Pequeño Ángel

Veinticinco


 

CONNOR 

 

Era increíble la rapidez con la que el tiempo parecía trascurrir cuando estaba en compañía de Sam. Quería y trataba de pasar más tiempo con ella pero casi no nos era posible puesto que el trabajo en la empresa estaba siendo mayor en estas últimas semanas, ocasionando que llegara más tarde de lo acostumbrado del trabajo.

Hoy era un día de esos, empujo la puerta y suelto un suspiro de alivio en cuanto ya me encuentro dentro del departamento. Una ligera música de cuna se escucha desde el cuarto de Matt por lo que una pequeña sonrisa se posa en mis labios.

Dejo mi portafolio sobre el sillón mientras me quito el saco que traigo puesto, tras dejarlo sobre el respaldo de una de las sillas que se encuentran cerca me encamino hacia el lugar de donde proviene la música. Esta era otra de las cosas que odiaba sobre llegar tarde, sentía que me perdía momentos con mi hijo y no quería arrepentirme de eso después de unos años.

Intento no hacer demasiado ruido mientras me aproximo, la puerta de la habitación esta entreabierta, por lo que puedo mirar sin problemas desde el espacio que queda entre el marco y la puerta.

Sam se encuentra sentada en la silla mecedora, sostiene a Matt en uno de sus brazos mientras que con el otro lee un papel, parece demasiado concentrada en la lectura.

Últimamente ella había estado algo distraída, no permanecía demasiado tiempo en departamento y mis intentos de que se quedara a pasar la noche con nosotros no tenían ningún resultado. No quería creer que se tratara o relacionara con el asunto del hijo de su mejor amiga, es decir, no había mencionado nada más desde aquel día y no parecía conservar aún la idea, pero con Sam nunca se podía estar seguro sobre algo.

—Hola —Mi voz es apenas un susurro, pero es suficiente para hacer que Sam se sobresalte. —Lo siento, no quería asustarte.

—Hola —Una sonrisa se posa en sus labios en cuanto se percata de mi presencia. —No pasa nada, solo estaba algo concentrada.

Asiento. Camino los pasos que nos separan para llegar hasta ella, me inclino para dejar un rápido beso sobre sus labios y luego deposito uno sobre la frente de mi hijo.

Es increíble la rapidez con la que había crecido, ahora, a sus casi ya siete meses quedaba poco del bebé que había llegado a mi puerta. Sus facciones habían cambiado, sin duda alguna lo habían hecho.

—Se ha dormido rápido —Escucho hablar a Sam. Ella se incorpora tras darle una mirada a Matt, mirada que dura algunos segundos y al final se levanta. Camina hasta la cuna para dejarlo con delicadeza. No me he dado cuenta en qué momento ha guardado la hoja de papel que hasta hace unos momentos sostenía entre sus manos.

Me acerco hasta ella, Sam mantiene sus brazos en los bordes de la cuna mirando a Matt. Rodeo su cintura con mis brazos y descanso mi barbilla sobre sus hombros.

— ¿Estás bien? —Murmuro. Ella se gira, quedando a unos escasos centímetros de mi rostro.

—Lo está —Coloca ambas manos en mis mejillas para después dejar un beso. Sentía que algo me estaba ocultando, sin embargo, decido dejarlo pasar. — ¿Cómo te fue hoy?

Ella se separa liberándose de mi agarre y encaminándose hacia la puerta. La sigo en silencio, no quería arriesgarme a despertar a Matt.

—Bien, el trabajo pesado como siempre — Respondo cuando ya nos encontramos fuera de la habitación — ¿Te quedas esta noche?

Ella voltea mientras sigue caminando por el pasillo, me lanza una sonrisa antes de asentir.

—Probablemente sí. Si no les molesto —Dice soltando una risa.

—Oh Sam, es imposible que tu molestes aquí —Murmuro mientras una sonrisa se posa en mis labios.

Ella suelta una risa, cuando llegamos hasta la sala, se deja caer sobre el sillón. Me observa mientras palmea el lado libre que se encuentra junto a ella.

—¿Pedimos comida? —Inquiere ladeado la cabeza. Abro la boca para responder pero ella se apresura a hablar nuevamente —Que no sea pizza.

Cierro la boca, porque justamente eso estaba a punto de sugerir. Sam suelta una risa al ver mi gesto frustrado.

—¿Qué tienes en contra de la pizza? ¿Qué te ha hecho? —Cuestiono dejándome caer libremente en el sillón. Coloco una de mis manos alrededor de su cintura, ella sube una de sus piernas al sillón adquiriendo una postura más cómoda.

—No tengo en nada en contra de la pizza —Sentencia—Pero comerla a diario como ciertas personas, no es lo mío.

Niego un par de veces antes de que una risa se escape de mi boca.

—No sé cómo es que me gustas —Bromeo.

—Porque soy encantadora cariño —Me dedica un guiño antes de incorporarse para dirigirse hacia el lugar en donde el teléfono se encuentra.

—Sin duda alguna —Murmuro más para mi mismo que para ella, pero por la tierna sonrisa que me lanza, sé que lo ha escuchado.

SAMANTHA
 


Intentaba mostrarme normal con Connor, intentaba ocultar las ansias que hace días me estaba comiendo las entrañas.

No quería decirle lo que había hecho, sabía que se opondría y yo ni siquiera sabía el porqué lo hacía. Es decir, esperaba contar con su ayuda, pero no parecía muy contento con la idea de nosotros buscando al hijo de Lena.

Es por eso que mientras él parece tan concentrado en la película que se reproduce frente a nosotros, yo no dejo de pensar si el investigador privado que habíamos contratado junto con los padres de Lena ya había logrado encontrar algo.

Connor toma el control del televisor, observo cómo le pone pausa a la película para girarse hacia mí.

—¿Por qué le has puesto pausa? —Inquiero con confusión.

—Ni siquiera le estabas prestando atención —Murmura con una ligera sonrisa. —No creas que no me daba cuenta.

—Lo siento —Él ladea la cabeza en cuanto escucha mi respuesta.

— ¿Estás segura que todo está bien? —Pregunta. Tomo una profunda inhalación antes de asentir.

—No es nada importante —Respondo elevando mis hombros.



Marizacntk

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En el texto hay: amor, bebes, papa

Editado: 08.03.2021

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