Pasiones Ocultas [serie Ice Daggers 4]

Capítulo 25

 

 

 

Sumiso no significa débil

 

—¡Hombre armado! ¡Todos al suelo! 

 

Aiden se maldijo una vez cuando la dejó separarse de él, y se maldijo dos veces más cuando la perdió de vista justo cuando una lluvia de balas empezó a inundar el auditorio. 

 

El miedo se hacía un eco constante en su mente, y su fuerza vibró en su cuerpo, pidiendo ser liberada. 

 

Debía encontrarla, debía ponerla a salvo. 

 

"Oh Riley ¿Dónde estás?"

 

Agachado, avanzó como pudo entre la confusión, nadie había podido preveer lo que planeaban, desde esos agujeros los asesinos se mantenían ocultos y a salvo, tal vez, lo estarían el tiempo suficiente como para lograr hacer daño. 

 

No, pensó, los dominantes lo resolverían. 

 

De repente su oído captó un quejido proveniente de un aula, no se detuvo a pensar siquiera, empujó la puerta, pero esta no se abría. Tuvo que ponerse de pie, tomar impulso y abalanzarse con todo su peso para lograr entrar. 

 

Quedó atónito por lo que vio. 

 

Riley estaba siendo aplastada contra una pared por un hombre desconocido, tenía un ojo hinchado y un hilo de sangre colgaba por su labio inferior. 

 

—Descuida— habló otro hombre, apenas notó la presencia de los cuatro que se habían puesto entre el agresor y él— es un sumiso, no representa problema. 

—S-sumiso n-no significa d-débil— la oyó balbucear. 

 

—Cierra la boca maldita gata— el agresor golpeó su rostro. 

 

Aiden tuvo suficiente, la ira se acumuló en su cuerpo, el leopardo rugio de rabia, sólo había una forma de salvarla. Y no le agradaba mucho. 

 

Exponiendo sus garras, Aiden liberó su fuerza teniendo especial cuidado de no enceguecerse. Rugió y se enfrentó a los cuatro desconocidos. 

 

—Dejenla— exigió— ahora. 

 

—¿Quieres pelear?— se burló uno poniendo sus manos en puños— ven aquí. 

 

Siseó, y arremetió con velocidad al pecho de su rival, quitándole el aliento lo levantó en el aire y luego lo estrelló contra el suelo, sin darle tiempo a responder tomó su cabeza la levantó y la golpeó contra la dura baldosa, fracturando su cráneo. 

 

El segundo le propinó una patada en la cabeza, que lo hizo tambalear, pero cuando este iba a repetir el golpe Aiden tomó su pie y con un simple giro de manos lo hizo tronar. Al verlo en el suelo, lo pateó con rabia en la cabeza de tal forma que su cuello hizo un sonoro chasquido. 

El tercero ya dudaba, intento alcanzarlo con sus garras pero Aiden esquivó cada zarpazo, sacó una silla de la pila ubicada al fondo y lo golpeó en la cabeza. Cayó como saco al suelo. 

 

Fácil. 

 

Giró su cabeza al cuarto hombre que estaba temblando delante del que tenía acorralada a Riley, había pánico en sus ojos color café, parecía débil. Mostrando sus colmillos avanzó hasta estar lo suficientemente cerca de su cuello, aquel hombre no puso resistencia, estaba paralizado por el miedo. Sin contemplación alguna, Aiden lo tomó por el cuello lo giró en el aire y lo lanzó contra la pila de sillas. 

 

Sólo quedaba el agresor. 

 

Para aumentar su furia, aquel cobarde tenía sus manos apretando su cuello. 

 

Riley lo miró, sus ojos parecían perdidos, y su expresión era resignada. 

 

Eso fue suficiente para hacerlo perder el control por completo. Rindiendose a su furia salvaje, a zancadas alcanzó al agresor lo tomó por el cuello y arañó su piel. Este la soltó, dejándola caer al suelo respirando con dificultad. 

 

Aiden arrastró al desdichado hombre y lo golpeó sin piedad, hasta verlo muerto. 

 

Cuando acabó con él todo a su alrededor se había sumido en el mayor de los silencios. No habían disparos, ni gritos, ni rugidos. Sólo el olor de la sangre mantenía su cuerpo preso. El monstruo que era, había sido liberado. 

 

•••

 

Riley inhaló profundo todo el aire que sus pulmones pudieron obtener y con dolor se puso de pie, temblando. 

 

Vio sangre por todas partes, los cuerpos de los agresores tirados, inmóviles. Muertos. Se le revolvió el estómago. 

 

Secando la sangre de su labio, se incorporó lo mejor que pudo, le dolían las costillas, el ojo izquierdo y una pierna. 

 

El lugar era un desastre. 

 

Al ver aquellos cuerpos Riley se sintió asombrada y aterrada a la vez. Aiden se había enfrentado a cuatro hombres sin siquiera tener un rasguño. 




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