Querido Cupido

Capítulo 5. Paraíso tropical.

 

— ¿Tanto interés tiene por saber lo que estoy pensando? —murmuro enarcando una ceja. El señor Vryzas se sienta a mi lado y su cercanía produce que un escalofrió recorra mi espalda ¿Soy yo o la temperatura está aumentando a mi alrededor?

 

— Efectivamente.— Una sonrisa curva las comisuras de sus labios acentuando dos tenues hoyuelos en sus mejillas y sus cautivadores ojos mieles me analizan con detenimiento. Ya la luna ha hecho acto de presencia y bajo el esplendor de esta se ve mucho más atractivo ¡Jesús apiádate de mí!

 

— No estoy pensando en nada en especifico.

 

— Es una mentirosa muy mala. Por la cara que me pone deduzco que está pasando por un mal momento o tiene algún problema que no la deja en paz ¿Cierto?

 

—En todo caso mi vida privada no le concierne ¿Qué hace aquí? —utilizo la pregunta como una clara evasiva, pero al parecer el arte de la evasión no es mi fuerte.

 

—Yo también me merezco un descanso, encontrarnos aquí ha sido una coincidencia, señorita Sanders. Por cierto, no me cambie de tema, a veces es mejor desahogarnos con un completo desconocido que seguramente no volveremos a ver.

 

Suelto un largo suspiro y cierro los ojos exhausta. —¿No acepta un no por respuesta?

 

— Señorita Sanders ¿Cómo cree que he llegado hasta donde estoy?

 

Vale, creo que eso ha sido un jaque mate, me ha dejado sin respuestas.

 

— Bueno, veo que es muy reservada. Me gustaría enseñarle algo. —él se pone de pie sacudiéndose el pantalón y me tiende su mano. Titubeante y con todas mis hormonas femeninas a flor de piel agarro su mano. Su carácter no parece ser tan frío como la primera vez que lo vi en su oficina.

 

Empezamos a caminar como si fuéramos una pareja cuando en realidad no somos más que unos simples desconocidos. Por alguna razón que desconozco percibir su piel contra la mía se siente como algo prohibido y por primera vez creo reconocer la sensación del deseo. Adam y yo nunca llegamos a tener una vida sexual activa, no pasábamos de darnos besos y meternos mano a escondidas de sus padres. Trato de apreciar las gloriosas facciones del hombre que tengo a mi lado, pero la oscuridad que se cierne sobre nosotros me lo impide.

 

El avellanado nos dirige hacia el lugar más oculto de la playa, nadie debería de juzgarme por sentirme asustada en este momento, solo a mí se me ocurre dejarme llevar por un bombón andante que a penas conozco.

 

— ¿A dónde me está llevando? — Su melodiosa risa acompaña al ruido que hacen las olas al romperse.

 

—No seas impaciente. Dejemos las formalidades para después, sino me equivoco tu nombre es Genova.

 

— Sí, esa soy yo.

 

—Mi nombre es Eros. — Escucharlo me roba una sonrisa, el nombre concuerda a la perfección con su dueño.

 

—¿Cómo el dios del amor? Tienes que ser todo un casanova.

 

— Aún no me conoces, Genova

 

—¿Y eso qué significa?

 

— Eso significa que tal vez lo soy. —contesta en tono socarrón, aprieto con fuerza su mano cuando nos metemos en un camino repleto de piedras pequeñas y mis pasos se vuelven torpes y descoordinados.

 

¡Madre mía! ¿cómo lo hace? ¿Cómo provoca que mi cuerpo entre en una revolución de sensaciones con tan solo hablarme?

 

Poco después ingresamos en una cueva con un agujero en el techo que enmarca la hermosa vista del cielo estrellado y la luna llena, hay algunas formaciones de la piedra caliza en las paredes y un pequeño pozo natural de color turquesa se sitúa justo en medio de está maravilla natural.

 

— Este lugar es increíble ¿Cómo lo has encontrado? —exclamo atónita paseándome por la orilla del pozo.

 

—Siguiendo a una tortuga, para ser exactos a esta. — Me doy la vuelta para encontrarlo con una diminuta tortuga marina entre sus manos. No puedo evitarlo y lo miro con incredulidad ¿Se pasa el tiempo libre persiguiendo tortugas?

 

—Aunque no has querido contarme la razón por la que estabas tan desanimada te he traído aquí para enseñarte a esta pequeña luchadora. Las tortugas habituales rompen el cascaron y se adentran en el mar sin pensar en nada más, pero esta no. Ella se mantiene aquí esperando a que su madre vuelva, lamentablemente es algo que nunca pasará, sin embargo, Margaret no se rinde. Así como Margaret tú no deberías de rendirte o desanimarte por los obstáculos que nos pone la vida, eres una muchacha hermosa y no es agradable ver la tristeza en tus ojos. — Me muerdo el labio inferior ruborizándome por su cumplido. Creo que algo no anda bien conmigo, nunca he sido tímida, pero cada vez que lo veo algo en mi interior me grita que corra a esconderme.

 

Con lentitud acaricio la suave cabecita de la tortuga y no me doy cuenta de que me he acercado demasiado hasta que levanto la cabeza y mis ojos se encuentran con la barbilla de Eros, trago saliva duro y el aire se vuelve más espeso hasta condensarse en mis pulmones. Yo estiro el cuello y lo miro a los ojos, sus iris están más oscuras, parecen dos ámbares brillantes ¡Por Dios! Suspiro sintiendo como su cálido aliento mentolado choca con mi boca. Solo unos pocos milímetros de distancia para que nuestros labios se junten fundiéndose en uno solo. Lo quiero, quiero que me bese aquí y ahora. La atracción es inevitable y la tensión sexual es una fuerza mayor que nos entrelaza a una velocidad vertiginosa. «Bésame.»grito suplicante para mis adentros

 

Sus suaves labios rozan levemente los míos. —No deberías. —murmura acariciando mi mejilla, su tacto es tan gentil, no quiero que pare, pero la bruma de pasión y anhelo se esfuma cuando mi cerebro registra sus palabras. Lentamente doy unos pasos hacia atrás decepcionada con una agobiante sensación de inseguridad recorriendo mi cuerpo. Mando la orden a mis pies para que se muevan y corro fuera de la cueva avergonzada.



Shawtyonlyjb

#80 en Novela contemporánea
#459 en Novela romántica
#141 en Chick lit

En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar