Nosotros para siempre

Capítulo 5

Nunca le había exigido a Santiago pasar tiempo con mis amigos o que les agrade, sin embargo, desde el primer momento congeniaron bien y estar con todos ellos no fue incómodo. Y lo mismo me había pasado con sus dos mejores amigos, Felipe y Connor, ellos eran ese tipo de personas que se tomaban todo con un humor bastante particular y tenían una personalidad atrapante e imposible de ignorar, se llevaban el mundo por delante y te invitaban sutilmente a que hicieras lo mismo con ellos, así como también te arrastraban a ver el mundo con otros ojos y ver más allá lo que ya conocías de él, enseñándote un montón de cosas. 

Durante todos estos años me había encariñado con ellos, pero (porque inevitablemente conmigo siempre iba a existir una objeción o un problema) a pesar del cariño que les tenía no podía dejar pasar por alto las cosas que odiaba y últimamente habían sido una constante molestia. Ellos tenían esa cosas de también empujar a Santiago a hacer todas las estupideces que ellos hacían, y eso abarcaba también algunas cosas ilegales que no me ponían muy feliz por más que para ellos solo fuera una más de las tantas veces que ya lo habían hecho. Y no podía quejarme porque cuando conocí a Santiago el encabezaba ese tipo de estupideces y era el que los arrastraba a ellos, así que lo único que podía hacer era intentar ignorar ese pequeño defecto que los envolvía a los tres. 

—Podemos volver a ir a España — les propuso Felipe — lo hicimos antes de empezar a la facultad así que podemos volver hacerlo como parte de una despedida. 

—Ibiza, definitivamente tenemos que ir primero ahí — dijo Connor, sumándose al plan de su amigo. 

—Me gusta la idea, está mejor que la de escalar una montaña. 

Mantengo la vista fija en la pantalla del teléfono, releyendo por octava vez el fragmento de lo que creo, era una novela mientras me obligo a cerrar la boca y no opinar nada al respecto porque no quiero empezar una discusión y arruinar la buena semana que llevamos entando bien. 

España o la idea de Ibiza no estaba mal, era de las más tranquilas hasta ahora, pero las incoherencias que habían nombrado antes que esa no me parecían en lo absoluto. Eran el tipo de planes que era más que seguro que terminaría con un muerto o alguno de ellos gravemente herido. 

—Tirarnos de un avión los tres juntos con un solo paracaídas también me gusta — comentó Connor y puedo imaginar su expresión. 

Esa era una de las tantas incoherencias. 

—No se ve muy seguro eso — les señaló mi novio, tomando un poco de conciencia. —Así que me inclino más por España o bueno, podemos hacerlo más grande y recorrer Europa y no solo España. 

—¡Me encanta! Las buenas ideas siempre llegan — veo de reojo como Felipe se acerca para darle un sonoro beso en la mejilla a mi novio, muy cerca de la comisura de sus labios, si tengo que ser sincera. 

Este tipo de cosas eran totalmente normales en ellos y también era algo que me había acostumbrado a ver. Me parecían tan lindos y adorables cuando se daban todo ese amor. 

—¿Qué decís, amor? ¿Te nos unís? — me preguntó Santi pasando sus brazos por mis hombros para acercarme a él. 

—No tengo nada que celebrar, chicos. 

—Siempre hay algo que celebrar. 

—En mi caso no — dije haciendo una mueca — además trabajo parte de la semana y no me puedo dar el lujo de pedir vacaciones. 

Por supuesto que en eso omito que probablemente mi jefe ni siquiera quiera dármelas después de todas las veces que llegue tarde o las que falte sin avisar. Si todavía no me había echado era por suerte o algún milagro. 

Para ellos la plata no era un problema porque sus papás o sus familias les daban todo lo que necesitaban, cumplían sus caprichos y ponían su alcance hasta lo que no pedían y ni hablar de las puertas que abrían para ellos. Tenían todo fácil mientras otros se tenían que esforzar demasiado para conseguir un poco de todo eso, y ni hablar de los sacrificios que muchas veces hacían. Era injusto, pero así había sido siempre y dudaba que eso fuera a cambiar pronto. 

—Me voy por un par de horas, intenten no morir en ese tiempo — les pido mientras me acerco a Santi para saludarlo con un beso en los labios que dura lo suficiente como para que sus tontos y atractivos amigos comiencen a molestarnos con eso. — hablo en serio. 

Cuando cerré la puerta detrás de mí y los escuché festejar mi ausencia, crucé los dedos para que no hicieran ningún desastre y se comportarán como los adultos responsables de veinticinco/veintiséis años que deberían ser. 

Mi plan para la noche era rencontrarme con varias de mis compañeras del secundario y por supuesto , las únicas que me agradaban porque por más que lo propusieran no iría a una reunión donde estén todos, no me agradaba todo mundo y eso no era un secreto.  Lihuen, Jazmín, Micaela, Lara y Quimey eran mis chicas, ese grupo de amigas que parecía no morir con los años y con el que de vez en cuando solía reunirse para tomarse una respiro de sus vidas. No nos gustaba hablar de nuestros logros personales ni compararnos entre si sobre quien era más que la otra porque ninguna de nosotras era igual y además hacer eso no era muy lindo. 


—Ay chicas, que grandes están ¿En qué momento crecieron tanto? — les pregunté viendo la foto de sus hijos juntos en su última reunión de jugo, sin poder creer lo mucho que habían crecido. —Son hermosos, Se nota que se parece a su tía favorita. 

Alardeé provocando la risa de mis amigas. 

Mientras que Jazmín y yo seguimos intentando tener una relación seria y estable, mis otras tres amigas ya habían formado su familia y establecido un poco más sus vidas. Dos de ellas eran madres solteras y personas grandiosas que admiraba por su doble esfuerzo. 


—¿Y tu amiguito ya se te declaró? — me preguntó Lihuen, refiriéndose a Matías. 

—Somos amigos. 

—Ay, dale, Bianca ¿Me vas a negar que nada paso entre ustedes ni una sola vez? 
Negué con la cabeza. 



Giuly

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En el texto hay: amor, exnovio, drama dolor

Editado: 25.01.2021

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