Prometo no amarte

Capítulo 7

 

_____________________________________________________________________

Si te gusta esta historia, me ayudarías muchísimo comentando durante los capítulos y votando el libro. Mil gracias por tu lectura.

_____________________________________________________________________

 

 

 

CAPÍTULO VII

 

 

por más pequeño que sea, uno necesita aferrarse a algo

 

Despertó por un toque en su mejilla. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz, pero cuando lo hicieron, lo primero que admiró fue el rostro preocupado de aquella chica que acariciaba su mejilla con suavidad. Lo que había sentido eran sus dedos húmedos por el agua fría que había llevado en un vaso.

―¿Quieres que llame una ambulancia? ―preguntó tranquila.

Adam lo agradeció. Cualquier otra persona que conocía habría empezado a chillar por ayuda.

―¿Por qué pones esa cara cuando otros se desmayan? Pensé que lo único que te interesaba era esa unión entre tus piernas. ―Quiso sonar mordaz, para, si era posible, verse un poco menos patético, pero a cada palabra quedó claro que no lo había logrado.

Estela le golpeó la frente con un dedo, sin llegar a cambiar su gesto.

―Me dijiste que era tuya ―susurró. El asintió―. Responsabilízate de las vidas que salvas, es un deber social. No puedes tratar con tanta indiferencia tu vida si estás a cargo de alguien más. ¿Quieres que llame la ambulancia?

Adam se quedó en silencio un momento. Admiró los ojos claros y llenos de luces de la muchacha que, a pesar de tratar mantenerse calmada, estaba conteniendo su miedo. Por su frente se colaban mechones de cabello rubio que iban a estorbar su mirada, pero ella permanecía quieta.

―En la nevera hay algunos dulces y refrescos, tráeme uno.

Estela asintió apresurada, aunque lo trató con la misma gracia cuando movió su cabeza para que se sentara y poder levantarse ella e ir a la cocina. Solo entonces Adam notó que había usado sus muslos para recostarlo mientras despertaba.

―Aquí están ―indicó pasándole los dulces y la gaseosa con desconfianza―. ¿Qué vas a hacer con eso?

―¿Qué podría hacer?

Tomó el refresco y se sintió aún más débil al tratar de abrir la tapa, pero recuperó un poco de dignidad al notar que esta cedió escuchándose un sonido efervescente provocado por el gas. Le dio un par de tragos grandes que dejaron el contenido por la mitad y con tres mordidas se comió el chocolate que Estela le había llevado.

―Estaré mejor ―dijo y ante el rostro interrogante de ella respondió―: Se me olvida comer, a veces paso tanto tiempo sin hacerlo que me desmayo. No es nada grave, así que quita esa cara.

―¿Te parece que no es grave que se te olvide comer? ―le reprochó. A Adam le recordó el día en que le había ofrecido la mitad de su arroz―. Estás haciéndole mucho daño a tu cuerpo.

Adam le dio otro trago a la bebida. Lo cierto es que casi siempre tenía un dolor punzándole en el estómago. Se había acostumbrado tanto a esa sensación que ya no sabía reconocer el hambre de la gastritis o de las ganas de gritar.

―¿Tienes dinero? Iré a comprar algo para hacerte, no puedes estar comiendo solo esas cosas.

―No hace falta.

Estela mostró ese rostro que parecía usar cuando tenía que dejar en claro que, a pesar de su apariencia, también podía repartir órdenes. A Adam le causaba cierta gracia, y eso era mucho decir para alguien a quien la mayoría de las personas le resultaban apenas soportables.

―Si no comes algo, tendré que usar el dinero de mi beca para comprar, y me quedaré sin estudiar, y-y eso quedará en tu consciencia.

―¿Eso es una amenaza?

―Así es ―comentó ella con un leve sonrojo.

Él contuvo un suspiro y se levantó. Se mareó un momento, pero pudo mantener la firmeza suficiente para acercarse a su bolso y tomar su billetera. Le lanzó una tarjeta a la muchacha, quien apenas pudo atajarla. Hubiera preferido no hacerlo, pero no quería que ella notara el temblor de sus manos.

―Cuando salgas del edificio, a la segunda cuadra a la izquierda hay un supermercado. Dile al guarda que recuerde tu rostro para que te deje entrar de nuevo.

No estaba seguro de que ella le estuviera prestando toda la atención, pues su curiosidad había sido captada por aquel pedazo de plástico con letras plateadas en relieve. No era un gesto de avaricia, más bien daba la impresión de no haber tocado una tarjeta en su vida, menos una como la de él.  

―Solo tienes que dársela al cajero, en ese lugar no hace falta firmar.

Ella se sonrojó al verse descubierta.

―¿De verdad puedo pagar con esto?

―¿No ibas a cocinarme algo saludable?

Ella asintió torpemente y tomó sus cosas para apresurarse. Adam la siguió con la mirada hasta que salió del apartamento. Caminó con lentitud hacia su cama y se derribó contra ella, perdiendo la consciencia una vez más.



Shiu

Editado: 19.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar