¿qué hubiera pasado sí...?

Capítulo 6: Un comienzo diferente.

Melisa, una curiosa brujita, volvía de visitar a dos niños en el gran árbol de la magia. Ahogaba un suspiro, abrazando el libro que traía entre sus manos.

Aquel mundo alterno le había gustado y mucho, y sentía que debía mostrárselo a Amapola y Julián. Necesitaba desahogarse un poco con respecto a lo allí escrito. Era un poco injusto que, en el mundo alterno, tuviesen una vida buena, todos los involucrados, y en el mundo original, sufriesen tanto.

No lograba entenderlo del todo.

Y el Mago del Tiempo, solo le daba oraciones con ideas inconclusas. Como si ella tuviese que resolver todo.

Al llegar a la gran torre del mago, la fortaleza de los mundos, dio un pequeño suspiro mientras empujaba la gran puerta.

—Tampoco les gusto, Mago —exclamó la brujita ni bien entró, sonriéndole al anciano, —Deberías meter un poco de mano en está historia. Sería interesante.

—Claro que puedo intervenir. Solo para guiar a los demás, al destino. Arreglarlo por si una anomalía entra.

—¿Anomalía? —Melisa ladeó su cabeza. Con una mirada llena de curiosidad. —Ocurre cuando criaturas del submundo, crean una falla sin quererlo. O en otros casos, de todas formas, no puedo hacer mucho, más que ser un mero observador.

La brujita, resopló y se arrojó a un grupo de cojines, abriendo el libro en la página en la que había quedado anteriormente. —¿Cómo están esos pequeños?

—Mejor, el bochorno de haber matado a alguien, se les ha pasado. Un poco.

—Que destino tan cruel ¿No crees?

Melisa, asintió, observando al mago, —Tú lo sabes todo, pero ¿quién te dice lo que ha de ocurrir en cada mundo? Estamos en un… cómo le llamas —Melisa, arrugó la frente, pensativa, —¿Universo?

—Ni yo lo sé, querida. Solo en mis sueños, una voz me indica lo que debo hacer.

La brujita, asintió. —¡Puede ser la magia!

—¿La magia, dices?

—Sí, después de todo, la magia en cada mundo se quiere mantener pura y cálida. Y cada acción a su favor, hace que el mundo tenga más posibilidades de acabar años después que los mundos alternos ¿No?

—Si lo vemos con esa lógica, brujita. Sí, puede ser.

Melisa sonrió gustosa. El mago, le expresó que se iría a recostar, pues su cuerpo viejo estaba agotado. Al quedarse sola, la chica, frotó la palma de sus manos, para sumergirse en la lectura del reino de la Plata.

Edgar Farbes, un hombre robusto, de hombros anchos, cabello castaño claro, cayéndole por los hombros, sus ojos de color avellana, eran tan amables y sinceros, que calaban en lo más hondo de las personas.

Florencia, una muchacha grácil y delicada, era a la que más le afectaba esa dulce mirada. Le gustaba que él, se fijase en ella, en como recogía su larga melena rubia, y como su figura se entreveía por sus ropas un tanto holgada, que la siguiera con la vista, hasta desaparecer de su rango.

La señorita Florencia, le gustaban ese tipo de gestos y, conversando con la viuda Greta, las dos soltaban un par de risillas mientras tomaban el té.

—Eres una chica muy coqueta, Florencia —comentó la anciana, untando una galleta en su té para que se pusiese blanda, —quien imaginaría que tan guapa señorita, estuviera tras Edgar Farbes ¿No es un poco mayor para ti, hija?

—Ya tengo veinte años, es una buena edad. Solo son quince años de diferencia —expresó Florencia, con sus mejillas sonrosadas, —quince años… —murmuró Greta, limpiando su boca, —tiene bastante experiencia.

—¡¿Eh?! —a Florencia se le salió tal exclamación, por la sorpresa, reconociendo más o menos porque la anciana decía esas palabras, y, ahora sí, sus mejillas se pusieron coloradas, la muchacha, abanicó su rostro, dando una sonrisita nerviosa. —Bueno, tiene un poquito de experiencia… ¡pero ya está separado!

—Enviudó.

—Eso —Florencia, desvió la mirada, —en su primer año de matrimonio… hace quince años.

—Apenas tenías cinco añitos —musitó Greta, llevándose una mano al corazón. —Te conozco desde que eras una bebé. Y ahora, estoy aquí, escuchándote hablar de matrimonio, amor y de que pronto te marcharás de esa casa para vivir tú vida.

—Creo, es algo completamente normal.

—Oh, lo es. Yo lo viví, mis hijos lo vivieron. Tú lo estás por vivir —la anciana, dio un largo suspiro. Florencia, pestañeó un par de veces antes de tomar su taza de té. —¿Tuvo hijos?

—Sí, sí. Murieron por la enfermedad de hace diez años.

—¡Oh! —la muchacha, entristeció. —Ya lo he superado, después de todo, me queda poco para hacerles compañía.

—Hmm, suena un poco feo, pero supongo que será una fecha especial para usted.

—¡Lo es! —la señora Greta, rió por lo bajo. Después de esa pequeña charla, Florencia retomó sus quehaceres y, a las siete de la tarde, con la cena ya lista para la anciana, se fue de la casa, prometiendo volver al día siguiente.

Iba caminando feliz, moviendo entre sus manos las monedas que le dieron por pago, cuando una pareja la saludó, se detuvo un instante. Armando y Susan, se encontraban saliendo de la tienda del panadero del pueblo. Los vio pasar con una sonrisa, al parecer, pronto tendrían un hijo.

Aquella pareja, venían de la región de las Rocas, y eran muy amables, varias fueron las veces en que se topó con Susan, mientras ambas paseaban por el pueblo. Florencia, iba a seguir avanzando, cuando se le ocurrió que podría ir a comprar alguna delicia para la noche, desde fuera, podía captar el olor de los panecillos recién salidos del horno, su apetito se abrió y entró.

—¡Buenas tardes! —saludó enérgica, —Oh, buenas tardes —saludó el panadero, quién dejaba en una canasta sus creaciones. Florencia le sonrió, y pasó a mirar lo que había en cada canastilla del sitio, para elegir bien su compra.



valemon

Editado: 03.01.2021

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