Promesa de amor

Capítulo 2

En definitiva tengo un gran problema, mis sentimientos están revueltos, hace dos años estaba seguro de lo que quería, ahora no sé qué es lo que sucede con mi corazón, Amber acaba de salir por la puerta y yo sigo congelado pensando en lo que debo hacer. ¡Se supone que es la mujer que amo! ¡Maldición!
 

Tomo mi saco y las llaves del auto y voy tras ella antes de que llegue al ascensor, mientras Dani me mira sorprendido causando un dolor en mi pecho. ¿Es correcto lo que estoy haciendo?
 

—¡Amber! ¡No te vayas! —Grito deteniéndola justo en la puerta.
 

Se gira mirándome tranquila, quizás esperaba que hiciera eso porque me sonríe de inmediato y recibe mi abrazo feliz. Se supone que debo sentirme mejor, pero estoy muriendo de angustia y aún no sé qué exactamente lo que estoy haciendo aquí.
 

—¿Qué te sucede amor? —Pregunta angustiada.

No supe que decir de inmediato, pero cuando vi a Dani junto al ascensor tuve la respuesta. Abrí la puerta y la llevé dentro.
 

—Necesito ayuda. No me he sentido bien, creo que anoche me drogaron. ¡Sé que no debo ir al bar de Richard! —Me apresuro a aclarar antes de que su boca se abriera. Eso me dio una ligera ventaja. —Pero conseguí el proyecto de mi vida y me invito a celebrar, me pasé de copas. No recuerdo nada y desde que desperté he escuchado voces, tengo la visión nublada y… supongo que todo esto se me pasará en unas horas… Nunca quise que…
 

—¡Tranquilo, mi vida! —Me acaricia la mejilla. — Solo me molesta que frecuentes esos lugares a mis espaldas. Y me dejes muerta de angustia sin saber de ti por muchas horas. Luego me trates como una desconocida mientras te comportas como un lunático. ¡Eso es lo me jode!

Vuelvo a abrazarla por impulso, pero sin realmente desearlo, quizás solo quería que se olvide del mal momento. Luego ella me besa, siento sus labios cálidos y sus manos recorrerme entero, pero no me es indiferente. En eso la puerta se abre ¡Gracias, Dios mío! Me digo dibujando una ligera sonrisa de alivio.
 

Estoy a tiempo de llegar a mi cita de negocios y llevarla a desayunar para disculparme. Amber es doctora y los cambios de turnos en el hospital no han sido un impedimento para llevar una relación estable desde hace 3 años, hace seis meses le pedí que se mudara a mi departamento después de pedirle matrimonio, mi padre fue el primero en oponerse, pero no insistió más.

“Ya eres mayor de edad y sabes lo que te conviene, pero quiero que sepas que el que acepte tu romance con Amber, no quiere decir que esté de acuerdo con esta boda”.

Fueron las duras palabras de mi padre, para él no existe nadie perfecto para mí, primero fue con Daniela. Para mi progenitor nuestro romance era una ilusión que nos hacía perder el tiempo y me aleja del camino del éxito. Por eso cuando me obligo a venir a España, me repitió mil veces que cuando sea exitosos y ya no dependa de él, podría hacer lo que quisiera, y si eso era volver por ella, lo hiciera. Pero pasaron los años y en mis intentos vanos de localizarla por la red, me llenaron de pensamientos negativos. Creo que llegue a odiarla por no dejarse encontrar. ¡Si ella podía vivir sin mí, yo también lo haría!
 

Es verdad que nunca pude comprobarlo, pero no hizo falta, poco a poco, busque un amor tan grande como el de ella, placeres carnales que me llevaran a olvidar esa primera vez con ella. ¡Dios! No puedo engañarme ahora, nunca pude arrancarme de la piel sus caricias, sus besos y arrancarme de la cabeza esa noche junto al lago.

“¡Ay, por Dios! ¿En verdad ahora estas con ella?”
 

¡Joder! Dani vuelve aparecer, ahora en el asiento de junto asustándome horrible, que por poco pierdo el control del auto. Mi corazón se paralizó y me congelé ¡literal!, sentí un hormigueo en todo el cuerpo mientras un frío intenso me recorría por completo. Amber venía en su auto atrás y al sonar la bocina fue una señal de que se dio cuenta. Me marco al teléfono sin perder tiempo.

—¡No puedes contestar, estás manejando! —Vuelve hablarme Daniela.
 

—¡Basta! ¿Por qué sigues aquí? ¿Qué es lo que quieres? ¡No puedes aparecer así de repente! ¡Por poco y me mato!. —Grito nervioso.
 

—No seas exagerado. —Responde con calma mientras sonríe.
 

—Debo contestar. —Miro el teléfono ante la insistencia de Amber.— ¡Tú solo mantente en silencio!

¡Estoy loco!, ¡le estoy pidiendo a un fantasma que guarde silencio cuando nadie más puede escucharlo. Ya había contestado y aún no pronunciaba palabras. ¡Muy mal! Amber volvió a preocuparse y después de llegar al restaurante, se comunicó con su amigo y colega Harry, para que me atendiera lo antes posible. Así que después de mi cita con el ingeniero Ramírez, tendría que ir al hospital.
 

Amber había terminado su turno y me pareció incorrecto hacerla volver solo por mis alucinaciones ¡Que estúpido sueno! Pero no puede hacerla cambiar de opinión. Al final nuestro desayuno improvisado casi las dos de la tarde después de todo este alboroto, se retiró para esperarme en su auto mientras yo empezaba mi reunión.
 

Luego me acompaña al hospital como si fuese un niño enfermo. ¡Ay! Un recuerdo hermoso llegó a mi memoria. Hace cuatro años, tuve un accidente de carretera mientras conducía ebrio y precisamente fue ella la que me atendió esa noche, fue el primer rostro que vi al abrir los ojos en el hospital y la primera persona que vi cuando salí de emergencias. Fue mi luz en la oscuridad, estuvo a mi lado todo el proceso de recuperación. Al principio sus atenciones y paciencia, me parecieron exageradas, como sobreactuado, pero ella era a si todo el tiempo. Era un ángel y estaba soltera a pesar de sus añitos encima.
 

¡Ya recordé porque me enamore de ella! Me ayudó mucho a sanar mi corazón y las heridas externas que en ese entonces me importaban muy poco. Me enamoró su risa, su niña interna, la diferencia de edad no fue un obstáculo para amarla y volverme loco al grado de pedirle matrimonio un año después. Nos hubiésemos casado hace mucho, pero quiso planear todo y ahora estamos a solo 3 meses de llegar a la iglesia y… ¿Por qué ahora me siento tan vacío?



Deysi Juarez (Dama de Hierro)

Editado: 19.01.2021

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