Nosotros para siempre

Capítulo 4

Había arrancado el día con un humor increíblemente bueno, a pesar de no haber dormido bien anoche, me sentí más descansada que otros días y un poco más relajada, necesitaba que mi día siguiera igual hasta el final porque hoy me tocaba trabajar y también asistir al curso, y esa combinación solía estresarme un poco. 

Pero con el paso de las horas mi buen humor se esfumó y la ansiedad y los nervios me invadieron cuando entre a mi clase, me sentía totalmente ajena a todo lo que pasaba a mí alrededor, no entendía absolutamente nada de la que hablaba el profesor mientras mis compañeros parecían si hacerlo e incluso se animaban a contestar y debatir entre ellos.

Me quiero ir.

La clase terminó antes de tiempo y más aliviada no podía estar, aproveché para buscar algún lugar para comprar comida porque no tenía ganas de llegar a casa y ponerme a cocinar, ya era mucho. Después de caminar varias cuadras llegué a un restaurante de comida rápida dónde, para mí suerte, me atendieron bastante rápido y mi pedido estuvo listo en cuestión de pocos minutos. 

En poco menos de veinte minutos había llegado al departamento, quitándome los zapatos altos que llevaba al cruzar el umbral de la puerta, sin poder aguantarlos más. Caminar con esto había sido una pésima idea, pero viajar a esta hora era horrible porque era el horario donde más se llenaba los trasportes públicos por las personas que terminaban su jornada laboral. Así que siguiendo con el mal hábito que había agarrado desde que me mude con Santiago, me deje caer sobre la alfombra del living con mi comida y la cerveza que había tomado de la heladera minutos antes, para disfrutar de mi cena junto a otro capítulo de mi serie favorita: Supernatural. 

Tenia un serio flechazo por uno de los hermanos Winchester y por el lindo ángel que había aparecido en la cuarta temporada. 

—Me voy, seguro vuelva mañana — me avisó Santiago, asomándose desde el pasillo, minutos después de haber llegado del trabajo.  

—Okey— le conteste mientras juntaba todos lo que había ensuciado para comer.  

—¿Okey?¿Solo eso vas a decir?¿Sin gritos esta vez?  — preguntó detrás de mí, siguiéndome. 

Claramente me estaba buscando para discutir. ¿Cuánto nos había durado el «estemos bien»? ¿Un día y medio o dos? 

—Hace lo que quieras Santiago. No me importa. — es todo lo que dije sin ganas de empezar otra discusión. 

Lo escuché bufar saliendo de la habitación no sin antes dar un portazo teniendo una actitud un tanto infantil o adolescente, para dejarme claro lo mucho que le molestaba que no me importara lo que él hiciera. Aunque eso no era del todo cierto, pero estaba tan cansada de todo que ni siquiera tenía la fuerza suficiente para empezar otra nueva discusión o hacerme la cabeza con las cosas que podía llegar hacer a esta hora de la noche o con quién iba a hacerlas.

Intenté dormir, hice mi mejor esfuerzo y cerré los ojos mientras le suplicaba a Dios o a quien sea que fuera, que me de unas horas de sueño en las que mi cuerpo descanse al igual que mi mente, que me de ese momento de paz que llevaba semanas sin tener. Y lo tuve, por al menos unas tres o cuatro horas puede dormir sin cuestionarme nada y descansar de todo, pero como dije solo duró un par de horas porque el ruido de algo o alguien cayéndose me despertó y me vi obligada a levantarme para ver qué estaba pasando. Me asomé por el pasillo sin hacer mucho ruido, con miedo a que alguien se hubiese metido a la casa, pero entonces lo vi y no me pude mover, en ese momento el miedo se apoderó de mí y no era capaz de dar un paso o emitir alguna palabra.

Santi estaba de pie junto al pequeño mueble que teníamos cerca de la entrada, se sostenía de él con una de sus manos mientras que con la otra tomaba cada objeto y recuerdo que teníamos juntos para lanzarlos hacia la pared que dividía el living de la cocina, haciendo pedazos todo. Agarraba algo, cualquier cosa que estuviese a su alcance que sea lo suficientemente frágil como para romperse de inmediato, luego se detenía y miraba un punto fijo en la pared, quizás algunos de los cuadros que teníamos, y entonces con su mano libre tomaba la botella que estaba junto a él y le daba trago largo. 

—¿Qué...?¿Qué haces? — le pregunté manteniendo una buena distancia entre nosotros. 

Lo vi observar de reojo apenas me escuchó hablar, pero no se molestó en contestarme, siguió rompiendo y tomando todo lo que encontraba. 

—¡Santiago! 

—¡¿Qué?! ¡¿Qué mierda quieres ahora?! — me gritó dándose la vuelta para enfrentarme. 

A pesar de que la habitación estaba oscura, la poca luz de la luna que entraba por la gran ventana me permitió ver el estado en el que se encontraba. No pude evitar preocuparme al notar la mirada en su rostro. Sin embargo, eso no justificaba su mal trato conmigo. 

—¿Qué carajos te pasa a vos? — le dije en el mismo tono que él. 

—¿Ahora te importa lo que me pasa? 

—Mira cómo estás, Santiago — le dije intentando estar lo más tranquila posible — ¿En serio me vas a cuestionar si me preocupo o no por vos? 

Otro objeto se estrelló con la pared, esta vez una de sus botellas. 

—¡Deja de romper todo! Te vas a lastimar. 

—¡Deja de fingir que te importo! — di un paso atrás cuando volvió a romper otro objeto, esta vez cerca de mí — ¡Estoy cansado de esto! 

—¿Y te pensas que yo no? — dije levantando el tono de voz — ¿Que me gusta vivir así? Lo odio, ya no puedo con esto. Me supera. 

—Esto — tomó la fotografía que nos habíamos tomado semanas después de empezar a salir — Esto es una mierda. Ni siquiera tuvo que pasar — concluyó antes de volverla parte de todo lo que había roto. 

—¡¿Entonces por qué insististe en que pasará?! — grite ya cansada de que me viera como la culpable — Yo no te forcé a que esto pasará, te deje libre ese día, pero vos no quisiste eso. Dijiste que era tu única opción.

—Porque te amaba. Estaba enamorado de vos — esta vez me miró a los ojos, pero solo por unos segundos porque entonces apoyó su cabeza contra la pared, dándome la espalda. 



Giuly

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En el texto hay: amor, exnovio, drama dolor

Editado: 14.01.2021

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