Prometo no amarte

Capítulo 19

 

_____________________________________________________________________

Si te gusta esta historia, me ayudaría muchísimo comentando durante los capítulos y votando el libro. Mil gracias por tu lectura.

_____________________________________________________________________

 

CAPÍTULO XIX

 

Brett Black salió de la bañera con los músculos de todo su cuerpo tensos a causa del agua helada. No disfrutaba de ese frío que hacía castañear los dientes, pero recordaba las palabras de su padre sobre que el agua caliente volvía suave el carácter y un hombre de verdad debía bañarse si era posible en medio de un bloque de hielo.

Brett entendía a nivel racional que esa era solo otra de las arcaicas creencias de su padre, que la temperatura del líquido no tenía relación con su hombría; si alguien le preguntara podría brindar varias razones por lo que era una idiotez… Y nada de eso cambiaba el hecho de que lo seguiría haciendo hasta que tuviera un pie en la tumba.

Ese era Andrew Black, el hombre que se podía criticar de espaldas, pero al que jamás se le desobedecía de frente. El hijo, Brett Black, estaba condenado a no ser reconocido por él, así se bañara en medio de un lago congelado del Polo Norte hasta que se le desapareciera el aparato reproductor.

Todavía desnudo, salió a la habitación del hotel secándose el cabello con un gesto desinteresado. El espejo de cuerpo entero le devolvió la imagen de un hombre que una buena parte de la población querría tener en su cama. Se había ejercitado de manera concienzuda durante mucho tiempo para presumir ese físico de pectorales marcados y piernas y brazos fuertes, de esos que se dejaban claros incluso cubiertos por un traje elegante. Su rostro no se quedaba atrás, de rasgos masculinos, con una barbilla que volvía locas a las mujeres y unos ojos que, según le comentaban, eran cautivadores como un veneno que se desea probar a pesar de conocer su naturaleza.  

Brett podía analizar su belleza con la misma frialdad con la cual analizaba las tonterías de su progenitor, porque hacía tiempo que había dejado de parecerle suficiente. En su adolescencia, cuando las chicas lo perseguían y podía escuchar en su recamara los gemidos que él deseara, le había parecido que su vida sería perfecta. Tan solo unos años más tarde, había caído en cuenta de que no podía estar más equivocado.

Tomó una botella de vino de la hielera y comenzó a beber sin copa. Salió al balcón y se sentó casi derribándose sobre el asiento. Un avión hacía acto de presencia en el cielo; sus luces de color rojizas parpadeaban. Él levantó la botella con una sonrisa ebria.

―Que buena vista deben tener.

Se palmeó el pecho, aun desnudo, y continuó disfrutando del arrojo que le regalaba el licor.

Leon Black no necesitaba licor para ser el hijo perfecto. Leon Black, el primogénito, era el hijo pródigo de la familia. El que tenía buen ojo para los negocios, para los amigos y hasta para los enemigos. Sobre todas esas cosas, poseía la capacidad sobrehumana de meterse en su camino cuando algo le estaba saliendo mínimamente bien frente al viejo.

Aunque, para mala suerte del señor perfección, a veces sus intromisiones podían llevarlo a situaciones agradables.  

Una sonrisa bobalicona se posó en sus labios mientras se levantaba y se dirigía a la cama para dejarse caer entre las sábanas blancas que lo habían arropado hacía otras horas junto a otro cuerpo. Uno delicado, que había dejado su deliciosa fragancia rondando en la habitación, o quizá solo en su mente.

La había conocido en una horrorosa fiesta de caridad, uno de esos nidos para reunir acaudalados que se operarían para sudar oro si pudieran, solo para comunicarle al mundo lo asquerosamente ricos que eran. Todos con sus trajes de miles que tenían el mismo diseño que cualquier vestido en promoción de la esquina, y sus joyas y relojes que no importaba qué tan bien se veían, sino lo que decía la factura de compra.

Brett los odiaba. Amaba a los millones, pero detestaba a los millonarios. Y los detestaba porque nunca había logrado ser parte de ellos, porque no sabía lanzar veneno al oído de alguien mientras le sonreía al idiota que estaba criticando. No tenía una frase ingeniosa para contestar cuando advertía el pestilente sarcasmo salir de las bocas con esos horrorosos lunares artificiales sobre el labio superior.

Brett era de la vieja escuela. Si alguien lo despreciaba su primer impulso era darle un puñetazo, los insultos simples emocionaban a su lengua, y después de una pelea no tenía problema en terminar bebiendo con su, minutos antes, peor enemigo.

Ese era Brett Black, sin una pizca de la fineza de Leon Black, que cada que lo veía junto a su padre, presentándose ante alguno de sus socios, debía acercarse para dejarlo por el suelo con su porte de rey.

Por eso desistió aquella noche de agradarle a cualquiera de los invitados. Tomó una botella y se encaminó al estacionamiento. Si su papá quería gritarle después sobre lo vergonzoso que era su comportamiento que lo hiciera, aquella sería su pequeña venganza personal.

Mientras caminaba en busca de su auto, empezaba a sentirse cada vez más alegre por el alcohol. No estaba borracho, pero sí comenzaba a aparecer la primera señal provisoria: todo parecía menos importante de lo normal.



Shiu

Editado: 25.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar