Oh~my lady?!

Día 1: Optimismo

Los veintidós, apestan. Llegar a los veinte es sinónimo de aquella crisis existencial donde deseas conseguir un trabajo de todas las formas posibles con el anhelo de independizarte de tus padres, poder comprar aquello que para poder obtenerlo siempre haya una "condición" o simplemente es el típico "mientras vivas bajo mi techo, haces lo que te diga".
Y ni se diga sí aún no estudias, te vuelves el "estorbo" de la familia y a quienes todos señalan por ser la mantenido y el que simplemente fracasó ante la vista de todos. Vamos, en algún momento llegamos a ser la oveja negra de la familia.

Esa es la historia de mi vida desde que tenía dieciocho, o tal vez desde antes. De cierta manera no estoy segura de como llegué a soportar tanto sin perder la poca cordura que conlleva eso. Pero no todo es tan malo como parece, pasé el tiempo suficiente en mi último trabajo como mesera para saber que por el hecho de llevar una falda sobre la rodilla definitivamente debías terminar en la cama de alguien. Tal vez por eso nunca me dieron buenas referencias luego de ser despedida.

Lo malo de los clasificados es que te piden experiencia con un límite de edad que no tiene concordancia, haciendo imposible conseguir un empleo decente ni tampoco todos nacen con la posibilidad de conocer gente influente en el camino.

Hace un par de días me desvelé en busca de nuevos clasificados para enviar mis papeles pero nada diferente a otros días salía, tal vez tenía mis expectativas muy altas a pesar de mi inexperiencia, ¿Cómo esperan que tenga experiencia si nunca dan las oportunidades para adquirirlas? El sector laboral es muy extraño.

Entre tantas páginas de empleo, entre tantas ofertas que llegaban a hacerme sentir más miserable, había una donde debía comprar una especie de membrecía mensual para poder acceder a sus anuncios.

«Si es de paga… Seguramente valdrá la pena», pensé. Sin dudarlo, me escabullí a la habitación de mi hermano mayor, esa era definitivamente una misión suicida y tomé los números de su cuenta bancaria para poder acceder a esa página, de alguna u otra forma, era uno de los que tanto se burlaba de mi desgracia. Ese era su karma, o al menos trataba de convencerme para no arrepentirme en el camino.

Eran ofertas de empresas muy importantes, con una gran cantidad de requisitos, tanto que la lista parecía interminable. Seguí buscando hasta que el reloj marcaba casi las cuatro de la mañana y el cansancio me estaba consumiendo poco a poco y fue ahí cuando vi aquel peculiar anuncio.

"Se busca joven, menor a veintitrés años, con amplia disponibilidad de tiempo durante dos meses.
Se requiere que sea muy paciente, con un vocabulario fluido y alemán básico”

Había una dirección de correo electrónico anexa y envié mis datos junto a mi "hoja de vida", o al menos así podría decirle a ese papel que tenía un resumen de mi vida laboral, nada. Lo hice casi sin dudar, incluso en mi mente cabía la posibilidad de que fuese una gran estafa y la culpa moral me asesinara en la mañana.

Apagué absolutamente todo y fui a acostarme, hice el mayor intento por querer dormirme pero no lo logré, mis manos temblaban sin parar, seguramente era el miedo por la paliza que seguramente me daría mi madre al esterarse que le había robado a su hijo.

Después de todo, yo solo era la hija que no pudo entrar a la universidad y que casi sin dudar vendería al primero que ofreciera una propuesta matrimonial pero con mi carácter de mierda era imposible que eso llegara.

 

― ¿En que momento me volví un completo fracaso…?

 

No pude contener las lágrimas, mordí mi almohada con tanta fuerza que mis encías parecían estar lastimadas. Quería gritar, maldecir y expresar esa furia que sentía contra mi misma.

 

―Realmente ya no importa el trabajo… Solo quiero estudiar arquitectura, solo eso.

 

Mi mente estaba tan agotada, incluso podría haberme deshidratado con tantas lágrimas que no noté cuando Vicente, mi hermano mayor había entrado y me observaba fijamente.

― ¿Qué hiciste con ese dinero...?―preguntó Vicente en voz baja―. Solo dime la verdad…

―Encontraré trabajo con eso…

― ¿Cómo…?

―Solo dame tiempo… Solo eso y juro que te pagaré todo ese dinero. Te lo pagaré y dejaré de ser una maldita carga para ustedes.

Tal vez no me dijo nada en ese momento pero su mirada era tan incrédula antes mis palabras que solo parecía que en cualquier momento soltaría una carcajada.

Él estaba listo para ir a su trabajo, a su linda oficina donde solo debía supervisar el trabajo de los demás. Solo debía llegar a casa y encontrar todo completamente listo para usarse. Donde sus palabras eran casi como órdenes para los demás, después de todo era su casa, él estaba pagándola. Mi madre y yo solo éramos como estorbos. Si algo no le agradaba a él, simplemente desaparecía.



Alenna Schwarz

Editado: 25.07.2018

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