¿qué hubiera pasado sí...?

Capítulo 3: Siempre en tú corazón.

Lynne, acariciaba el cabello de su hijo, Everett, con parsimonia, ambos, miraban el atardecer desde una ventana, en la gran mansión de Noah Doven, en la región de Scamall. —Es un bonito paisaje ¿No?

—Sí. Pacífico y calmado, gracias a papá. —Everett sonrió, abrazándose a Lynne, a su madre, ella también tenía en sus labios una sonrisa. Al volver a poner su mirada en el horizonte, observó parte del camino que llevaba al cordón de volcanes, y una carreta, que desaparecía, lo más probable, con gente que cometió algún delito.

Quitó la vista de ahí, al oír los gritos de su otro hijo, gemelo de Everett, Ian. Quién apareció agitando un sobre entre sus manos, corriendo hasta ellos.

—¿Por qué tanto escándalo, querido?

—Llegó una carta para ti —su pequeño, se la tendió, Lynne la tomó y leyó lo puesto en el sobre ¿Quién era Amanda? Esa letra no la conocía, se desanimó un poco. Por un instante, creyó que sería de Leticia. —¿Mamá?

Everett e Ian, la miraban un poco preocupados. Ella les sonrió. —Iré a leerla en mi despacho ¿por qué no vais a jugar antes de que se acabe el día?

—¡Cierto! Everett, tengo algo que mostrarte —Ian, tomó del brazo a su hermano, —nos vemos, mamá.

Lynne, los despidió, moviendo su mano, y sonriendo. Era una buena vida. A veces, Amelie la visitaba, y tomaban el té, conversando del amor imposible de está, Al Scolt. También, mencionaban el tema de los cazadores, Amelie, sobre todo, ya estaba cansada, desde que Jorge Triet tomó ese sitio, la organización se volvió más turbia. Era tan extraño que las mujeres desapareciesen, las cazadoras. Había algo raro.

Lynne, le aconsejó, no meterse mucho en los asuntos, o saldría mal parada. Pero, Amelie era muy obstinada, y aseguró salir victoriosa de ello.

A veces, salía a flote el tema de Leticia. —Me da envidia. —Dijo una vez Amelia, —pudo irse sin dejar rastro. Si tú o yo abandonáramos, seríamos buscadas hasta el cansancio.

—¿Pero no es raro? Ella es una Lebam…

—Siempre dices que sus padres son terribles, la verdad no me sorprende que no la busquen, ni a Elena. Tal vez ahora, viven una pacífica vida, fuera del camino de sangre y dolor que hemos construido. —Amelie, tenía una sonrisa triste en sus labios, ella al igual que muchos otros, anhelaban ese tipo de vida. Poder desaparecer y nunca volver a ser un cazador.

Noah, le había pedido a Lynne que lo dejará, y aceptó, por sus hijos. Y porque, estaba cansada, sin embargo, su esposo no se desligó. Así que, seguía vinculada de alguna forma a la organización.

Soltó un suspiro, volviendo al presente.

Cerró lentamente la puerta tras de sí, y se apoyó. Miró el sobre con el nombre de Amanda. Lo abrió sin ganas, venían, por lo menos tres hojas, se sorprendió que una desconocida pudiese escribir tanto ¿Y si se habían equivocado?

Sin embargo, al leer las primeras palabras, su mirada se cristalizó.

“Estimada Lynne ¿Frick o Doven? Ahora que lo pienso, nunca pregunté si adoptaste el apellido de Noah… bueno, creo es irrelevante, mientras siga recordando tú nombre.

Tal vez, estés sumamente enojada conmigo, yo también lo estaría, si de la noche a la mañana, una persona muy querida desapareciese sin dejar rastro. Y más aún, cuando la familia Lebam, desapareció. Guillermo, Elena y yo, ya no existimos en esa casa. Dejé de ser Leticia Lebam, para solo ser Leticia, al igual que Elena, es solo Elena.

Me separé de Guillermo. Él hace su vida en algún pueblo lejano, con su adorada familia. Ponernos de acuerdo en la huida, fue la primera y última vez que entablamos una “conversación” en que involucró los sentimientos. Sino hubiera tenido tus palabras y apoyo, jamás habría tomado la decisión de irme. Lo más seguro es que les dijera a mis padres lo de Guillermo, y me condenaría a mí misma.

Nunca, hasta ahora, te lo había agradecido. Gracias a ti, es que un mundo se abrió, y pude ver más opciones, tomé la mano de mi hija, y me lancé a ellas.

Gracias, Lynne.

Perdóname por no haberte contactado antes. Tuve que averiguar la dirección de tu hogar, pedir un favor para que pusieran un nombre en el sobre, y tenía miedo. Si esta carta es interceptada, podría perjudicar la vida que llevó.

Estoy en un sitio, dónde hay muchos niños, Elena es feliz y ellos también. Nos tratan bien. Estando aquí, me he dado cuenta lo dañinos que son los cazadores. Y cuántas vidas hemos arruinado.

Quisiera disculparme con cada uno de ellos, con cada niño dejado huérfano o sus padres que vieron como la vida de su hijo fue arrebatada.

He oído, que las cosas han estado… turbias, así que, ten cuidado. Cuídate Lynne. Espero tú y tú familia se encuentren bien.

Te quiero, Ly…”

La carta seguía. Lynne, leía la vida cotidiana de Leticia en su nuevo hogar, y, mentalmente, respondía a las preguntas puestas. Estaba por agarrar una pluma y hoja para escribir una respuesta, sin embargo, se detuvo. Si ella mandaba una carta, sería interceptada, sí o sí. Detuvo su acción, decidió guardar la carta de su amiga con sus objetos más preciados.

Estaba bien, y no la había olvidado. Con eso le bastaba.

En la región de Hujan.

Las lluvias, no cesaban en las tierras de la región de la costa, Leticia contemplaba como el agua caía, en el cuarto de Amanda, quién, había perdido la movilidad de sus piernas, estaba muy delgada, casi en los huesos, y su mirada cansada. No quería pensar lo peor.

Los niños, que crecían con rapidez, estaban entendiendo la situación y, a los más pequeños, los distraían con los juegos. Alain, era uno de los que estaba más consciente de lo que sucedería, y, acompañaba a Amanda en su lecho.

—Todavía tengo mucha fuerza para continuar.

—Debería guardar reposo —replicó el muchachito, tomando la mano de su cuidadora, —ya ha hecho suficiente, los demás podemos hacernos cargo.



valemon

Editado: 03.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar