Pequeño Ángel

Veintitrés


 

SAMANTHA. 

 

No puedo hacer que la sensación de nerviosismo abandone mi cuerpo, con cada paso que doy para subir los pequeños peldaños que dirigen hacia la entrada principal de la familia Baker pareciera que la sensación aumenta su intensidad. 
 


El corazón me late con furia dentro de mi pecho, golpeando mis costillas con tanta fuerza que temo que se pueda salir en cualquier momento. Elevo una de mis manos para tocar el timbre en el momento justo en el que Amber, hermana menor de Lena abre la puerta.

Su llamativo color de labios es lo primero que capta mi atención, seguidamente dirijo mi mirada hacia sus ojos. Sus párpados se encuentran pintados de un color lo suficientemente obscuro como para darle la apariencia de un par de años mayor. Sin embargo, la sonrisa que plasma en sus labios apenas me ve, me hace sonreír.

—¡Sam! —Exclama mientras me envuelve en sus brazos. El sonido de las pulseras que lleva en las manos se escucha a penas ella hace el movimiento, coloco mis manos alrededor de su cintura sin poder evitarlo.

—Hola Amber —Saludo. —¿Está tu madre? Me ha mandado un mensaje hace unos momentos.

—Es por lo de las cosas de Lena ¿No es cierto? —Suspira, la alegría que embargaba su rostro hasta hace unos segundos se ha esfumado por completo. Lena y ella eran muy unidas, demasiado a decir verdad. Ella era una de las personas a las cuales la muerte de Lena lastimó más, y el abrupto cambio de apariencia ahora mismo me lo confirmaban.

—Si —Murmuro.

—Ella está en la cocina —Pronuncia regalándome una sonrisa —Me gustaría quedarme pero me están esperando —Señala con uno de sus dedos hacia un auto color negro que se encuentra estacionado en la otra acera. Intento sonreírle, pero creo que sale más como una mueca.

—No te preocupes Sam —Masculla. —Estaré bien.

—Solo cuídate —Pido. Ella asiente y deja un beso en mi mejilla antes de bajar corriendo los peldaños para dirigirse hacia el auto. Cuando este ha avanzado y lo pierdo de vista, tomo una inhalación antes de adentrarme a la casa.

La casa, para ser demasiado modesta era de lo más acogedora. Sabía de sobra que los señores Baker no eran una familia de dinero, podría decirse que algunas veces tenían problemas referentes a su economía pero siempre habían buscado la forma de salir adelante.

—Hola, cielo. —La gruesa voz del señor Baker me saca de mis pensamientos. Él me lanza una mirada dulce antes de abrirme sus brazos.

Sin duda, él era un hombre al que consideraba como un padre para mí. Desde que el mío había fallecido hace algunos años atrás, el señor Baker había estado conmigo en todo momento y por eso sentía un profundo agradecimiento hacia él.

La calidez de sus brazos me dan la bienvenida y quiero lanzarme a llorar en estos momentos. No había llorado nuevamente desde el funeral de Lena, no quería hacerlo más. Sin embargo, estar aquí, compartiendo unos momentos con su familia hacía que quisiera hacerlo a mares.

El vacío que su partida había dejado en mí aún persistía, y parecía aumentar con cada día que pasaba.

—Clara está en la cocina, le avisaré que llegaste —Asiento sin poder decir nada más. Él desaparece por el pasillo que conduce a la cocina, escucho las voces lejanas sin poder entender del todo lo que están diciendo.

Algunos minutos después, la señora Baker aparece frente a mí.

—Hola linda, te agradezco que hayas venido —Se acerca para saludarme en un rápido abrazo y me sonríe.

—Tu mensaje parecía urgente —Respondo devolviéndole el gesto. Ella asiente sin pronunciar nada.

Me hace un ademán para que la siga, me conduce hasta las escaleras y la sensación de nervios regresa a mi sistema al caer en cuenta a donde nos dirigimos.

A la habitación de Lena.

Cuando nos encontramos ahí, el nudo en mi garganta es tan intenso, tan fuerte que por algunos segundos no digo nada, permanezco ahí simplemente mirando a mí alrededor, observando que todo está justo como ella lo dejó.

—Aquí tienes —Volteo cuando escucho la voz de la señora Baker, no sé en qué momento se ha retirado a buscar la caja de madera que ahora sostiene entre sus manos las cuales se encuentran ligeramente temblorosas.

Mi nombre se encuentra escrito con plumón negro, con una caligrafía perfecta.

—No lo hemos abierto, es tuyo así que te lo entrego. —Asiento. Las lágrimas han acudido de golpe a mis ojos produciendo una sensación de ardor. El nudo en mi garganta aprieta tanto que duele.

—Gracias —Murmuro después de unos segundos en los cuales de logrado reponerme lo suficiente. —Si no le importa...me gustaría ver el contenido en privado. Me temo que ahora tengo que irme.

Ella parece desilusionada ante mis palabras, sin embargo, asiente. Camino hacia la salida de la habitación luego de darle un abrazo y tras algunos momentos me encuentro fuera de la casa.

Caminando en dirección a mi auto, apretando con fuerza la caja contra mí pecho sintiendo como si de alguna forma, en esa caja se encontraran todas las respuestas que ahora mismo necesito.

CONNOR 

 

Ahora que me encontraba de regreso al departamento con mi pequeño después de haber ido con el médico, me sentía verdaderamente más tranquilo. 
 


Al parecer Matthew había pescado una infección intestinal, que gracias a Dios se había detectado a tiempo y con los medicamentos que le habían recetado, esperaba que estuviera mejor en los próximos días.

—Te dije que no sería nada tan malo —Martín repite cuando nos encontramos dentro del departamento. Él se había ofrecido a acompañarme al médico cuando le informé sobre el estado de mi hijo, venía solamente para entregarme unos papeles pero había decidido venir con nosotros y dejar los papeleos para después.

—Lo sé —Murmuro mientras dejo el bolso de Matt sobre el sillón y me dejo caer a un lado. Observo a mi mejor amigo, él tiene a mi hijo sobre sus piernas quien a pesar de la temperatura, se notaba un poco más animado.



Marizacntk

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En el texto hay: amor, bebes, papa

Editado: 24.02.2021

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