Pequeña promesa [#1]

Capítulo 9

Capítulo nueve: Entre arañas y chicas arañas

Moriría de hipotermia.

No podía dejar de temblar, mis dientes titilaban sin control al igual que mis manos no parar de moverse. Sin embargo, ante todo pronóstico y por raro que llegara a parecer prefería el clima frio aunque no tenía sentido ya estábamos en una ciudad con altas temperaturas.

El señor White trataba de hacer una fogata tipo Boy scout, sí, con dos palitos, tenía la pequeña esperanza de que lograría hacer fuego, eso esperanza fue tan pequeña que se esfumó cuando el viento sopló con fuerza llevándose aquella poca ilusión de sus ojos.

Repito: tener una hermana exploradora no tenía nada de ventajas en este preciso momento.

—Querido, ¿No es más fácil con un encendedor y un poco de gasolina? —sugirió la señora White tratando de no reírse frente a su esposo.

Fracasó en ello.

—Como gustes. —aceptó el señor White caminando hasta su auto.

Me reiría de la situación si no fuera porque mis dientes no dejaban de chocar entre ellos, si tan sólo tuviera una manta todo sería tan distinto. Me abrazaba a mí misma con fuerza.

Luego algo cayó en mis hombros.

Algo suavecito y calentito.

«Hada madrina ¿Eres tú? »

Llevé mi mano a mi hombro y sentí una tela cubriéndolo, miré mi hombro y una manta gris me cubría del frío clima.

Y sólo tenía sospechas de una persona.

Quizás era mejor que una hada madrina.

Oliver caminaba alejándose de mí, se sentó justo en frente, al lado de Loyce. La fogata prendió frente a todos, mi padre aplaudió tratando de darle un poco de ánimo a su amigo mientras que la señora White y mi madre preparaban brochetas con malvaviscos.

Sin embargo, ni los malvaviscos me interesaba mirar, mis ojos no se apartaban de Oliver, él sintió mi mirada y me observó guiñándome uno de sus profundos ojos, o así los veía yo.

¿Yo no veía los malvaviscos? Sí estaba mal.

Él me cubrió con la manta.

Ese gesto tan simple hizo que algo en mi pecho vibrara de nuevo. Le sonreí amablemente y aparté la mirada.

La ilusión volvía a sentirse tan real, tan cerca, lo único que pude hacer era sonreír y sentir su olor en la manta que me cubría.

Y fue agradable.

☮☮☮

— ¡Quieta ahí, jovencita! —me quedé estática, «Dicen que si te quedas quieto no te ven» —.No más malvaviscos para ti. —advirtió.

«Desmiento lo que dicen. »

— ¡Pero mamá! —me quejé—. Sólo uno más, por favoooooor. —hice un puchero.

Mi carita que inspiraba ternura no funcionó ni un poco.

—Ya te comiste dos paquetes —puso sus manos en la cintura—. Y eran tres. —puntualizó. Oops.

Me arrebató la bolsa de la mano y abrí la boca para responder algo, no obstante, en sus ojos había una mirada de reproche, por lo que guardé silencio.

«Adiós, amor mío

Mamá tomó un malvavisco y lo comió lentamente frente a mí, abrí la boca indignada. Era increíble que hubiera hecho eso. En mi carita que inspiraba ternura.

— ¡Mamá!

Mimi. —repitió, comiendo otro malvavisco.

Pero, en ese momento y al parecer, la madurez era de familia.

Núcleo del gen de la inmadurez: Gea Jones.

Reí viéndola alejarse contoneando sus caderas de forma graciosa.

— ¿Ahora ríes sola? —se burló Oliver comiendo galletas.

Galletas, ¿Por qué él comía galletas? Quería galletas, ¿Por qué no me dieron galletas? Arrugué la nariz en señal de disgusto.

—Es probable —me encogí de hombros—. Lamento dejarte de esa manera en el lago. —balbuceé avergonzada.

Mis pensamientos eran tan contradictorios con mis actos, ya no estaba segura de cómo era la forma correcta de tratar a Oliver y menos si él se comportaba de aquella manera dulce conmigo. Pero no me sentía bien sabían que él era amable conmigo y yo no. Debía ser equitativa y, más que eso, comprensiva.

—No hay problema. —sonrió.

—Uh —dije luego de un rato—. Nos vemos mañana, yo iré a dormir. —dije para llenar el vacío de aquel momento.

Dulces sueños —contestó con ternura. Comencé a alejarme de él, sin embargo, me detuve al escucharlo a mi espalda—. ¿No me devolverás mi manta? —preguntó en tono burlón.

Giré mi rostro y le sonreí con falsa inocencia.

—Nop, ya es mía, Olivery. —cerré la tienda, pero antes de ello pude escuchar su risa.

El día terminó mejor de lo que imaginé.

☮☮☮

Mi cuerpo quería dormir, mi mente pedía dormí, pero mi mejor amiga quería hacer bromas. Sueños o travesuras, una terrible decisión. Travesuras, sumó más a la balanza imaginaria y no hubo nada más que pensar.

Era algo a lo que no podía negar.

«Eres buena amiga por sacrificar tus horas de sueño, Nicole. »

— ¿Estás segura de esto? —pregunté en susurro.

Shh —llevó uno de sus dedos a sus labios —. ¿Te estás arrepintiendo? —interrogó.

Quizás un poco.

—No lo merecen. —negué con la cabeza, evadiendo su pregunta.

—Sé que no lo merecen. —rodó los ojos.

— ¿Entonces nadie saldrá herido? —pregunté asustada—. No quiero que sufran.

—No sufrirá. Será rápido, sin dolor. —aseguró.

— ¿Escucharon a Tía Emma? No pasara nada, pequeñas. —susurré a las tres arañas que tenía en las manos.

Sin embargo, sabía que Emma sería cuidadosa con las arañas, su lado ecologista no permitiría lastimar a un ser vivo.

—Eso pequeñas, hagan feliz a Tía Emma. —comentó la rubia junto a mí.

Emma abrió un poco la carpa de Sophie y Loyce, las arañas entraron y de nuevo cerramos la cremallera.

Corrimos en silencio a nuestra tienda.

En menos de diez minutos la diversión comenzaría.

Se escucharon susurros y risas.



psycholozy

#1481 en Novela romántica
#421 en Chick lit
#526 en Otros
#159 en Humor

En el texto hay: humor, humor amor, drama amor

Editado: 15.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar