. Aspiré profundamente para darme fuerzas y enfrentar un nuevo día. Al asomarme por la ventana vi que aún no había amanecido así que me quedaba un rato para vestirme e ir a clase.

De debajo del colchón tomé uno de los cuadernos que usaba para escribir todo lo que me pasaba cada día para no olvidarlo. Estaba claro que iba a escribir sobre Morgan y aquel sueño tan real que consiguió aterrarme hasta el extremo. Tomé el lápiz y abrí el cuaderno, deslizando mi mirada por la primera página del cuaderno que correspondía el primer día de mi cautiverio. Sin darme cuenta, comencé a leer:

SEIS MESES ANTES

Pueblo de Súzdal,RUSIA

Es una mañana soleada de primavera cuyo aire trajo el aroma de los pinos y abetos típicos de la tundra rusa. Me he despertado feliz sabiendo que hoy tocaba una visita al rio Kámenka, que quedaba a unos 15 minutos de nuestro pequeño pero pintoresco pueblo.

Mi madre preparaba oladis, que son como unas tortas que se toman calientes con miel o mermelada de temporada o si no te importa añadir más calorías, con mantequilla.

Como cada mañana, mi madre preparaba un plato con tres oladis con mermelada de moras sobre ellos. Ella ya estaba preparada y lista con el delantal que usaba para recoger flores al rio y su vestido estampado preferido que usaba en primavera.

Ella me tomó de la mano disfrutando de la brisa primaveral cerrando los ojos mientras caminábamos escuchando el crujir de la hierba bajo nuestros pies. Como era costumbre, ambas nos descalzamos para sentir la naturaleza bajo nuestros pies y la frescura del rocío de la mañana en nuestra piel. Ambas sonreíamos cargadas con dos cestas mientras que saludábamos a la gente del pueblo que salía con sus cestos de ropa para lavar en el río.

-Nívea, mira las mariposas de aquellas flores, son realmente preciosas.

-Es una mariposa azul común. Habita en toda Europa y son protegidas por las hormigas cuando son orugas. A pesar de ser de color azul, cuando son orugas son de color verde.

Mi madre se quedó impresionada por mi creciente conocimiento en mariposas gracias a la cantidad de libros que ella me compraba cuando tenía oportunidad. En cuanto a mi padre, él trabajaba casi todo el día en la mina cercana al pueblo, pero, cuando él volvía a casa, dejaba atrás el cansancio y leíamos juntos el libro que me estuviera leyendo en ese momento.

Hoy papá iba a venir antes de tiempo ya que en unos días iba a ser navidad, por lo que siempre le daban unas semanas de vacaciones en la mina. Mi madre y yo recogíamos flores extra para adornar la mesa en navidad además de para hacer las coronas de flores de la puerta y los adornos del árbol. Adoraba estas fechas a pesar del frío tan enorme que nos tenía congeladas casi todo el invierno, pero el paisaje nevado y el poder jugar con mi madre con esa nieve, me hacía sentir feliz y dichosa.

- ¿Sabes por qué te pusimos Nívea? -Me preguntó mamá mientras se agachaba para ver más de cerca aquella mariposa azul.

Ella hizo una breve pausa y me miró sonriente:

-Porque la nieve siempre me trajo paz, me trajo felicidad y amor. Sentía que tú representabas todo lo bueno que me ha pasado en la vida por eso te puse ese nombre. Pero tu nombre no refleja la frialdad de la nieve sino su belleza; tú eres bella por dentro y por fuera, mi niña, nunca lo olvides.

Aquella amorosa confesión me llenó de ternura el corazón, abrazándonos con un enorme cariño. Después de varias horas, decidimos volver a casa para poner las flores en agua y que así no se marchitasen. A modo de despedida, miré aquella mariposa antes de irme, agitando la mano sonriendo.

Cuando llegamos a casa, mamá tomó todos los jarrones de los que disponíamos, dándome uno para colocar en mi cuarto. Tomé un pequeño ramillete junto con el jarrón lleno de agua y me subí dando pequeños saltos tarareando mi canción preferida. Al llegar a mi cuarto, despejé mi mesilla para poner mis nuevas flores asustándome por algo que había golpeado el cristal.



Black_Thunder

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En el texto hay: misterios, internado, sobrenatural

Editado: 30.04.2018

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