No seré tuya #4

Capítulo 6

El zumbido de las abejas y el gorjeo de los pájaros la despertaron de su ensoñación. Abrió los ojos pero no del todo. Observó con letargo como los rayos solares se dejaban ver entre las ramas altas del pino. Alzó las manos queriendo que el calor se deslizara por sus dedos hasta su cuerpo. El verano estaba acabando y se notaba el fresco de una nueva estación. Las cosas estaban cambiado. Nada ocurría por casualidad. 

Cerró de nuevo los ojos queriendo que su mente se despejara. Intentando que la calma del ambiente llegara hasta ella, apartando las malas vibraciones de su cuerpo. No había pasado una buena noche. El día anterior el duque regresó a Devonshire y su familia trataba el asunto con normalidad pero ella no. No veía con buenos ojos el regreso de dicha persona. Era como si el puzzle que parecía encajar todas las piezas, había una que finalmente no encajaba del todo haciendo que estuviera sin terminar ese puzzle. Era un símil de lo que era ahora su vida. Había llegado una pieza que no sabía dónde situarla.

Se desperezó como un gato sobre el manto verde de la hierba tratando de encontrar una postura cómoda. Se había ido de la casa tras tomar el desayuno con su familia. Lo había terminado antes que llegara el duque a tomarse el suyo propio. No quería encontrarse con él aunque fuera de casualidad. Sabía que el duque estaba retomando sus quehaceres. Parecía que su tío, Matthew le estaba poniendo al día de la situación en aspectos administrativos y económicos. Había estado fuera casi dos años y tenía que reorganizar su agenda. 

Ojalá se hubiera quedado más tiempo a fuera. Aún tenía en su interior el deseo de vengarse. No sabía cómo, pero algo haría  para que el duque supiera que no se debería jugar con la "ladrona", como él la había llamado un par de ocasiones.

Se creía tan superior a ella que la molestaba. Sentía un cosquilleo nervioso por cada extremidad cuando él se dirigía con esos aires de prepotencia y superioridad. Ella nunca se había sentido "insegura" ante cualquier persona. Pero él, en tan pocos segundos, lo conseguía, desbaratando todos los esquemas como un castillo de naipes derrumbándose ante el menor toque.

El sueño que tuvo anoche no le había puesto de buen humor. La conversación con el duque trajo el recuerdo de cierto hombre, que confió en ella. Confió que sería toda una dama cuando los demás no tenían fe en ello. Fue el único en ese internado que creyó que no era una "salvaje". Le enseñó a ser amante de la música. Había sido su vía de evasión de la realidad. 

No había sido un camino de rosas durante el tiempo que estuvo allí.

Él fue más que un profesor.

De pronto, notó molesto el zumbido y el sonido de los pájaros. Se irguió enfadada y se pasó una mano sobre el rostro. Se sentó y con las piernas dobladas, pudo apoyar la barbilla sobre su rodilla. 

Sí, soñó con él. No fue un bonito y agradable sueño de esos que una le gustaba estar soñando y estar en la cama sin ganas de despertarse aún. Pero este no lo fue, parecía más bien una pesadilla sacada de un libro de terror. En ese sueño, él se burlaba de ella, rememorando uno de los momentos más humillantes de su vida. Cuando descubrió su engaño y burla hacia ella. Ese día quiso morir. 

Quiso que sus pensamientos se esfumaran y no le recordaran esa parte de su vida que tanto la avergonzaba. 

El señor Pitt estaba prohibido para su corazón. 

Lo más extraño que ocurrió durante el sueño fue que el rostro del señor Pitt cambió por la cara del duque haciéndola despertar de ese sueño inquieto. Ya no volvió a dormir; no quiso tentar a la suerte. Así que estuvo toda la madrugada con los ojos abiertos. Ahora tenía unas ojeras que igualarían a las de un mapache. Alguien diría que eran de la misma familia y no se lo discutiría.

Parecía que se había "escondido" de la gente pero realmente quería calmarse. No soportaba que todos eran felices por el duque cuando ella no compartía ese sentimiento. No quería ser falsa delante de ellos, y por eso, trataría de mantenerse en una prudente distancia. 

Cuando vio que era la hora de volver, regresó. No quería preocuparles por permanecer mucho tiempo a fuera. A su vuelta de casa, pasó por delante del invernadero y de los establos, donde se podía escuchar el relincho de los caballos. Detuvo sus pasos y miró sorprendida el carruaje que estaba apostado delante de la entrada principal. Sus ojos se abrieron como platos al ver a su querido y apreciado hermano. 

— ¡Charles! — gritó y la joven con los cabellos sueltos fue corriendo hacia el encuentro del joven que abrió los brazos para acogerla.

Los dos se rieron júbilos por ese reencuentro. Los dos habían pasado mil aventuras desde el orfanato. Se querían como hermanos, como compañeros y amigos. 

— ¡Estás muy cambiado! — se apartó para verlo mejor.




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