No seré tuya #4

Capítulo 30

Los labios del duque sobre los suyos provocaban miles de sensaciones que se agolpaban en ella hasta dejarla ligeramente mareada. Era como un dulce mareo. Se soltó de su mano y junto con la otra, las unió en su recio cuello para apoyarse y sostenerse sobre él; no sentía las piernas que parecían hechas de gelatina.

La manta cayó a sus pies mientras él profundizaba el beso, a la vez, que la abrazaba a su cuerpo, como si no tuviera suficiente cercanía de tenerla y la quisiera fundir con sus brazos.

No fueron conscientes del tiempo; ni de la realidad hasta que se apartaron buscando aire para sus pulmones. La joven sin aliento se apoyó mientras intentaba que su ritmo cardíaco se calmara. Pero no lo conseguía. Su corazón aleteaba muy rápido.

Julian le pasaba igual, parecía que había corrido cientos de metros, y aun así sentía una excitación corriendo por sus venas. Sujetó con las manos la cara de la chica y se ahogó en sus ojos, brillantes por la pasión.

- Es mejor que se marche a su habitación; mi control pende de un hilo y no quiero...

Ella negó con la cabeza y miró sus labios, de los cuales, había besado los suyos.

- ¿Por qué lo ha hecho? – su voz estaba rota y ronca.

- Creo que es evidente – la mirada del hombre era tan intensa y quemaba, ella le producía un extraño cosquilleo en la parte de abajo en su estómago. Nunca se sintió así con su profesor, Gerard.

- Para mí no lo es, Werrington – se alejó de él. Él la dejó que lo hiciera.

Estaba algo decepcionada por sus palabras, pero qué se esperaba por parte de él, ¿una declaración de amor?

- La deseo – dijo con crudeza sin apartar su mirada azulada de la de ella -, no puedo controlarlo de mí. Se me escapa. Ojalá pudiera...

- ¿Pudiese el qué? – no debería haberle preguntado; porque dolía -. Siento causarle ese descontrol.

No pudo evitar decirlas con acritud y se dio la vuelta para irse.

- Caruso – intentó alcanzarla cuando la vio entrar en la estancia dándole la espalda.

- ¡No! Déjeme – se volvió hacia él e impedirle que se le acercara de nuevo -. Si no quiere hacer más daño del que ha hecho, por favor, no me siga. Me ha dejado claro sus sentimientos hacia a mí – él le dolía verla así; ya no le brillaban los ojos por la pasión de antes, ahora estaban velados por la tristeza y decepción -. Le pediría un favor, no me bese en la próxima vez. Al igual que usted no soy de piedra.

- ¡Caruso! – gritó pero la joven se fue corriendo por las escaleras, dejándole con un vació en el interior.

Él dio un puñetazo contra de la pared. No podía decirle que la quería o la amaba porque no estaba seguro de sus sentimientos. Además, ¿él estaría dispuesto a sufrir por un amor sin miedos y desilusiones? Su corazón había sufrido por dos mujeres. Un tercer amor sería mortal para su corazón.

Sin embargo, una parte de él se sentía feliz por haber compartido con ella esos minutos de intimidad. Sentirla junto con él, había sido indescriptible y especial. También, rememorar y saborear su boca de miel, había sido su perdición. Su frenesí y su locura. El recuerdo de su primer beso con ella, había sido superado por este, dejándolo con la necesidad y urgencia de más. ¡Quería más de ella! Pero no podía... ¡Estaba confuso y no quería hacerla daño! Ella se merecía un hombre que le amase completo, no como él, que tenía heridas y miedos aún.

Diane le había hecho tanto daño que no podía confiar, ni siquiera a sí mismo. No quería que ella lo pasara mal. Tenía que controlar sus instintos; haberla visto así, tan triste, le había destrozado. Se sentía ruin, porque  muy en el fondo, él quería verla dichosa y amada; no triste, por su culpa. Porque el velo de tristeza que había presenciado en sus ojos era enteramente responsabilidad suya.

***

Los protagonistas del beso furtivo no pasaron bien la noche; literalmente, no pudieron dormir. ¿Cómo podía hacerlo cuando el beso les había dejado huellas en sus almas? Cada uno en sus respectivas camas, recordaba con cierto pesar cómo había acabado. El duque, a pesar de que había transcurrido horas hasta ser la mañana siguiente, se seguía culpando. No podía dejar de pensar en ella y en las ardientes sensaciones que sintió cuando la abrazó y la besó. Se levantó de la cama con un suspiro. Tenía que controlarse y comportarse. Esa noche era especial para ella; no iba a cometer otra acción sin sentido que lo estropeara.

Por otro lado, en la otra habitación, Ally tenía los ojos irritados y rojos de haber llorado. No quería que dicho hombre la viera en ese estado. Había tomado una decisión. Intentaría olvidarlo. No sabía cómo, pero lo haría. No iba permitir que sufriera de nuevo por un amor que no le era correspondido. También, había tomado la decisión. Haría como que la noche anterior nunca hubiera existido. No hubo beso; ni caricias, ni abrazo.




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