Querido Cupido

Capítulo 21 ¿Su qué?!!!

 

Es el segundo día que paso en la casa de Eros Vryzas y aún estoy viva para contarlo. Ayer después de que me echara de su oficina no volvimos hablar y cuando llegamos a su hogar cada uno se fue a refugiarse en una habitación diferente. Realmente no tengo ni la más mínima idea y de porque se enfado conmigo, soy yo la que debería de estar enfadada. Agradezco mucho que me haya traído a este bonito país, pero se supone que he venido a trabajar y si me saca de las juntas ¿Qué me queda?

 

Decir que estoy nerviosa es un eufemismo, me siento como si estuviera de camino a mi ejecución. Los padres del griego lo han invitado a cenar y según Vryzas él siempre presenta sus secretarias en casa de sus progenitores.

 

Eros dobla en una curva cerrada y un cosquilleo se instala en mi estómago por la velocidad del deportivo, suelto una risita y por unos segundos el avellanado me mira de una manera indescifrable.

 

―Le gustarán mis padres, he hablado sobre ellos con usted y deduzco que obtuvo una buena impresión.

 

«Claro que sí, pero eso no relaja mis nervios.»

 

Observo el degradado de colores cálidos que el ocaso nos regala y me emociono cuando empezamos a adentrarnos en un pequeño pueblo.

 

—¿En qué parte de Grecia estamos?—curioseoquitándome de la cara los mechones rebeldes que se empeñan en opacarme la visión.

 

—En el municipio Zagori, pueblo Papingo.

 

Las viviendas no son pequeñas casas de un piso que se aferran a la ladera del acrópolis pintadas en blanco y azul como las que he visto en fotos; estas son algo más rústicas, hechas de piedra con tejados, ventanas y puertas de madera. Las casas en este pueblo son más grandes podría afirmar que la mayoría cuentan con dos plantas.

 

Las calles empiezan a ser más estrechas e incómodas y el deportivo no tiene mucho margen para pasar. Eros se detiene en la boca de una calle sin asfalto, se desabrocha el cinturón y me escudriña pausadamente como si estuviera buscando algo en mi cara ¿Se me habrá corrido el rímel?

 

—A partir de aquí tenemos que caminar, la casa de mis padres no está muy lejos.—avisa inclinándose para desatar mi cinturón, mi cuerpo entero se tensa cuando sus dedos rozan mi pierna y me hundo más en el asiento de cuero.

 

—Yo puedo hacerlo sola.

 

—¿Sí? —pregunta con sarcasmo bajándose del vehículo.

 

Bufo restándole importancia. Con mi bolso en mano busco sin éxito una manija en la puerta, el magnate se asoma por el cristal de la ventana y me da esa típica sonrisa que aparece en los labios de alguien cuando quiere gritar «te lo dije», hago un mohín frustrada y adopto una posición más cómoda para continuar con mi exploración.

 

—¡Ugh! ¿Por dónde se abre esta bendita puerta? —resoplo presionando un botón, la ventana baja y Eros suelta una estruendosa carcajada que baila acariciando mis oídos.

 

—¿Problemas técnicos, señorita Sanders?

 

—No puedo abrir la puerta. —admito avergonzada y el rubor calienta mis mejillas.

 

Eros se muerde el labio inferior para contener la risa y me invaden unas ganas casi incontrolables de atrapar sus labios entre mis dientes. Es irracional, pero ¡Quiero volver a probar sus labios!

 

Seguro es muy hábil con la boca, después de probar sus besos no puedo negarlo, me pregunto que más podría hacerme con ella, con tan solo imaginarlo un escalofrío recorre mi cuerpo.

 

—¡Eh! Mis ojos están aquí arriba. —se burla apoyando los brazos sobre la puerta. Suspirando dirijo la mirada al maravilloso lago dorado de sus iris.

 

— ¿Podría ayudarme, señor Vryzas?

 

No se con exactitud donde toca para que la puerta se abre en dirección vertical, ya veo que este coche y yo vamos a tener bastantes problemas. Esta clase de situaciones demuestran que tan diferentes somos, mientras él cada día va en un coche deportivo de último modelo moderno yo cojo el transporte publico.

 

―Gracias―murmuro estabilizándome sobre los altos tacones que están matando mis tobillos. Eros cierra la puerta y un pitido anuncia que el coche está bloqueado.

 

Me acomodo los tirantes del vestido sintiéndome repentinamente más insegura de lo normal y tomo una gran bocana de aire percibiendo el fuerte olor a lavanda que nos rodea.

 

—Vamos―El magnate extiende el brazo y yo envuelvo el mío a su alrededor. Es algo extraño, su contacto me intimida e incomoda, pero al mismo tiempo me hace sentir como en casa, segura y protegida.

 

Iniciamos la caminata e intento acompasar mis torpes pasos con los apresurados de él. Contemplo como una niña curiosa los extraños recintos y calles del pueblo. Si bien no hay mucha gente en la calle los pocos que nos ven nos sonríen genuinamente. Nosotros vamos adentrándonos en un lugar con una naturaleza tan abrupta como hermosa de pastos verdes llenos de pequeñas flores coloridas y frondosos arboles altos. Puedo escuchar el sonido tranquilizante del agua corriente. Creo que el único defecto que le encuentro a este maravilloso pueblo es el camino de tierra que está obstaculizando mi andar.

 

Doy un paso en falso y tropiezo soltando un quejido, las manos de Eros se envuelven rápidamente alrededor de mi cintura deteniendo la inminente caída y me atrae hacia su duro pecho.

 

―Usted es muy torpe. —susurra sobre mi mejilla, su respiración me hace cosquillas provocando que me estremezca por completo entre sus fornidos brazos.

 

―Usted es muy obstinado si me permite recordárselo. —indico volviendo a establecerme sobre mis temblorosas piernas

 

―Mi tenacidad es lo que me tiene donde estoy ahora, no la considero una cualidad perjudicial, sin embargo, su torpeza le puede costar la vida, señorita Sanders. ―contraataca con frialdad y ¿enfado? no logro descifrar muy bien el tono de voz que utiliza.



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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