Querido Cupido

Capítulo 9. Eros Vryzas

Bajo la tenue luz diurna que ilumina la habitación paso el pincel cargado de brillante esmalte negro por la uña de Amanda saliéndome de los bordes y manchando su piel por los temblores de mi mano.

—Deberías de encender la luz, no veo nada. —sugiero concentrándome en su pulgar.

—Estamos bien así, las nubes se retirarán en algún momento. — Hago una mueca fijándome en el cielo grisáceo cargado de nubes oscuras que parecen estar a punto de ceder. Estamos experimentando el impredecible clima caribeño.

— Deberíamos de habernos fijado en el tiempo antes de coger los billetes, se está acercando un ciclón tropical.

—¿Qué nombre le han puesto esta vez? —pregunta Amanda en tono divertido. —Deja que adivino ¿Ariel? ¿Marcus? Te aseguro que si le pusieran un nombre acojonante como destructor la gente saldría pitando y la oficina meteorológica no tendría la necesidad de avisar a nadie. — Me río a carcajadas negando con la cabeza. Amanda estira la mano y enciende la simple lamparilla de noche cuya base ocupa la mayor parte del velador.

—¿Qué tal la pasaste ayer con tu hermano?

—Después de cinco minutos de serenidad y cariño se convirtió en el petardo que siempre ha sido. Ellos están al borde del divorcio.

—Quiero ver a Anthony. —murmuro cambiando el rumbo de la conversación, no me interesa nada referente a Adam. Cierro el pintauñas y lo echo a un lado de la cama.

He estado reflexionando durante varias semanas sobre ello, lo extraño, necesito saber como está y que ha hecho con su vida ¿Se habrá convertido en ingeniero? ¿Seguirá siendo un picaflor o por fin habrá sentado cabeza? Sonrío recordando el día sagrado, los viernes eran exclusivamente para ver películas de terror, jugar a alguno de sus absurdos videojuegos o simplemente quedarnos viendo a un punto fijo en el salón; el verdadero propósito de ese día era estar juntos. Solía escuchar a diario los mensajes de voz que se acumulaban en el buzón de mi teléfono, escucharlo hablar me reconfortaba y sus te quiero me ayudaron a seguir hacia delante sin mirar en el pasado. Sigo haciéndolo, pero con menos frecuencia y solo cuando siento que de verdad me hace falta. Si tan solo tuviera una forma de comunicarme con mi hermano, hace mucho tiempo cambió su número de teléfono

—Me alegra escuchar eso, si me necesitas puedo acompañarte. Sé que has pasado por mucho, eres alguien muy fuerte y admirable, Nova. —confiesa incorporándose para acariciar mi mejilla con sus fríos dedos ¿Qué hubiera sido de mí sin ella? Probablemente hubiera terminado como una sin techo en alguna esquina del pueblo en el que vivíamos pidiendo limosnas para alimentarme.

—Yo también estoy aquí para ti. Siempre nos decimos todo Amanda y aún mantienes en el anonimato al padre de tu bebé ¿Sabes? Estoy preocupada por ti, no sé si te ha roto el corazón o lo odias tanto que te cuesta mencionarlo.

—Creo que me estoy enamorando, e-es muy complicado. Él me pidió que no se lo dijera a nadie, tengo que respetar su decisión. — Comprendo que he tocado una fibra sensible cuando la sombra de la melancolía tiñe sus pupilas y su labio inferior tiembla.

Creo que nunca la he visto reaccionar así por un hombre, un montón de escenarios vuelan en mi cabeza a una velocidad vertiginosa, pero ninguno logra concordar con el modelo de relación que prefiere Amanda,

Recojo mi vaso del suelo y tomo varios sorbos de agua fresca—No pasa nada. Por cierto, hoy voy a salir a cenar fuera.

—¡Oh por Dios! ¿Una cita? — Chasqueo la lengua encogiéndome de hombros y descubro que si la cena de hoy hubiera sido una cita yo habría estado encantada. Amanda me escudriña con los ojos entrecerrados y tira de mi dedo meñique hasta que este hace un doloroso pop.

—¡Oye! —grito retirando mi pie de su regazo ¡He desatado a la bestia!

—¿Es una cita?

—No lo es, además él no tiene la pinta de ser un hombre que se decante por las relaciones amorosas y sabes que yo no quiero nada que tenga que ver con eso.

Mi mejor amiga me observa dudosa y yo aparto la vista sintiéndome intimidada.

—¿Cuál es su nombre?

—Eros—contesto saboreando cada letra de su nombre entre mis labios.

—¿No tiene apellido?

—Se apellida Vryzas.

—Eros Vryzas ¿El magnate griego multimillonario? ¿El dueño de la mayoría de las empresas de Canadá del sur? ¿Él tipo caliente que se negó a posar para Calvin Klein? ¿El moja bragas? — De repente un desagradable nudo se instala en mi estomago y Frunzo el entrecejo molesto conmigo misma por la punzada de celos que me recorre.

—Ese Eros.

Me sorprende que Amanda sepa tanto sobre él, pero pronto recuerdo que su pasatiempo favorito es buscar hombres millonarios para poder cazar a alguno de ellos. Tuvo un novio asquerosamente rico que le llevaba quince años y gracias al cincuentón consiguió pagarse la universidad, lamentablemente fue una relación que duro menos de un mes y medio.



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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