Pequeño Ángel

Catorce

Sam entra al departamento soltando un suspiro. Tiene su cabello recogido en una coleta alta y se quita la chaqueta color rojo vino que trae puesta.

Soy consciente de cómo mis mejores amigos nos observan per intento no prestarles demasiada atención.

—Estoy que muero del cansancio —Se queja —Pero una invitación de ustedes jamás la rechazaré.

—Me alegra escuchar eso —Dice Emma incorporándose del sillón en donde se encuentra sentada. —Estábamos jugando a las cartas pero ya que somos más, podemos jugar algo más interesante.

—Lo dices como si tuviéramos cinco años —Respondo acomodándome en el sillón, Sam me sonríe en cuanto nuestras miradas se cruzan y me es imposible no hacerlo también.

—Podemos jugar verdad o reto —Sugiere Martín alzando una de sus cejas —Sería interesante poder conocernos más.

— ¿Conocernos más? —Cuestiona Emma —Creo que aquí todos sabemos todo de todos, la única que puede conocer más sería Sam —Señala mi amiga.

Antes de que alguno pudiera responder, el celular de Fabricio comienza a sonar. El pelinegro nos mira a todos con nerviosismo en cuanto mira la pantalla de su celular y se incorpora con prisa.

— ¡Hey! ¿Pero qué pasa? —Cuestiona Emma — ¿A caso la chica te está llamando?

Fabricio le lanza una mirada severa a Emma quien solo ríe mirando al pelinegro salir del departamento.

— ¿Y bien? —Cuestiona Sam dejándose caer a mi lado en el sillón. La miro por algunos segundos mirando las pequeñas pecas que se esparcen por su rostro. — ¿Qué planes hay?

—No lo sé —Responde Martín encogiéndose de hombros —Tal vez podamos seguir jugando a las cartas y yo sigo ganando dinero.

—Oh, no creo que eso pase —Responde Sam en tono de burla —Ha llegado la reina del juego de cartas.

Martín ríe mientras niega y vuelve a tomar la pila de cartas que se encontraban sobre la mesa. No me he dado cuenta en que momento Emma se ha incorporado y ahora se encuentra dejando una botella de cerveza frente a cada uno. La miro con curiosidad mientras ella destapa una de sus botellas.

Mi mejor amiga no es de tomar, la verdad es que es en contadas ocasiones que lo hace y pasa cuando algo le ha ocurrido.

Emma se da cuenta de mi mirada ya que me hace una seña para restarle importancia, sin embargo, anoto mentalmente que tengo una plática pendiente con ella.

Durante la siguiente hora y media, el juego se resumió entre peleas de mi mejor amigo y la pelirroja. Fabricio se había ido hace aproximadamente treinta minutos y Emma se encontraba lo suficientemente aburrida como para ya no prestar atención al juego.

Los llantos de mi pequeño se escuchan desde su habitación, me incorporo dejando las cartas que se encontraban entre mis manos sobre la mesa y me dirijo hacia el cuarto de Matt.

—Ya está pequeñín —Hablo tomando a mi pequeño entre mis brazos. —Ya no llores.

Miro el reloj que cuelga de la pared, el reloj marca casi la media noche por lo que ya es hora de que Matt tome su leche. Tomo el biberón que se encuentra sobre la mesa de madera el cual ya tiene el agua necesaria dentro mientras intento que Matthew deje de llorar.

— ¿Necesitas ayuda? —Volteo en cuanto escucho la voz de Sam. Ella se encuentra apoyada en el umbral de la puerta mirándonos.

—Oh si, te lo agradecería —Contesto.

Ella asiente y camina hasta donde nos encontramos para preparar la leche.

— ¿Puedo dársela? —Cuestiona. Asiento con una sonrisa antes de pasarle a Matt.

Ella me sonríe en respuesta y se acomoda en la silla que se encuentra en la habitación.

Nos encontramos a oscuras, por lo que casi no la distingo pero desde aquí puedo apreciar lo linda que se ve. Sacudo la cabeza discretamente para alejar los pensamientos

— ¿Qué tal el trabajo? —Cuestiono.

—No es lo que esperaba, es demasiado ajetreo, muchas ordenes y gritos —Dice haciendo una mueca, me mira por un par de segundos antes de preguntar.

— ¿Y cómo vas con la nueva niñera? —Inquiere.

—No está resultando como lo tenía planeado —Respondo. Ella suelta una risa mientras niega.

—Al parecer nada está resultando como esperábamos —Susurra.

Asiento. Abro la boca para decirle que puede regresar si ella quiere pero vuelvo a cerrarla, probablemente eso suene demasiado atrevido y no quería que ella pensara que era un desesperado.

El silencio reina entre nosotros, solamente el ligero sonido que emite mi pequeño al succionar el biberón es lo único que se escucha. Observo a Sam como ha comenzado a tararear una canción de cuna para mi pequeño y eso solo me hace sonreír aún más.

—Sabes...nos haces mucha falta aquí —Me atrevo a decir casi en un susurro. Sam eleva la mira por algunos segundos deteniendo la canción que entonaba, la cual retoma pasados unos segundos acompañados de una sonrisa.

—Lo sé, soy bastante indispensable en algunos lugares —Bromea.

—Hablo en serio Sam —Respondo mientras suelto una leve risa —Te extrañamos.

Ella sonríe. Sin embargo, no dice nada.

Los segundos pasan y con ellos una ansiedad comienza a apoderarse de mí. ¿Habré dicho algo malo? La pelirroja no me mira, solamente observa a mi pequeño que ahora se encuentra sobre su pecho e imparte suaves palmaditas en su espalda.

— ¿Lo dices en serio? —Cuestiona aún sin mirarme adquiriendo un tono bromista. —Seguramente extrañas que te limpie la casa, he visto el desastre que hay aquí.

—Claro que no, te extraño porque me agrada estar contigo. —Respondo con valor ¿Por qué decir esto me ponía tan nervioso? —Eres una chica maravillosa.

A pesar de la poca iluminación que es casi nula en la habitación, me es posible notar el rubor que se ha instalado en sus mejillas, debido a la cercanía a la cual nos encontramos y a lo blanca que es su piel.

—Humm ¿Gracias? —Responde —Tu igual eres un chico maravilloso.

Suelto una ligera risa lo bastante baja como para no despertar a mi pequeño. Ella comprueba que se encuentre dormido y transcurrido unos segundos lo deja nuevamente sobre su cuna.



Marizacntk

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En el texto hay: amor, bebes, papa

Editado: 24.02.2021

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