Querido Cupido

Capítulo 23. Empecemos de nuevo

 

Al día siguiente el magnate me sorprende llevándome a un puerto que enmarca las vistas más hermosas. El sonido del mar mediterráneo y el olor del agua marina me encierran en un trance infinito. Eros mantuvo en secreto el lugar al que íbamos y la incertidumbre aumento mi euforia.

 

Hace un día estupendo, las parejas, los amigos y las familias han aprovechado el momento para salir a dar un paseo por el extenso puerto griego.

 

—Sube, Genova. —indica Eros señalando a un lujoso yate de acero y madera oscura con una amplia cabina; un largo mástil domina sobre la cubierta de la nave, los cascos de madera barnizada relucen reflejándose en el agua.

 

Lo escudriño ladeando la cabeza y él me sonríe con la felicidad grabada en esos cristalinos ojos mieles que han logrado cautivarme.

 

—¿Es tuyo?

 

—No, el mío está en Canadá.

 

Pongo una mano sobre mi frente para protegerme de los abrasadores rayos del sol y lo admiro asombrada con una amplia sonrisa grabada en el rostro.

 

—¿Sabes navegar? —pregunto distrayéndome por un segundo en la extraña mujer que está paseando a un gato con una correa frente al restaurante del pueblo.

 

—Tengo muchas cualidades, pero esa no es una de ellas.

 

—Eso lo apuntaré en mi agenda. —contesto subiendo al lujoso yate mientras el magnate mantiene una de sus manos en mi espalda.

 

Ambos nos quedamos apoyados sobre las barandillas de metal y un espero

experimentado capitán desancla el yate.

 

—Te he traído aquí para disculparme, sé que no debí de haberte tocado de esa manera, pero es que me sacas de mis casillas con una facilidad impresionante. —murmura contra mi pelo, me muerdo el labio inferior sonrojándome furiosamente. No podría negar que me gustó la sensación, sin embargo, no era ni el lugar ni el momento adecuado.

 

—Me basta con que no vuelva a hacerlo, no me gusta que me toquen sin mi consentimiento. —expongo tragando saliva con tristeza, nostalgia e impotencia. Sé que el desconoce todo lo que me pasó y eso hace las cosas aun más complicadas.

 

Mi estomago da un vuelco agitándose cuando el motor del yate se enciende y nos vamos alejando rápidamente del muelle. La brisa marina empieza a humedecer mi piel y suspiro apoyando la cabeza sobre su pecho. Estamos en una posición sumamente intima, sin embargo, ninguno de los dos quiere interrumpir nuestra unión. Lo estuve cavilando y aunque es una idea un tanto descabellada es lo mejor para ambos, cero compromisos, nada que nos involucre en algo más de lo carnal; pienso que no sería muy difícil ya que él no cree en el amor y yo no confío en ese sentimiento por lo que se diría que somos tal para cual.

 

—Quiero conocerte. —hablo

 

—No hay mucho que contar a parte de las banalidades, to méli mou.

 

—Pues entonces empecemos por ahí.

 

Escucho la melodiosa risa del magnate y la calidez pulula en mi pecho ¿Por qué me gusta tanto escucharlo reír?

 

—Tengo veinticinco años y soy el fundador de un gran imperio. Mi color favorito es el blanco y mi comida preferida son tus labios. —numera con la voz enronquecida, suelto un leve jadeo por su insinuante confesión y el placentero cosquilleo del deseo vuelve a recorrer mi interior.

 

—Ahora háblame sobre tus banalidades, Genova.

 

— Mmm… Mi color favorito es el rosa y creo que ya sabes todo de mí. —contesto torciendo las comisuras de mis labios

 

—Nunca me dijiste nada sobre tu padre.

 

—El hombre que me dio la vida no se merece que lo llamen padre, él es una persona irresponsable y sin escrúpulos que ni siquiera se tomo la molestia de ir a las visitas concertadas cuando tenia ocho años. —confieso naturalmente.

 

El magnate me da la vuelta y clava su penetrante mirada vacía sobre mí. —Es un gilipollas ¿Cómo te sientes sobre eso? —inquiere acariciando mi mejilla con suavidad.

 

—No me molesta, nunca estuvo ahí por lo que no le cogí afecto. —sin poder evitarlo mis ojos recaen sobre sus rosados labio y vuelven esporádicamente a sus pupilas.

 

El magnate cumple su promesa de llevarme a ver los delfines y pasamos una maravillosa tarde nadando en las aguas profundas de una reserva de esos animalitos que tanto amo. La emoción no cabe en mi pecho, sentir la suave piel de los delfines bajo mis dedos y escuchar los sonidos que hacen es la mejor experiencia que estoy viviendo.

 

Bajo los rayos del ocaso sus labios vuelven a encontrar los míos y me doy cuenta de que este misterioso, confuso y carismático hombre va a ser mi perdición.



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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